Basta mencionar la Casa de la Trova, la del Changüí, la Ludoteca,
el Piano Bar, o el recién inaugurado Parque Anto-nio Maceo, locaciones
que por su arquitectura, estética y confort han sido reconocidas por
el pueblo.
Igual elogio merece la Avenida de los Estudiantes (Paseo) y sus
servicios, iluminada, pavimentada, con arboleda y aceras nuevas, y
fachadas de viviendas y establecimientos públicos transformados.
En el remozamiento de esta arteria intervinieron 17 instituciones.
Se trató de darle un óptimo uso a los recursos humanos y financieros,
a las posibilidades constructivas de cada entidad, para terminar las
obras en el menor tiempo posible, con calidad.
Las cuantiosas inversiones están respaldadas por el Programa para
el Desarrollo Local, iniciado en el 2003, aunque toma mayor auge desde
fines de noviembre del 2006 gracias al financiamiento otorgado por el
país a la provincia.
Este programa beneficia a los diez municipios y especialmente a
sectores decisivos en el mejoramiento de los servicios al pueblo como
Comercio y Gas-tronomía, Cultura, Comunales, Salud Pública, Deportes y
la Organización Básica Eléctrica,
El más ambicioso de los proyectos se denomina Parque José Martí y
en su concreción, si bien intervienen muchas entidades, el
protagonismo corresponde al Grupo para el Desarrollo Integral de la
Ciudad.
Desde noviembre último hasta la fecha se han concluido más de un
centenar de obras o labores constructivas de las 212 previstas en el
Programa.
En ejecución están hoy dos restaurantes, el Centro Literario Regino
Eladio Boti, el Parque La Guantanamera, el Teatro Guiñol y la
remodelación de la Pizzería Génova y el Café La Indiana.
Los proyectos contemplan el Palacio de los Matrimonios, la Casa del
Café, la reanimación de la calle Flor Crombet, un mercado climatizado
y el club Oasis, entre otras faenas.
Cada semana el Partido y el Gobierno chequean la marcha de estas
inversiones, demostración de la prioridad concedida a una tarea que
influirá en el mejoramiento del nivel de vida de los guantanameros.
Ello posibilita evaluar la marcha de las obras y corregir a tiempo
las chapucerías que, pese al control y exigencia, perduran en algunos
ejecutores.