Una pieza dental ayudó a
identificar los restos de la famosa faraona, Hatshepsut, hallazgo
calificado por el secretario general de Consejo Supremo de
Antigüedades egipcio, Zahi Hawass, como el más importante de la
egiptología desde 1922.
La momia de la mujer que más tiempo gobernó al antiguo Egipto,
había sido encontrada en la misma fecha en que Howard Carter,
descubrió a Tutankamón, pero fue ignorada durante mucho tiempo.
Su brazo izquierdo doblado sobre el pecho indicó a los arqueólogos
que se trataba de un personaje real, pero aún así no se le prestó
atención, pese a que la arqueóloga alemana Elizabeth Thomas, sugirió
hace años que podía tratarse de Hatshepsut.
Durante una rueda de prensa, donde se encontraban en urnas de
cristal los restos de la reina y su nodriza Satri, un apasionado
Hawass, relató que entonces ni siquiera él, aceptó lo que Thomas
creía.
Hatshepsut, permaneció en el olvido, hasta que un día Hawass
buscando momias reales se fijó en ella, ignorada durante mucho tiempo
en el tercer piso del Museo Egipcio.
Pasó sus restos y el de otras dos momias por un escáner, descubrió
que se trataba de una mujer de 50 años, un poco excedida de peso, y
que posiblemente murió de cáncer.
Encontró además que al cuerpo le faltaba un diente: comenzó a armas
el rompecabezas. En una caja encontró vísceras de la reina y una muela
que se ajustó a la boca de la monarca.
Así una pieza dental rescató del olvido a Hatshepsut, hija de
Tutmosis I, esposa de su hermano Tutmosis II y que a diferencia de las
otras tres faraones que gobernaron Egipto, al final de sus dinastías
decadentes, reinó en momentos de esplendor.