Inseparables la justicia y la poesía

Ángel Augier: 75 años de ininterrumpida militancia comunista

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Pocas horas después de recibir su bautismo editorial, el poeta Ángel Augier ingresó al Partido Comunista de Cuba.

Fue en junio de 1932, en el central Santa Lucía (hoy Rafael Freyre), al norte de la región oriental.

Un imprevisto golpe de fortuna le permitió sufragar la edición de su primer libro de poemas: 1. Versos, en la modesta imprenta El Arte, de Manzanillo. El dígito, de color siena, se destacaba al centro de la portada. Poemas de iniciación aquellos, en los que ya latía la avidez por dar un nuevo nombre a las cosas y dejar testimonio de la emoción y la belleza.

Angelito no había cumplido los 22 años de edad y trabajaba en las oficinas del central, donde apenas adolescente tuvo su primer desempeño como mensajero u office boy como llamaban a los muchachos que aspiraban a un puesto fijo.

Ya por entonces había asistido a huelgas y tánganas contra la dictadura machadista, y compartido jornadas de resistencia con los trabajadores azucareros.

Incluso había querido sumarse a los expedicionarios que desembarcaron en Gibara en el verano de 1931 para iniciar una insurrección armada contra el tirano. El veterano coronel mambí Lico Balán encabezó un grupo de campesinos que apoyó la acción armada, ahogada en sangre por la satrapía.

El padre de Ángel, hombre recto y decente, le entregó una Smith and Wesson al comprobar que lo del joven no era una veleidad temporera, sino una naciente y firme convicción.

Con los ejemplares de 1 a la mano, el poeta estrenó el poemario entre los suyos una noche de junio de 1932. Lejos estaba de suponer que al término de la velada un amigo lo llevaría a conocer a alguien que cambiaría su vida para siempre.

"Fui al encuentro de Felipe Fuentes —cuenta Augier—. Este era un joven holguinero, compañero de Julio Antonio Mella en la Universidad. Militaba en el Partido Comunista y había regresado a su terruño debido a la enfermedad que lo aquejaba, la tuberculosis".

A pesar de la dolencia que minaba sus fuerzas, Fuentes dedicó sus energías a la organización del movimiento comunista y obrero en la zona norte de la provincia de Oriente. Había oído hablar de Augier, de sus inquietudes intelectuales y políticas, y de la vergüenza patriótica del joven.

"Después de una larga conversación, Fuentes me captó para el Partido. Yo conocía apenas los rudimentos del marxismo. Recuerdo un libro de Plejanov. Sa-bía que la Revolución de Octubre había abierto nuevos horizontes para la redención de la clase trabajadora. El Partido se hallaba en la clandestinidad, sus militantes eran encarnizadamente perseguidos y pagaban con sus vidas el enfrentamiento a la tiranía. Fuentes me dio la tarea de organizar una célula en el central".

Foto: YINET MARTÍNLa Fundación Nicolás Guillén, donde ocupa la Presidencia de Honor, festejó los tres cuartos de siglo de militancia comunista de Augier. Jorge Risquet ofreció valiosos testimonios de la contribución del poeta al Partido. Otro veterano militante, el artista Adigio Benítez, le obsequió una obra.

Setenta y cinco años después de aquella iniciación, Ángel Augier ha cumplido. Encontró en la militancia comunista una razón de vida, irreductible pese a los difíciles avatares de estos últimos tres cuartos de siglo.

Premio Nacional de Literatura en 1991, Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua, fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en esta última organización ocupó por largos años la vicepresidencia y colaboró con Nicolás Guillén en la conducción de la organización intelectual. Allí, en la UNEAC, ha militado durante las últimas décadas. Entretanto ha crecido, hasta ser imprescindible, su obra poética y ensayística.

Para él su mayor premio ha sido ser testigo y protagonista a la vez del proceso revolucionario dirigido por Fidel.

"El ejercicio del periodismo y la creación literaria —precisa— han estado indisolublemente vinculados a mi militancia. He conocido a muchas personas inolvidables que de una u otra manera dejaron huellas en mí: Marinello, Blas, Jesús, Lázaro, Carlos Rafael, Guillén¼ Mi mayor satisfacción es saber que los ideales que abracé en la juventud han fructificado en mi Patria".

 

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