El ejercicio de poderes extraordinarios por parte del presidente
—desde la encarcelación por tiempo ilimitado de "combatientes
enemigos" hasta el espionaje de ciudadanos sin orden judicial— está
siendo cuestionado por todos los ángulos.
Un par de fallos recientes, uno de un tribunal militar, el otro de
una corte federal de apelaciones, constituyeron sendas andanadas
legales contra la táctica usada por Bush en su trato a los sospechosos
de terrorismo.
Los días de esos métodos antiterroristas parecen contados.
"Creo que el próximo presidente, sea demócrata o republicano,
tendrá que anular algunas de estas decisiones", dijo Paul C. Light,
profesor de políticas públicas en la Universidad de Nueva York. "Uno
no puede dar mayor poder a la presidencia por la fuerza. Para eso se
requieren leyes revisadas por el poder judicial".
Los precandidatos presidenciales demócratas han criticado duramente
la manera de tratar a los detenidos por la que abogan Bush y el
vicepresidente Richard Cheney. Los republicanos se han mostrado más
solidarios, salvo el senador John McCain, que fue prisionero de guerra
durante la guerra de Vietnam.
Hay muchas iniciativas en el Congreso de mayoría demócrata para
poner límites a la política de Bush relativa a detenidos y sospechosos
de terrorismo, así como para obtener acceso a documentos del
Departamento de Justicia relacionados con el programa de escuchas
telefónicas. Un proyecto de ley que permitiría a los detenidos en
Guantánamo recurrir su detención ante los tribunales federales va a
ser votado en el Senado.
La táctica de Bush ha consistido en avanzar hasta el límite para
luego retroceder en caso de necesidad: así, en enero, aceptó modificar
el programa de escuchas telefónicas sin orden judicial para colocarlo
bajo la supervisión de un tribunal especial. Esta fue su respuesta a
las protestas de demócratas, grupos defensores de las libertades
cívicas y sectores derechistas, inquietos por la intromisión del
gobierno en la vida privada.
Esta semana, un panel de tres jueces de la 4ta Corte de Apelaciones
decidió que Bush no puede declarar a civiles en Estados Unidos
"combatientes enemigos" y hacerlos detener por tiempo indeterminado en
cárceles militares.
La corte declaró que Bush abusó de su autoridad cuando declaró a
Ali al-Marri, un nativo de Qatar que vive en Peoria, Illinois, con
visa estudiantil, "combatiente enemigo" y lo puso bajo detención
militar. Al-Marri está preso desde diciembre del 2001, los últimos
cuatro años incomunicado en una cárcel naval en Charleston, Carolina
del Sur.
El gobierno alega que al-Marri se entrenó en un campamento de al-Qaeda
en Afganistán en los 90 y era un "agente latente" y una amenaza a la
seguridad nacional.
Pero la corte de Apelaciones declaró que "la Constitución no le
permite al presidente ordenar a los militares que apresen a civiles
residentes en Estados Unidos y los detenga por tiempo indeterminado
sin proceso criminal, y esto es así aunque los llame ‘combatientes
enemigos"’.
El gobierno ha apelado el fallo al plenario del tribunal,
considerado uno de los más derechistas del país.
La semana pasada, jueces militares resolvieron que el Pentágono no
podía juzgar a dos detenidos en Guantánamo porque el gobierno no los
había identificado como combatientes enemigos "ilegales", como
requiere el Congreso, propinando un revés a los intentos de procesar a
decenas de detenidos. La clasificación de combatientes enemigos es
importante porque si fueran "legales", tendrían derecho al trato de
prisioneros de guerra según las Convenciones de Ginebra. (Análisis
de la AP)