50 ANIVERSARIO

La masacre del Corynthia

Delfín Xiqués

El 19 de mayo de 1957, zarpó desde Miami rumbo a Cuba el yate Corynthia conduciendo a un grupo de jóvenes revolucionarios, la mayoría pertenecientes a la Organización Auténtica (OA) comandados por Calixto Sánchez Whyte, con la intención de desembarcar en un punto de la costa oriental de la isla, próximo a Baracoa, y abrir un nuevo frente guerrillero.

Los expedicionarios sufrieron las penalidades de una navegación con mal tiempo, por espacio de cuatro días. Esta circunstancia, unida a la poca experiencia del maquinista que fungía como patrón, impidió el desembarco por el lugar proyectado.

El día 23 de mayo, pescadores que se encontraban en Los Coquitos, en la costa norte del Cayo Saetía, Nicaro, ayudaron a desembarcar a los expedicionarios, quienes indagaron cómo llegar a la Sierra Cristal. Así, en dos grupos, uno por tierra y el otro por mar, los condujeron hasta la playita de La Llanita.

Luego, en pequeños grupos cruzaron en botes el canal de Boca de Carenerito, con el propósito de llegar hasta Dos Bahías, en tierra firme, donde descansaron. Esa fue la última vez que los pescadores los vieron.

Los expedicionarios reemprendieron la marcha hacia el sur para tratar de alcanzar las estribaciones de la Sierra Cristal. Las condiciones físicas del grupo rebelde eran pésimas. Al cansancio, la fatiga y los pies llagados debido a la agotadora jornada de cinco horas, se unía la angustia de no poder contar con un guía que los condujera a un lugar seguro.

Dos hombres plantearon que no querían seguir y otros dos se rezagaron. A los primeros los pusieron bajo custodia como medida de seguridad y a los otros se les autorizó a que descansaran y que después alcanzaran al resto del grupo. Fernando Virelles quedó al frente de los cuatro hombres. El grueso del contingente continuó la marcha.

Los cinco hombres que quedaron se sentaron a descansar. Pronto los venció el sueño. Cuando Virelles se despertó con los primeros claros del día, descubrió que los dos hombres bajo custodia habían escapado. Rápidamente se alejó del lugar con los otros dos expedicionarios.

Aproximadamente a esa hora, los pescadores habían llegado al Faro de Saetía, distante unos 8 kilómetros del lugar del desembarco, a dar cuenta a la Marina de Guerra, de acuerdo con lo que le habían indicado los expedicionarios. De inmediato fueron alertados el Puesto Naval de Antilla y el Escuadrón 84 de la Guardia Rural de Mayarí, acerca de lo que habían informado los pescadores, y se cursó un radiograma a la Jefatura de la Marina de Guerra en La Habana.

Cuando la información llegó al cuartel de Mayarí, su jefe, el capitán Pino Águila, llamó al Regimiento de Holguín y comunicó al Capitán Ayudante la noticia del desembarco.

Supo, por confidencias, que los expedicionarios estaban en la zona de Dos Bahías y que dos hombres sospechosos —los desertores—, estaban en Carenerito, y ordenó capturarlos.

Con un refuerzo de aproximadamente 100 soldados, bajo el mando del capitán Cárdenas Taylor, que había enviado el sanguinario coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del Regimiento número 8 de Holguín, los oficiales de la tiranía batistiana prepararon emboscadas en las zonas de Quemado, Brazo Grande y Punta de Cabonico, entre otras.

mientras tanto, los 22 expedicionarios del primer grupo, avanzaban lentamente a través de los cinco kilómetros de longitud de la península de Dos Bahías.

En busca de la Sierra caminaban agotados por el peso de las armas y el parque, con los pies sangrantes por las llagas, con la incertidumbre de quien está en un lugar desconocido. Así atravesaron varias fincas en el barrio de Cabonico, hasta que un joven campesino que allí trabajaba, los descubre.

El campesino los guió por la finca de su padre, atravesó la colindante y salió a la zona llamada La Marea. Por allí cruzaron.

El 27 de mayo Calixto Sánchez y los demás expedicionarios se encontraban en la zona de Brazo Grande, cerca del río Cabonico. Deambulaban hambrientos y extenuados, sin rumbo fijo, cuando fueron capturados por el ejército de la tiranía. De los 19 expedicionarios que habían penetrado en la Sierra Cristal, 16 caían en manos del ejército, uno se había extraviado la noche anterior y dos escaparon del cerco.

Cuando los llevaban en un camión para Holguín, el primer teniente Ramiro Chirino los interceptó. Ya se había ofrecido un parte oficial informando de un supuesto combate donde todos los expedicionarios habían perecido.

Tenía órdenes de no dejarlos llegar vivos. Y ese día 28 la cumplió.

A orillas del camino, en un naranjal que había en el lugar conocido por arroyo La Marea, en Cabonico, fueron ametrallados los 16 expedicionarios.

De aquella masacre milagrosamente quedó vivo Humberto Vinat Agüero, quien logró llegar a Mayarí. Un esbirro de la tiranía lo descubrió y lo denunció a las fuerzas represivas, quienes lo asesinaron. Su cadáver jamás apareció.

Por otro lado, Fernando Virelles y los dos expedicionarios burlaron a sus perseguidores y continuaron la marcha hasta que hicieron contacto con un campesino que los ocultó en su casa por espacio de tres días. Allí conocieron la noticia del asesinato de sus compañeros.

En esas circunstancias Frank País orienta al responsable del Movimiento 26 de Julio en las zonas de Nicaro, Mayarí, Preston y Cueto, que les prestara toda la ayuda posible. Así, la red clandestina localiza al grupo de Virelles y el 31 de mayo los traslada para Banes.

Tiempo después Fernando Virelles subió a la Sierra Maestra, de la cual bajó con los grados de capitán del Ejército Rebelde.

EXPEDICIONARIOS ASESINADOS

Calixto Sánchez Whyte

Pedro P. González Mir

Humberto de Blanck

Roberto Martínez Riverón

Jesús Miguel Iglesias

Luis L. Vázquez López

Juan J. Fornet Piña

Cleto Collado del Cueto

Sergio Sierra Cabrera

Gustavo Ferrer de Blanck

Joaquín Ferrer de Blanck

Jorge Prieto Ibarra

José Suescum Gutiérrez

Saúl Delgado Duarte

Ernesto Ceballos Baeza

Humberto Vinat Agüero

 

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