Los
funerales de 11 palestinos asesinados por el ejército israelí se
convirtieron hoy en una manifestación de protesta contra Tel Aviv.
Los participantes en las honras fúnebres recorrieron las calles del
campamento de Bureij hasta la residencia de las víctimas y expresaron
su rechazo a la política de Israel con disparos al aire y gritos de
condena.
Esa sangre aumentará nuestra determinación de seguir la lucha
contra el enemigo y resistir, expresa un comunicado de las brigadas de
los Mártires de al Aqsa emitido a raíz de estos hechos.
Las fuerzas del Tsahal penetraron la víspera en los campamentos de
Al Bureij y Al Maghazi y desataron los más intensos ataques de las
últimas dos semanas.
Un comando israelí se infiltró durante la noche en el campo de Al
Bureij a un kilómetro de la línea fronteriza y al ser descubierto por
los milicianos palestinos comenzó el enfrentamiento, dijeron testigos.
Los disparos de tanques y helicópteros contra la multitud mataron a
11 palestinos e hirieron a otros 25, entre ellos un camarógrafo local
que se encuentra gravemente herido, informaron fuentes médicas.
Los disparos de misiles dañaron seis viviendas, destruyeron una
antigua edificación de los servicios de seguridad y los blindados
arrasaron dos hectáreas de cosechas.
El depuesto primer ministro palestino, Ismail Haniyeh, condenó la
agresión y la definió de masacre criminal, y reivindicó el derecho de
la resistencia a responder a estas incursiones.
Suman cinco mil 776 los muertos desde el inicio de la Intifada en
septiembre del 2000, en su mayoría palestinos, según estadísticas de
medios de difusión.