Viajar
desde Pinar del Río hasta la antigua provincia de Oriente, con el fin
de unirse a la incipiente tropa guerrillera, sin conseguirlo, hubiera
bastado para hacer desistir de tal propósito a cualquier persona.
Pero no al entonces albañil Antonio Sánchez Díaz, joven de
extracción humilde que solía manifestar su predilección por las obras
grandes, "porque se ven de lejos".
Había nacido el 7 de diciembre de 1927 en el seno de una familia
campesina, en el barrio San José, cercano a la capital pinareña¼
Quizás la fecha patria en que vino al mundo marcó su carácter rebelde,
intransigente ante la injusticia, y la voluntad de enfrentar
dificultades que siempre le acompañó.
De temperamento alegre, pero a la vez enérgico, a los 18 años de
edad aprendió varios oficios relacionados con la construcción, los
cuales desempeñó en distintas obras con el fin de ayudar
económicamente a sus padres y hermanos.
El artero golpe del 10 de marzo de 1952 le convertiría en acérrimo
antibatistiano, y pronto se vería involucrado en manifestaciones
contra el régimen y en algunas acciones de propaganda y sabotaje.
Era todavía Tite para sus familiares y amigos, cuando en los
primeros días de abril de 1957, después de cobrar el salario de una
semana, marchó a Oriente y se internó en la Sierra Maestra, tras las
huellas del grupo revolucionario comandado por Fidel.
Su búsqueda resultó infructuosa, pero no se desanimó. Regresó a
Pinar del Río, vendió sus herramientas de trabajo, y una semana
después emprendió el histórico viaje que solo podía culminar con la
muerte, o su incorporación al Ejército Rebelde.
Hasta tal punto se ganó la confianza del Jefe de la Revolución, que
le asignó la tarea de cargar la única ametralladora calibre 30 con que
contaba el incipiente Ejército.
Bautizado ya como Pinares, dada su procedencia de la provincia más
occidental, se distinguió por su arrojo y valentía. De ello dio
muestras en numerosos combates, pero sobre todo en el de Purialón,
donde al concluir fue ascendido de soldado a capitán.
Después vendría la invasión a occidente, en la columna Antonio
Maceo, comandada por Camilo. Ya en Las Villas, puso a prueba su coraje
en 10 combates.
Por su destacada participación en la etapa final de la lucha, se le
ascendió a comandante el 4 de enero de 1959, grado que recibió
personalmente de manos de Camilo.
Si sobresaliente resultó su actuación en la guerra de liberación,
no menos lo fue en el desempeño de las responsabilidades que cumplió
dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y particularmente el
enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias.
Un hito importante en su vida constituyó, sin duda, la inclusión de
su nombre en el primer Comité Central del Partido Comunista.
Familiares y amigos recordarían tiempo después, que estaba radiante de
felicidad.
Sin embargo, todo lo dejó a un lado cuando el Comandante Ernesto
Guevara, le propusiera formar parte de la guerrilla internacionalista
que combatiría en algún lugar de América Latina.
"A mediodía llegaron Marcos y Rolando. Ahora somos seis...",
anotaría el Che en su diario el 20 de noviembre de 1966. Se iniciaba
así una nueva epopeya contra la injusticia, por la redención de los
humildes.
El 15 de abril aparece la última anotación sobre él en el diario
del Guerrillero Heroico. "Se completó el armamento del grupo,
asignando la ametralladora 30 a la retaguardia (Marcos), teniendo como
ayudantes a los de la resaca".
Dos días más tarde se produjo la división de la guerrilla en dos
grupos, y Marcos formó parte del dirigido por Joaquín (Vitalio Acuña),
integrado mayormente por enfermos, sobre el cual se desataría una
feroz persecución.
Hoy se sabe que el 2 de junio de 1967, en un sitio conocido como
Peñón Colorado, fue ultimado junto al boliviano Víctor (Casildo
Condoni Vargas), mientras se dirigían a casa de un campesino en busca
de alimentos para los enfermos.
En el diario del Che aparecen otras referencias a las cualidades, y
también a los errores de Antonio Sánchez Díaz. Quizás la valoración
más justa esté implícita en la introducción a ese texto que hiciera
nuestro Comandante en Jefe:
"El Che sabía tocar las fibras más sensibles de los revolucionarios¼
Cuando Marcos, reiteradamente amonestado por el Che, fue advertido de
que podía ser expulsado deshonrosamente de la guerrilla, respondió:
¡Antes fusilado!. Más tarde dio su vida heroicamente¼
", escribía Fidel.
Su edificación más alta no fue construida de ladrillos y cemento,
sino que está dada por el ejemplo legado para las actuales y futuras
generaciones.