Hace aproximadamente un mes, entusiasmado por Los propietarios
de Cuba 1958, escribí una nota en estas mismas páginas titulada
"Un libro que no presto" y cuyo simple propósito era alertar al lector
de lo que allí se encontraría. Tres días más tarde, su autor,
Guillermo Jiménez, tuvo la gentileza de llamar por teléfono. No nos
conocíamos y la conversación fue larga y amistosa.
Ya en ese momento, voces amigas habían alertado de lo sucedido
durante la presentación en el Palacio del Segundo Cabo: ¡La apoteosis!
No obstante la pertinaz lluvia, más de seiscientas personas se habían
aparecido en el Sábado del Libro. La estructura colonial del Salón de
los Espejos trepidaba, los libros no eran más de 150 y ante la
eufórica muchedumbre dispuesta a dar la batalla "por lo suyo", Iroel
Sánchez prometía que en julio, casi al doblar de la esquina, habría
más libros.
Dos meses antes, sin poder fijar letras a causa de una operación de
córnea, me habían leído unos artículos publicados en Granma y
firmados por Luis M. Buch, quien fuera ministro de la Presidencia y
secretario del Consejo de Ministros del Gobierno Revolucionario desde
1959 hasta marzo de 1962.
Lo que se narraba desde una impronta de sinceridad apabullante era
como para no perdérselo y pedir más. Testigo de aquellos días tan
gloriosos como revueltos, Luis M. Buch hacía desfilar una galería de
hechos y personajes de las más diversas tendencias y contaba "lo visto
y oído" a la manera del que no se guarda nada, pero sabe exactamente
dónde está el summum del interés.
Confieso que desde mi cama de convaleciente no me quedó claro
entonces si lo que Granma publicaba era un material especial, o
parte de un libro que aún no había visto la luz.
El domingo Día de los Padres durante una visita al suegro, buena
parte de la conversación giró en torno a la trascendencia de Los
propietarios de Cuba 1958, y a las revelaciones del antiguo
Ministro de la Presidencia aparecidas en Granma, "algo que debe
publicarse en un libro y un libro que habrá que buscar cuando salga",
dije sentencioso.
El suegro sonrió, dijo voy a buscar el café y con el café trajo un
libro: Gobierno Revolucionario Cubano, primeros pasos. Autor:
Luis M. Buch y Reinaldo Suárez.
—¿Será esto de lo que hablas?
No voy a detenerme en el matiz de si la interrogante traía
implícito el reproche del "estás en la luna". Era un ejemplar bien
cuidado, pero las páginas amarillentas evidenciaban que no acababa de
salir del horno. Casi se lo arrebaté y efectivamente ¡era el libro!,
publicado por Ciencias Sociales en el año 2004.
Esa noche, y otras noches, hasta hoy que lo terminé, estuve leyendo
sin parar: las intrigas del presidente Urrutia reuniéndose a puertas
cerradas con el traidor Hubert Matos; las argucias de Miró Cardona
para tratar de "colarse" en la presidencia a toda costa, las certeras
maniobras de Fidel, mañana, tarde y noche, para que los tirones y
conspiraciones de la derecha no hundieran lo que tantas muertes y
sacrificio había costado¼ en fin, un libro
de 501 páginas al que (¿tardíamente?) descubro y que, definitivamente,
no devuelvo.