MATANZAS.—
La restauración de la Botica Francesa constituye una agradable noticia
que se extiende más allá de los límites geográficos de esta provincia.
Se trata de la única farmacia del siglo XIX en el mundo que aún se
conserva completa y original, un patrimonio salvado del olvido por su
singularidad y los cuidados extremos de varias generaciones de
matanceros.
Fundada en 1882 por los doctores en Farmacia, el cubano Juan Fermín
Figueroa, y el francés Ernesto Triolet, devino Museo Farmacéutico a
partir de 1964.
El Museo cuenta en estos momentos con siete salas de exposición,
donde pueden apreciarse los más diversos implementos empleados para la
producción artesanal de medicamentos, miles de frascos de cristal y
porcelana, medicamentos originales, así como las más insospechadas
informaciones contenidas en libros de asentamientos de fórmulas.
Este arsenal de artículos y equipos, incluida la mesa dispensarial
laureada con la presea de bronce en la Exposición Mundial de París, en
1900, permanece con todos sus detalles y se muestra así a los miles de
curiosos nacionales y extranjeros que cada año visitan la instalación.
El proceso de restauración sacó a la luz otra sala de exposición,
esta última dedicada a las artes plásticas en honor a Celia Triolet
(hija de Ernesto). La sala, restituida totalmente, está ubicada en un
entresuelo y se abrió al público con una muestra del artista de la
plástica, Sergio Roque Ruano.
Concluida la rehabilitación del primer nivel del Museo, que
comprende propiamente a la Botica, avanzan los trabajos en los niveles
segundo y tercero, los cuales comprenden los antiguos aposentos y los
laboratorios y secaderos de plantas, respectivamente.
La existencia de esta célebre Botica, a 125 años de su fundación,
resulta casi una bendición para los matanceros, enfrascados en
devolverle a su tricentenaria ciudad sus encantos más originarios.