Durante 30 años, la Agencia Central
de Inteligencia (CIA) intentó mantener en la sombra sus actividades
ilegales, pero presiones legislativas obligaron al cuerpo de espionaje
estadounidense a reconocer sus juegos más sucios.
La revelación esta semana de las llamadas "Joyas de la Familia",
operaciones encubiertas de la Agencia entre los años 50 y 70 del siglo
XX, evidencian como el organismo federal violó su propia carta
constitucional repetidamente.
Durante los últimos años, la CIA fue criticada por su fracaso en
las misiones de inteligencia previas al inicio de la agresión del
Pentágono a Iraq y debido a la presunta creación de cárceles secretas
en varios países europeos.
Ahora la institución trata de complacer a la opinión pública y
sobre todo al Acta de Libertad de la Información con el muestrario de
sus fallas pasadas, luego de que congresistas pidieran la
desclasificación de documentos durante 15 años.
Los archivos difundidos por la prensa dan cuenta de como la CIA
cruzó en numerosas ocasiones la línea del orden y mantuvo una revisión
minuciosa del correo entrante a Estados Unidos desde China y la Unión
Soviética.
También los expedientes explican como el órgano del gobierno de
Estados Unidos intentó envenenar la comida del presidente cubano,
Fidel Castro, en conciliábulo con sujetos vinculados al crimen
organizado en este país.
Asimismo, trascendió como el organismo activó su mecanismo de
espionaje contra los propios ciudadanos estadounidenses, y llegó a
acumular un inventario de nueve mil 900 nombres de activistas civiles
y pacifistas.
La difusión de los actos ilícitos de la CIA fue saludada por los
críticos de la Agencia. Thomas Blanton, director del Archivo de
Seguridad Nacional, apuntó que la institución federal no puede
distanciarse de sus abusos del pasado.
Los textos divulgados proporcionan un registro histórico importante
para el conocimiento de las operaciones, sobre todo cuando algunos de
esos actos podrían tener un impacto contemporáneo, señaló Blanton.
Oficiales de la CIA compilaron los documentos en 1973, después que
informes de prensa relacionaron el escándalo Watergate con los ex
funcionarios de inteligencia Howard Hunt y James McCord.