SANTIAGO
DE CUBA.— Si algo demostró la apertura de la XXVII edición del
Festival del Caribe, con sede en esta ciudad, fue que la cultura se
renueva, la historia persiste y el futuro de la región apunta hacia
el crecimiento de una conciencia justiciera y solidaria.
La del martes, en el Teatro Heredia, fue una velada entre
hermanos, entre artistas e intelectuales convencidos de los lazos
que unen y convocan en medio del convulso contexto sociocultural
contemporáneo.
Una representación de los cerca de mil participantes, de 19
países, mostraron lo mejor de la cultura de sus pueblos, algunas
veces manipulada a capricho y otras escamoteada a mansalva; pero
siempre firme, aleccionadora y consagrada a preservar los valores
que distinguen a los caribeños y latinoamericanos.
El acervo popular de República Dominicana se llevó las palmas,
pues a él está dedicado el principal festival folclórico de la
nación cubana. En correspondencia, en Santiago se encuentra parte de
lo que más vale y brilla de las letras, la danza, la intelectualidad
y la música del país hermano.
El miembro del Buró Político Misael Enamorado presidió la velada,
mientras que por Dominicana se encontraban el viceministro de
Cultura Abelino Stanlein, el embajador de ese país en Cuba Daniel
Guerrero y el novelista Marcio Veloz Marggiolo.
La ocasión fue propicia para entregar los Premios Internacionales
Casa del Caribe a la dominicana Elvira Castro, al mexicano Rafael
Carralero y póstumamente a Joel James, a quien todos rindieron
tributo por ser el artífice fundamental de esta fiesta, y uno de los
principales exponentes de la vertiente intelectual que defendió la
lealtad a sus orígenes y la salvaguarda de la cultura como fuente
inequívoca de identidad caribeña y latinoamericana.