Este uniforme significa preparación

Joel Mayor Lorán y Raúl López (fotos)
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"Ahí va la camilita", dicen orgullosos de Lisset cuando la ven en el barrio. Y la jovencita les sonríe, oronda. Ella es de ojos claros, pequeña, delgadita, como una niña todavía. Pero en su escuela crece: cada día luce mejor en el pase de revista, durante la preparación física sobresale entre las que más corren, tiene buenas notas y el uniforme le va quedando mejor a sus sueños.

COMO CUALQUIERA

Infantería, táctica, tiro... esta es una gran cantera de futuros oficiales de las FAR.

Esa es la vida de cientos de jóvenes que se forman hoy en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, del capitalino municipio del Cotorro, e igual ocurre con tantos otros en el resto de los planteles del país dedicados a esta enseñanza. Algo les nace dentro desde chicos, y luego nada puede disuadirles, ni el rigor, ni el sacrificio, ni el cansancio.

Son muchachos como cualquiera. Tal vez resaltan por tenaces; sin embargo, abrigan ilusiones comunes y les gustan los mismos pasatiempos. Los hay muy serenos y también traviesos. La broma espera la ocasión oportuna para colarse. Mas, si la disciplina es quien señala el camino, andarán sin desviarse hasta el final.

Olivia Marín celebra que le llegó la carrera esperada. Lee mucho y sabe de todo un poco. Por sus manos han pasado novelas e historias de Daniel Chavarría, Agatha Christie, Alejandro Dumas... Recién terminó Ángeles y Demonios, de Dan Brown y Cien Horas con Fidel.

Adelanto las tareas para que me quede tiempo, explica la precadete. "Leo después del baño, de la comida. Cuando hay deseos, el momento aparece. Soy muy metódica, me gusta planificarme. Además, la vida militar te enseña a distribuir el tiempo".

Asistió a la Copa Intercamilitos y fue tercera en resistencia. Ella es una de las 100 muchachas que ingresaron a este centro docente con la intención de no ser menos que los varones. Dominan las armas, el tiro, la táctica; marchan; se aprestan para condiciones difíciles.

Esta vida no le gustaba al papá de Mailey Rodríguez para su hija, tampoco al hermano. Pero estaba decidida. Estos años le han dado la razón. "La preparación es muy buena; no voy a chocar con barrera alguna para cursar los estudios de nivel superior".

BUENA SEMILLA

Casi dan las seis de la mañana. Anuncian que pronto tocarán la campana y encenderán la luz. No todos son igual de veloces, sobre todo en el albergue de décimo grado. Algunos comienzan a vestirse un poco antes, para que les alcance el tiempo. Hoy harán gimnasia, solo después regresarán al dormitorio a arreglar sus cosas.

Para estos jóvenes no es el Sol quien anuncia el día. Tampoco el agotamiento marca el final. Aquí los amaneceres no son apacibles, sino agitados. Pareciera que algún oficial se dedicara a borrar los minutos a toda prisa; otros han de velar porque sus pupilos sean tan rápidos como las manecillas del reloj. Lo cierto es que ya están listos, en un instante. Así lo demanda la misión para la que se adiestran.

Como dice la camilita Pilar Martínez, este uniforme significa sacrificio, disciplina, preparación. ¡Son camilitos!

Tengo que elogiarles por valientes. Escoger esta alternativa en medio de los retos actuales de la sociedad cubana, precisa valor. En ellos está sembrada la semilla de ser profesionales fieles a la Revolución, expresa la mayor Isis Padrón, jefa para el Trabajo Político de la escuela.

El teniente coronel Roberto Cardosa dirige el plantel desde hace más de cuatro años. Nuestro objetivo esencial es formar bachilleres en ciencias y letras que, al concluir sus estudios en este nivel, deben formarse como oficiales en los centros de enseñanza militar u otros de educación superior, indica el director.

"Tratamos de que la base material de estudio esté en óptimas condiciones. Nos place ver a los jóvenes transitar por aquí, formarse y luego prestar servicios. Nuestro orgullo radica en ver el fruto de lo que hacemos, en sabernos útiles."

AMOR DE CAMILITO

El empeño de muchos decide. Milagros Núñez, jefa de cátedra de Química, lleva 14 años dedicada a sus alumnos. "En cada uno de los profesores priman el humanismo, el compromiso ético y profesional. Nosotros también fuimos formados en el amor a la Patria".

La Escuela Militar Camilo Cienfuegos se distingue por la calidad de la docencia.

Y el cariño es mutuo. La pequeña Lisset garantiza que a toda hora los puede buscar, tanto para inquietudes docentes como para asuntos personales. Olivia elogia sus conocimientos. Mailey subraya cuánto se afanan en la formación vocacional de los estudiantes. Laima enfatiza en la insistencia para que aprovechen los horarios de estudio. Mientras, los profe los catalogan como jóvenes de su tiempo.

Establecemos una comunicación afectiva; son nuestro eslabón fundamental, afirma Libia, la profesora de Física. E Iván Pérez ha ido más lejos: comenzó con la idea de permanecer dos o tres años, y ya va por 28 cursos.

A unos los atrapa de a poco, a otros los engancha desde el inicio, y a los muchachos incluso antes de matricular. El papá de Luis Franky Hernández fue camilito y, según su retoño, de algún modo se lo inculcó. "Nunca imaginé verdaderamente cuán fuerte es la vida militar. Al principio es duro: acostumbrarte a marchar, hacer guardias, a estar horas bajo el Sol. Pero no es nada que no se pueda cumplir.

"Aquí también se estudia mucho, para lo cual tenemos condiciones. Próximamente concluiré mis estudios de Bachiller y continuaré estudios superiores para ser oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Estos años me han forjado la convicción de que eso es lo que deseo."

 

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