Este puerto no lo van a olvidar, aunque les queden otros 17 por
delante. Han sido días memorables: recorren la ciudad, intercambian
con la gente, viven emociones que algunos ni siquiera imaginaron. Es
fácil percibir la alegría. El Buque Escuela Capitán Miranda, de la
Armada uruguaya, se queda para siempre en La Habana.
¿Quién pudiera describir el encuentro con los muchachos de su país
que estudian Medicina en Cuba, en el instante en que llegaron frente
al velero y comenzaron a gritar de euforia, como si un pedazo de la
tierra de José Artigas estuviese aquí mismo, en este archipiélago?
La cuerda de tambores desató el júbilo que desde antes se fue
acumulando. Para la guardiamarina Lucía Conde, todo comenzó en el
mismo momento en que llegaron, cuando la Banda de Música del Estado
Mayor General de las FAR tocó el himno nacional de Uruguay. "En otros
sitios, a veces no suena igual, no lo saben tocar igual, pero la banda
lo tocó muy bien; a todos se nos erizó la piel", dijo Lucía.
Era solo el comienzo. Pronto salieron a caminar y en su paseo
quedaron atrás las dudas sobre cómo sería la gente. "¡Fue una cosa
divina! La calidez de los cubanos, abierta, desinteresada", dijo
Lucía.
Igualmente, el capitán de navío Julio Ambrosoni, comandante del
buque, se impresionó con las 700 personas que visitaron la goleta el
primer día. Por lo visto, en el segundo serán más, advirtió. Estaba
tan satisfecho que predijo: "este barco va a volver más de una vez a
Cuba".
Y no lo dijo por cortesía. A pesar de lo duro de la distancia,
están esos amaneceres y atardeceres que conquistaron a Lucía durante
su guardia de navegación. Por si no bastara, te comprometen niños como
Ricardito y Wilmer, emocionados con las vistosas velas, con esos
cañones que al entrar a la bahía hicieron 21 disparos¼ y recibieron
otros tantos estampidos de amistad.