Novedades en Giselle

TONI PIÑERA

Foto:NANCY REYESPor estos días, los asistentes a las funciones de Giselle en el Gran teatro de La Habana, pudieron observar cómo los noveles bailarines y aquellos otros que ya están inscritos en el firmamento de nuestra danza, unieron sus fuerzas para entregar una buena temporada. Son tantos, que el escaso límite de la página no puede abarcarlos a todos. Sadaise Arencibia-Miguelángel Blanco conformaron un binomio Giselle-Albrecht de altura. Del lado estético, tienen el máximo de puntuación, ella con una hermosa línea, la suavidad de los ademanes, manos prodigiosas¼ , él, todo un príncipe en escena. El resto, una función que creció a medida que pasó el tiempo. Un segundo acto, para ambos, rayano en la perfección, y para ella, una locura muy bien delineada artísticamente, en el primer acto.

Lo que marcó al dúo de protagonistas en la función de Yolanda Correa / Javier Torres fue el intenso diálogo escénico de los bailarines marcado por un sinfín de detalles. Ella fue una terrenal campesina, en el primero, y una etérea Willi, en el segundo, delimitando la esencia de cada personaje. Su baile, seguro y por momentos virtuoso se destacó en toda la función. Él, armado de un sólido potencial histriónico, matizó, como todo un consagrado, a su Albrecht, marcando muy bien la diferencia con el Hilarión, que interpretó también, de forma destacada, en estas funciones.

Excelente podría calificarse la función de dos sólidos exponentes del BNC: Anette Delgado y Joel Carreño en los roles principales. Técnica, lirismo, experiencia, fuerza, inteligencia, se conjugaron en esta noche por ambos intérpretes, que dieron todo sobre las tablas. Como nota de especial elegancia ese día, la duquesa Bathilde fue interpretada por una de las grandes de la danza cubana, Loipa Araújo, quien en el tiempo ha hecho suyo ese papel. Enorme ovación coronó su paso por la escena que llega hasta este escrito. La ya experimentada Viengsay Valdés vistió Giselle con la seguridad a flor de piel, porque ella es una bailarina que desde muy pronto en su carrera alcanzó una madurez extrema y hoy disfruta con el dominio de la técnica. A su lado estuvo Romel Frómeta (Albrecht), cuyo quehacer escénico crece por día.

Una función muy fresca acercó la pareja Hayna Gutiérrez y el novel Taras Domitro. Hayna, como ocurre habitualmente se entregó en cuerpo y alma. Taras, en su debut en el difícil papel, se creció en muchos momentos, y más allá de sus conocidas cualidades, realizó una buena labor como acompañante y salpicó al personaje con matices de melancolía, dramatismo y bravura. Lógicamente hay todavía un mundo por delante.

Revelación en estas jornadas fue la Reina de las Willis de Yanela Piñera, quien ha vuelto a poner en su lugar un rol —tanto técnica como interpretativamente— que ha tenido una gran descendencia en el BNC y en los últimos tiempos estaba palideciendo. En su debut, la muy joven Amaya Rodríguez mostró también estar preparada para la Myrtha, que, eso sí, debe ser observada con cuidado por las intérpretes en relación con el estilo. El cuerpo de baile, perfecto en el segundo acto, contrasta por momentos con el desempeño del primero en el que se observan algunos desajustes. La madre, muy bien interpretada estuvo aquí por Ivette González, quien se acomoda perfectamente a este papel.

El público, y es como llover sobre mojado, mucho admira al joven talento del BNC, pero amar exige sacrificios, por ello, quienes tanto aman deben cuidar el trabajo creativo en la escena. ¿Por qué cortar con aplausos el mundo que ellos van tejiendo, si al finalizar el acto no hay límites para esas expresiones? ¿Por qué no apreciar su trabajo hasta el final, sin empujarlo? ¿Y esos ruidos que por diversos motivos inundan la sala y conspiran contra la magia del espectáculo?

 

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