El valeroso combatiente de Artemisa

Marta Rojas

"¼ Ciro Redondo que combatía fieramente al enemigo con fuerzas de la Columna del Che en Marverde¼ ", Fidel lo destaca entre un grupo de héroes de la Sierra Maestra cuando, en los tiempos iniciales de la lucha guerrillera en las montañas orientales formaba parte de un aguerrido contingente de solo 22 hombres.

En las Reflexiones del Comandante en Jefe La tiranía mundial se refería a uno de sus compañeros del asalto al Moncada: Ciro Redondo García, cuyo nombre ostentaría luego de su caída en el combate de Marverde, la Columna Invasora del Comandante Ernesto Che Guevara.

Ciro era natural de Artemisa, estudió lo que hoy llamaríamos la enseñanza media en la Academia Pitman de aquel municipio, en horario nocturno y luego comenzó a trabajar en un comercio de la localidad: La Casa Cabrera que tantos hijos aportó al combate inicial de la Revolución, el 26 de Julio de 1953, en Santiago y Bayamo.

Este héroe de Marverde guardó prisión con Fidel y los demás compañeros sobrevivientes de los asesinatos que siguieron a los asaltos de los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo y Moncada en Santiago de Cuba. Luego de la amnistía marchó a México e integró la expedición del Granma.

Su vida como joven revolucionario en Artemisa fue intensa a partir del 10 de marzo de 1952. Era militante de la juventud del Partido del Pueblo cubano (Ortodoxo) y dejó su trabajo de dependiente en el establecimiento para dedicarse a viajante del comercio en el automóvil de su padre, lo cual le permitió trasladar armas para el entrenamiento y cualquier otra tarea de la célula Artemisa, ya organizada para enfrentar con las armas a la tiranía de Fulgencio Batista.

Frustrado el asalto por sorpresa a la segunda fortaleza militar de la tiranía el 26 de Julio de 1953, pudo retirarse y salvar la vida. Desconocedor de la zona de Siboney en torno a la Granjita, Ciro caminó en dirección inversa al grupo que reunió Fidel para alcanzar las montañas. Sin embargo, tanto Ciro como Julito Díaz González y Marcos Martí encontraron la solidaridad de dos familias de la zona y pudieron salvar la vida durante la semana de la resistencia de los sobrevivientes que lograron escapar de la vorágine de asesinatos de prisioneros por parte del ejército, dentro o fuera del Moncada.

Su afán en la Cueva del Muerto, lugar en que la familia Campanal lo escondió, era el de localizar el rumbo por donde pudiera estar Fidel para unirse a él y seguir luchando en cualquier circunstancia. Pero tras las operaciones del enardecido ejército, al final de la semana el refugio fue descubierto y junto a Marcos Martí, hecho prisionero.

En un enfrentamiento verbal con los soldados que los capturaron, uno de estos asesinó a Marcos Martí; el azar o una actitud de otro de los guardias impidió la muerte de Ciro, además, fue conducido al pequeño cuartel de El Caney y no a las mazmorras del Moncada.

En el Caney lo torturan pero de nuevo la solidaridad del pueblo con los moncadistas tuvo una expresión concreta, en este caso por parte de una vecina del cuartel local, que con persuasión y valentía convenció a un custodio para que le permitiera llevarle café y algo de comer. Ciro le dio la dirección de su familia en Artemisa y "La desconocida de Santiago de Cuba", le envió una carta a sus padres diciéndole que Ciro estaba vivo.

Ciro denunció ante el Tribunal refiriéndose a los asesinos: "De furiosos que se encontraban, estaban hasta gagos, nos dijeron (a él y a Marcos Martí) que levantáramos las manos, pero yo le contesté que no podíamos porque no teníamos faja en los pantalones; dijeron que no importaba. Mi compañero levantó las manos, pero instintivamente las bajó para sujetarse el pantalón con un cordelito y uno de los guardias gritó enfurecido: "¡Dale! y el otro disparó". Vi que uno de los guardias se abalanzó sobre mí pegándome y quedé sin sentido".

En ninguno de los interrogatorios lograron que él dijera quiénes fueron las personas solidarias que los habían ayudado, estas fueron Arturo González (Campanal), un ex combatiente de la Guerra Civil Española, y su hijo adolescente, así como la vecina del Caney, Juanita Soto, empleada de la Audiencia.

n EPÍLOGO, MARVERDE

"¼ A media tarde se oyó un prolongado tiroteo sobre la parte superior de la posición, y más tarde, me llegaba la noticia triste: Ciro Redondo, tratando de forzar las líneas enemigas, había sido muerto y se había perdido su cuerpo, no así sus armas, rescatadas por Camilo (¼ ) la pesadumbre era grande, se aunaba el sentimiento por no haber podido aprovechar la victoria contra Sánchez Mosquera y la pérdida de nuestro gran compañero Ciro Redondo.

"Envié entonces una carta a Fidel proponiéndole su ascenso póstumo y poco después se le confería ese grado, lo que aparecía publicado en nuestro periódico El Cubano Libre. El combate y la muerte de Ciro Redondo, ocurrieron el 29 de noviembre de 1957", escribió el Che.

 

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