El potencial oculto

Desde la salida del alimento de la ubre de la vaca, muchas irregularidades impiden que llegue a la industria la cantidad que el país necesita para disminuir las importaciones de leche en polvo

Ortelio González Martínez

CIEGO DE ÁVILA.— Qué pasaría el día que las vacas se nieguen a parir en protesta porque una parte de la leche que producen agarra por el camino equivocado y no llega a la industria, donde más la necesita el país.

El aumento de la calidad de la leche
ahorra divisas al país.

El Estado se ve obligado a buscar, extrafronteras, miles de toneladas de leche en polvo destinada a los niños de cero a siete años de edad, las dietas, los ancianos, los círculos infantiles y los hospitales.

LA LECHE NO ES TAN BLANCA

El sector ganadero fue uno de los más golpeados cuando los años difíciles de la década del noventa y, todavía, no ha podido sacudirse ese lastre.

Los millones que se invierten en la adquisición del alimento serían menos si se cerraran muchos escapes silenciosos. Aún así, Ciego de Ávila sobrecumplió el plan de entrega el pasado año, al acopiar 6 866 891 litros de leche, el 67,9 % de la producción total, cifra que todavía puede aumentar.

Foto:Nohema Díaz MuñozSi la leche no llega a la industria, también disminuye la producción
de derivados.

La ruta del ascenso llevaría, por consiguiente, a disminuir la cantidad de leche en polvo que la nación importa, la mayoría de las veces a miles de kilómetros de nuestras costas.

Fray Álvarez Moya, viceministro de la Industria Alimenticia, dijo a Granma que pese al incremento del acopio nacional en más de 44 millones de litros en el 2006, en comparación con el 2005, el país no pudo disminuir los volúmenes de compra de leche en polvo.

Solo dos ejemplos ilustran el por qué: En el 2006, por concepto de leche ácida se perdieron en Cuba más de 14 millones de litros, y otros 14 por la elaboración del llamado queso campesino, al no poderse acopiar leche fresca, lo que propició la utilización de ese volumen en otros destinos.

Las cifras ponen a pensar y zarandean las arcas del Estado. Si en el 2005 la tonelada de leche en polvo andaba por los 2 300 dólares, hoy sobrepasa los 4 000, y los precios continúan su ascenso de forma galopante. La mayor preocupación es que el inventario del alimento disminuye en el mercado internacional, motivado, en lo fundamental, por los cambios climáticos en los países grandes productores (Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos,¼ ) y por el incremento de la demanda.

En Ciego de Ávila, como en otras provincias, hay buenos acopiadores. Entre los mejores se encuentran los florencianos Julio César Chinea Hernández, Alberto Pérez Medina y Joel Morales San Gil, quienes de conjunto aportaron 21 352 litros en los tres primeros meses del actual año, es como si le ahorraran al país poco más de dos toneladas de leche en polvo en ese tiempo.

Chinea acopió el pasado año 32 415 litros, y todos los sacó a bordo de un pequeño chapín, a través de las aguas del Complejo Hidráulico Liberación, de Florencia. ¿Habrá prueba de mayor conciencia y voluntad de productor?

Sin embargo, existen quienes solo piensan en engordar el bolsillo, y para esquivar el aporte a la industria esgrimen los más diversos artilugios, desde no hacer las declaraciones juradas honestas, de acuerdo con el verdadero potencial, hasta decir que "el carro del Lácteo no llega", o "nadie se preocupa por venir a buscarla".

Eugenio de Armas Morgado, director de la Empresa de Productos Lácteos de Ciego de Ávila, saca las cuentas y es categórico en su afirmación: "No estamos exentos de dificultades. Todos debemos ‘engranar’ bien el sistema". Y ejemplifica: "En las 15 rutas gastamos 7 600 litros de combustible, cada mes, en el acarreo de leche y, sin embargo, algunas no aportan cuanto pudieran".

La leche no es tan blanca y comienza a perderse por disímiles razones: selección inadecuada de la raza, deficiente manejo del rebaño, abandono del sector de muchos ganaderos de experiencia, falta de recipientes, bajo precio del litro que compra la industria, ausencia de iluminación en las áreas de ordeño y las malas contrataciones realizadas a los productores.

Es difícil entender que en Ciego de Ávila el promedio de litro por vaca en el sector estatal anduviera en el 2006 por los 2,94, y en el Cooperativo y Campesino 2,29, algo irrisorio para quienes, en algún momento, ordeñamos una vaca. No hay propietario privado que mantenga en el potrero un animal que aporte tan poco. Lo consideraría un atentado a su bolsillo y, más, al honor de campesino.

No hay que ser un avezado matemático para hacer cálculos elementales que mueven a la reflexión. Los propietarios de ganado sin tierra en la provincia tenían el pasado año 6 887 novillas y vacas en ordeño, según datos aportados por el Centro de Control Pecuario.

Si a esas productoras de leche se les promediara a solo dos litros durante los 240 días (tiempo aproximado de ordeño), la cifra superara los tres millones 300 000 litros. Sin embargo, ese año entregaron a la industria poco más de 200 000.

El verdadero potencial oculto anda escabullido en las fisuras y el deficiente control que atenta contra cualquier esfuerzo recuperativo. Solo basta con recorrer la Carretera Central o la Autopista Nacional para comprender por dónde anda una parte de la leche. Claro, solo una parte. El queso, en el mercado subterráneo aparece lo mismo en la provincia de Camagüey, que por cualesquiera de los territorios de Cuba. Lo más preocupante es que ante esa verdad tan evidente muchas veces cerramos los ojos o ladeamos la cabeza.

NO SOLO EL SECTOR GANADERO

No le corresponde solo al sector ganadero en el país incrementar las entregas. Hay otras formas productivas que su objeto social no es producir leche, pero tienen excedentes y no le dan el destino final más correcto.

No es lógico que de los 10 100 500 litros producidos en el territorio en el pasado año fueran a la industria unos 6 800 000, que tome ese destino solo el 58% del aporte del sector Cooperativo y Campesino, o que el MINAZ incumpla sus entregas programadas en el orden de los 900 litros cada día.

Las primeras medidas puestas en práctica en el territorio avileño están encaminadas a la realización de contrataciones más objetivas, la disminución de los volúmenes destinados al autoabastecimiento, los insumos y las ventas a trabajadores, unido al proceso de mejoramiento de la eficiencia industrial.

Si un sector está llamado a aplicar con agilidad el proceso de perfeccionamiento empresarial es el ganadero, con la introducción de nuevas formas de pago que estimulen una mayor calidad del producto y mejoren el cuidado de la masa, incluido el ordeñador, que bien de madrugada, llueva, truene o relampaguée, está en contacto directo con los animales. Y es que en estos momentos se requiere ganar conciencia de la importancia de un litro más.

Marcada aún por la secuela de los años duros, la ganadería lucha por la eficiencia. Se observan atisbos de recuperación. No hay otra alternativa. Por cada 10 000 litros de más que lleguen a la industria, el país deja de importar una tonelada de leche en polvo.

 

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