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Nuevos pobres en el Viejo Continente
ARSENIO RODRíGUEZ
La
crisis económica mundial, la desaparición de la comunidad socialista,
sobre todo de la URSS, y la implementación del neoliberalismo en
prácticamente todo el mundo, entre otros factores, expandieron la
pobreza y, a la par, concentraron la riqueza y crearon una situación
que acompaña al nuevo siglo.
Esta realidad es prácticamente universal, aunque llama la atención
lo que acontece en Europa, la rica y culta región. El asunto se agrava
cuando miles de personas pasan de la denominada clase media, o de las
filas de los obreros, a engrosar el ejército de los desocupados y, de
hecho, a convertirse en nuevos pobres, lo que acontece a diario
incluso en ciudades caracterizadas por su opulencia, como París, Roma
o Londres.
Los bolsones de pobreza ya se integraron de forma permanente a las
sociedades europeas, y no solo con inmigrantes o minorías étnicas,
sino también, y cada vez más, con ciudadanos nacidos en esas naciones.
Según la Oficina Estadística de la Unión Europea, la Eurostar, se
calcula en unos 80 millones las personas consideradas pobres y que
cerca de un 16% de la población europea general malvive en esos
países.
UN VIEJO PROBLEMA
Directivos de la FAO reconocían tres años atrás que en la "región,
la pobreza afectaba un 21% de la población, mientras que un 5% sufre a
causa de la inseguridad alimentaria".
Hoy en día forma parte del debate académico la definición de quién
es pobre o qué es la pobreza en esta parte del planeta llamada Primer
Mundo, muy diferente a como se considera en el sur, o Tercer Mundo,
aunque como están las cosas ya debería acuñarse el término Segundo
Mundo, que agruparía a los ciudadanos pobres en estas naciones ricas.
No importa que sea otro tipo de pobreza, pero lo real es que sitúa
en condiciones desfavorables a un creciente número de ciudadanos con
relación al resto, quienes no participan en el disfrute de la riqueza
que la sociedad es capaz de producir.
Ello se agrava ante la evidente intención de los gobiernos, en su
mayoría de derecha, de acabar con las conquistas alcanzadas por la
clase obrera en cuanto a la salud, la educación y otras mejoras
sociales, el "estado de bienestar", como solución a las crisis
económicas internas.
En el este de Europa, reconoció también la FAO, estas dificultades
son agravadas por la transición de sistemas planificados a una
economía de mercado, con un descenso de la producción agrícola y
agroalimentaria y un aumento del paro laboral.
Según esta fuente, en esa parte del Viejo Continente creció el
número de personas subnutridas de 25 millones a 34 millones en solo
una década, y nadie puede negar que la desnutrición es uno de los
principales índices de la pobreza.
POBREZA, SIN APELLIDOS
En círculos especializados se habla de pobreza relativa, para
identificar a aquellas personas que viven por debajo de la media y no
participan en la vida económica, social y cultural, y la pobreza
absoluta para aquellos que no pueden cubrir sus necesidades básicas.
Pero al margen de estas disquisiciones filosóficas, lo real es que
no solo crece el número de pobres en el Viejo Continente, sino que
cada vez se asemejan más a sus iguales en otras latitudes. No hay que
andar mucho en Berlín para ver a los sin techo bajo los puentes de esa
ciudad capital, o en Praga, e incluso en Londres.
No se incluyen en estos listados aquellos que, como en Bélgica,
residen en viviendas declaradas inhabitables, alquiladas por sus
propietarios a los ilegales, o quienes alquilan sofás por ocho horas
para poder dormir, como acontece en Madrid, lo que ha sido denunciado
por la organización Caritas.
Solo en la capital británica se calcula en decenas de miles las
personas que no tienen hogar. Más de 175 000 familias viven hacinadas
en pequeños apartamentos, "como en las peores páginas de Dickens",
mientras, paradójicamente, un magnate del acero se compra una mansión
en Londres por 130 millones de dólares.
El siglo recién comienza y la pobreza, sea relativa o absoluta,
crece alrededor de aquellos que ostentan la riqueza, los de siempre y
los nuevos, aumentando una situación de miseria, hambre y
desesperación en el llamado Primer Mundo, escenario de la injusticia
social. |