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Activistas proinmigrantes estadounidenses consideraron hoy como un
juego político el anuncio de reabrir el debate en el Congreso para una
reforma migratoria.
Según grupos de Chicago, Illinois (noreste), a los senadores y a la
Casa Blanca lo que menos les importa es solucionar la situación de los
más de 12 millones de personas que viven en la sombra.
Estimaron que no habrá una mejoría cuando se abran las
negociaciones la semana próxima, las que marcarán un rumbo más hacia
la derecha de la pretendida reforma.
Según Jorge Mujica, dirigente del Movimiento 10 de Marzo, "no
tenemos nada que celebrar, porque lo que regresó a discusión es una
propuesta mala, que sería preferible que no se aprobara".
Al respecto, Joshua Hoyt, director de la Coalición pro Derechos de
Inmigrantes y Refugiados, opinó que no hay un cambio en la posición de
los republicanos que insisten en priorizar la seguridad fronteriza en
detrimento del tema de inmigración.
Al abordar esta situación, el líder de los demócratas en el Senado,
Harry Reid, aseguró hoy que no tolerará un debate sin fin del
proyecto.
Mientras, el presidente George W. Bush, agobiado por la guerra en
Iraq y otros fracasos de su gobierno, intenta hacer de la reforma
migratoria el único legado positivo que dejará a los estadounidenses,
luego de mantener una posición esquiva en su primer mandato.
Sin embargo, las promesas del mandatario de crear un camino legal
para que trabajadores extranjeros puedan cubrir los empleos que los
estadounidenses no están haciendo, fue interpretada por algunos
activistas como una defensa del trabajo esclavo.