El reciente encuentro del
presidente ruso, Vladimir Putin, con su homólogo estadounidense,
George W Bush, concluyó con un mayúsculo suspenso respecto a la
iniciativa de Moscú de establecer una colaboración mutua en materia de
defensa antimisil en Europa.
Sí quedó claro, según el propio Bush, que el Pentágono continuará
con sus planes de emplazar 10 misiles interceptores en Polonia y un
radar en República Checa, lo que el Kremlin considera una amenaza para
su seguridad.
Tal como anunció en la víspera de su viaje a Estados Unidos, Putin
ratificó su propuesta de explotación conjunta del radar de Gabalá,
Azerbaiyán, arrendado por Rusia, y añadió la de utilizar otro centro
de radiolocalización que se construye en las afueras de Armavir, en el
sur de la Federación Rusa.
También sugirió la creación en Moscú de un centro de intercambio de
información sobre lanzamientos coheteriles y de una institución
similar en Europa o en la misma sede de la OTAN en Bruselas.
Asímismo el jefe del Kremlin sugirió analizar el tema de manera
ultilateral y recomendó para ello el consejo Rusia-OTAN.
Poco dispuesto a ceder a las iniciativas rusas, Bush reconoció que
la oferta es innovadora, pero exhortó a prolongar las consultas a
nivel de expertos.
Insistió en que Varsovia y Praga debían convertirse en parte del
pilar europeo del sistema de defensa antimisil estadounidense.
Para salvar la mini-cumbre presidencial del fracaso, Putin declaró
en Guatemala, adonde siguió viaje, que su propósito de asistir al
encuentro con Bush era formularle y trasladarle esas propuestas.
La reacción me pareció positiva y vamos a esperar una respuesta
definitiva, dijo.
Antes y después de la Cumbre del G-8 celebrada en Alemania en junio
pasado, el dirigente ruso insistió en la inconsistencia de los
argumentos de Washington para emplazar elementos del sistema
antimisiles en Europa del este.
Más aún, advirtió que si su seguridad se veía amenazada, Rusia
podría convertir a los países europeos en potencial blanco de los
misiles rusos.
La ubicación del radar en la localidad checa de Brdy, unos 60
kilómetros al sureste de Praga, facilita el control del territorio
ruso hasta los Urales, aseguró el vicepresidente de la Academia de
Problemas Geopolíticos, Leonid Ivashov.
Con seguridad, subrayó, el radar captará no solo nuestro
territorio, sino también las agrupaciones estratégicas nucleares y las
tres divisiones coheteriles.
En medio de serias tensiones en las relaciones
ruso-estadounidenses, el presidente Putin propuso a su homólogo
estadounidense en la pasada cumbre alemana del G-8 el uso conjunto de
la base de radiolocalización 5N79 Darial en Gabalá, territorio de
Azerbaiyán.
Esa instalación está dotada de la mejor tecnología para la
detección temprana de lanzamientos de misiles balísticos, así como
para el control del espacio aéreo y cósmico en un radio de seis mil
kilómetros.
La potente antena de Gabalá detecta los disparos de cohetes en
cualquier punto del Medio Oriente y el Océano Indico. También controla
los aparatos espaciales dentro de ese sector geográfico.
El hecho de su ubicación cercana a las fronteras iraníes excluye la
necesidad de construir una estación similar en la República Checa, y
anula el pretexto de la Casa Blanca de una supuesta amenaza coheteril
por parte de la República Islámica.
A su vez, la proyectada base de radiolocalización de Armavir, del
tipo Voronezh , tiene también un radio de acción de unos seis mil
kilómetros, según Ivashov.
En opinión de expertos rusos, si Estados Unidos continúa adelante
con su proyecto militarista en Europa del este quedará en evidencia
que el pretextado peligro procedente de Irán no existe como tal, sino
que su propósito es monitorear los medios estratégicos rusos.
Ha transcurrido un mes desde que Putin hizo su propuesta a Estados
Unidos para que desista de su intención de romper el balance de
fuerzas en Europa, pero Bush opta por el suspenso y la dilación.