Bromista
empedernido, dado a la sonrisa plena y a los aires del buen humor,
Velimir Zivojinovic se enseria cuando aborda realidades que laceran su
alma: la persistencia de la injusticia social, las guerras en el mundo
y las pérdidas culturales en su país en la última década.
"Me duele ver cómo después de la desintegración de Yugoslavia los
vínculos culturales entre los pueblos que formábamos parte de esa
federación hayan prácticamente desaparecido. Que el cine serbio, por
falta de financiamiento, haya abandonado los temas épicos e
históricos. Que la única fuente segura de trabajo de los actores sean
las telenovelas de corte ligero.
"Siempre tuve ideas socialistas. Ahora que vivo en un país
capitalista, estoy absolutamente convencido que el socialismo es la
mejor opción para los seres humanos".
Bata, como lo llaman sus compatriotas, está en La Habana. Vino por
cuatro razones: asistir a la Semana del Cine Serbio en Cuba,
organizada por la Embajada de su país y el ICAIC; compartir con su
hija y sus nietos en la Isla; acceder a un medicamento único en el
mundo para su enfermedad circulatoria, "producido por esa fabulosa
industria farmacéutica cubana" y tomarle el pulso a la cotidianeidad
de "un pueblo que admiro por la dignidad y el orgullo con que han
sobrellevado tanta hostilidad". A esta última razón le pone nombre y
apellido: "Ustedes tienen a Fidel Castro. Todos los pueblos se merecen
a un Fidel".
Más de 330 filmes ha rodado este hombre próximo a cumplir 74 años.
"Lo mío es el cine. Empecé por el teatro hasta que un día tuve
conciencia de que sobre las tablas estaban otros muchos mejores que
yo. En mi primera película apenas aparecí en una secuencia en la que
me mataban. Creo que morí unas cincuenta veces en papeles secundarios
hasta que logré un rol protagónico".
A pesar de que más del 70% de su filmografía se enmarca en la
comedia, buena parte de su fama se debe a los papeles desempeñados a
lo largo de los sesenta y los setenta en filmes sobre la II Guerra
Mundial. Entre nosotros se le recuerda por el Comandante Nikola que
interpretó en La quinta ofensiva (1973), de Stipe Delic, donde
compartió el elenco con el británico Richard Burton, quien encarnaba
al mariscal Tito en los días de la resistencia antifascista, y la
griega Irene Papas. En 1993 ganó el Premio Slavica por la obra de toda
una vida en el cine yugoslavo.
"No puedo señalar a un director favorito. He trabajado con
realizadores de mucho talento y con verdaderos estúpidos. Pero los
actores solemos hablar bien de todos".
Bata tiene un sueño: filmar una película que ha pensado y escrito,
en la que un campesino humilde y solitario se enfrenta a un ejército
invasor: "Quisiera compartir esta historia y legarla como un símbolo
de los valores humanos que nada ni nadie puede aplastar".