El sureño estado mexicano de Oaxaca
constituye un caldo de cultivo de venideras confrontaciones violentas,
advirtieron hoy aquí expertos de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU).
Según los especialistas, a la falta de espacios de diálogo con
representantes del Ejecutivo Federal para debatir demandas aún sin
resolver, se une en esa entidad la existencia de una estructura de
gobierno debilitada a las puertas de elecciones locales.
Coinciden en señalar que esos factores se conjugan en la actualidad
en Oaxaca, donde hace exactamente un año se destapó un conflicto
político y social de envergadura que tuvo su génesis en una huelga de
maestros.
El analista político Gustavo Esteva dijo a la prensa que desde hace
mucho tiempo el gobernador oaxaqueño, Ulises Ruíz, no puede gobernar
el estado, y debido a su presencia, el ejecutivo local funciona en
términos de aparatos burocráticos.
Esteva se refirió a la impunidad que prevalece en Oaxaca con los 27
homicidios, 30 desapariciones y detenciones arbitrarias reportadas por
organizaciones civiles tras el conflicto, lo cual, dijo, convierte a
ese territorio en un polvorín.
Comentó que es necesario alertar sobre la repercusión que la
impunidad tiene como detonante de la violencia pues nadie ha sido
procesado allí por los excesos cometidos por parte de las fuerzas
policiales, con el visto bueno de las autoridades.
El funcionario explicó que el conflicto oaxaqueño no se soluciona
ya con la dimisión del gobernador, porque las fuerzas opositoras,
encabezadas por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO),
exigen ahora una reforma estructural del Estado.
Aclaró que la APPO demanda la creación de un nuevo marco
legislativo, la ciudanización de las instituciones, la disminución de
las facultades del gobernador y cambios en los mecanismos de
fiscalización de los recursos públicos.