Afortunadamente ese no es el caso de Alberto Sautúa (1976), un
joven pintor habanero, egresado de San Alejandro, quien en los
últimos tiempos ha desarrollado una obra gráfica de sumo interés en
el Taller Experimental de la Plaza de la Catedral.
El surrealismo, en la versión Sautúa, se enclaustra en una
especie de nueva figuración. En el repertorio exhibido en la galería
de arte del Hotel Meliá Cohíba, la figura femenina aparece bien
definida en su expresividad a salvo de fondos abstractos y melífluas
pinceladas. El artista aplica inteligencia en la presentación de
composiciones que parecen relamidas¼ pero
a las que asiste la inquietud de quien sueña con los ojos abiertos
en la posibilidad de la metáfora como acción sorpresiva.
De tal manera resulta inquietante el contrapunto entre torsos y
rostros hieráticamente concentrados y torbellinos de línea que
corona o se contraponen a la figuración. Como acotación, en casi
todos los cuadros, una presencia física hiperrealista: una libélula,
una mariposa, un huevo. En definitiva, una referencia imposible de
eludir y sobre la cual se erige una simbología hedonista, que en
buena medida se emparenta con las ficticias escenografías de las
regiones de la fantaciencia en la más pura tradición de Tolkien.
Si Goya pensaba que "el sueño de la razón produce monstruos",
Sautúa podría afirmar, desde su personalísima obra, que cuando la
razón se entrega al sueño es posible originar una belleza
inquietante, estremecedora, legítima.