La ruta del ascenso llevaría, por consiguiente, a disminuir la
cantidad de leche en polvo que la nación importa, la mayoría de las
veces a miles de kilómetros de nuestras costas.
Fray Álvarez Moya, viceministro de la Industria Alimenticia, dijo a
Granma que pese al incremento del acopio nacional en más de 44
millones de litros en el 2006, en comparación con el 2005, el país no
pudo disminuir los volúmenes de compra de leche en polvo.
Solo dos ejemplos ilustran el por qué: En el 2006, por concepto de
leche ácida se perdieron en Cuba más de 14 millones de litros, y otros
14 por la elaboración del llamado queso campesino, al no poderse
acopiar leche fresca, lo que propició la utilización de ese volumen en
otros destinos.
Las cifras ponen a pensar y zarandean las arcas del Estado. Si en
el 2005 la tonelada de leche en polvo andaba por los 2 300 dólares,
hoy sobrepasa los 4 000, y los precios continúan su ascenso de forma
galopante. La mayor preocupación es que el inventario del alimento
disminuye en el mercado internacional, motivado, en lo fundamental,
por los cambios climáticos en los países grandes productores (Nueva
Zelanda, Australia, Estados Unidos,¼ ) y
por el incremento de la demanda.
En Ciego de Ávila, como en otras provincias, hay buenos
acopiadores. Entre los mejores se encuentran los florencianos Julio
César Chinea Hernández, Alberto Pérez Medina y Joel Morales San Gil,
quienes de conjunto aportaron 21 352 litros en los tres primeros meses
del actual año, es como si le ahorraran al país poco más de dos
toneladas de leche en polvo en ese tiempo.
Chinea acopió el pasado año 32 415 litros, y todos los sacó a bordo
de un pequeño chapín, a través de las aguas del Complejo Hidráulico
Liberación, de Florencia. ¿Habrá prueba de mayor conciencia y voluntad
de productor?
Sin embargo, existen quienes solo piensan en engordar el bolsillo,
y para esquivar el aporte a la industria esgrimen los más diversos
artilugios, desde no hacer las declaraciones juradas honestas, de
acuerdo con el verdadero potencial, hasta decir que "el carro del
Lácteo no llega", o "nadie se preocupa por venir a buscarla".
Eugenio de Armas Morgado, director de la Empresa de Productos
Lácteos de Ciego de Ávila, saca las cuentas y es categórico en su
afirmación: "No estamos exentos de dificultades. Todos debemos
‘engranar’ bien el sistema". Y ejemplifica: "En las 15 rutas gastamos
7 600 litros de combustible, cada mes, en el acarreo de leche y, sin
embargo, algunas no aportan cuanto pudieran".
La leche no es tan blanca y comienza a perderse por disímiles
razones: selección inadecuada de la raza, deficiente manejo del
rebaño, abandono del sector de muchos ganaderos de experiencia, falta
de recipientes, bajo precio del litro que compra la industria,
ausencia de iluminación en las áreas de ordeño y las malas
contrataciones realizadas a los productores.
Es difícil entender que en Ciego de Ávila el promedio de litro por
vaca en el sector estatal anduviera en el 2006 por los 2,94, y en el
Cooperativo y Campesino 2,29, algo irrisorio para quienes, en algún
momento, ordeñamos una vaca. No hay propietario privado que mantenga
en el potrero un animal que aporte tan poco. Lo consideraría un
atentado a su bolsillo y, más, al honor de campesino.
No hay que ser un avezado matemático para hacer cálculos
elementales que mueven a la reflexión. Los propietarios de ganado sin
tierra en la provincia tenían el pasado año 6 887 novillas y vacas en
ordeño, según datos aportados por el Centro de Control Pecuario.
Si a esas productoras de leche se les promediara a solo dos litros
durante los 240 días (tiempo aproximado de ordeño), la cifra superara
los tres millones 300 000 litros. Sin embargo, ese año entregaron a la
industria poco más de 200 000.
El verdadero potencial oculto anda escabullido en las fisuras y el
deficiente control que atenta contra cualquier esfuerzo recuperativo.
Solo basta con recorrer la Carretera Central o la Autopista Nacional
para comprender por dónde anda una parte de la leche. Claro, solo una
parte. El queso, en el mercado subterráneo aparece lo mismo en la
provincia de Camagüey, que por cualesquiera de los territorios de
Cuba. Lo más preocupante es que ante esa verdad tan evidente muchas
veces cerramos los ojos o ladeamos la cabeza.
No le corresponde solo al sector ganadero en el país incrementar
las entregas. Hay otras formas productivas que su objeto social no es
producir leche, pero tienen excedentes y no le dan el destino final
más correcto.
No es lógico que de los 10 100 500 litros producidos en el
territorio en el pasado año fueran a la industria unos 6 800 000, que
tome ese destino solo el 58% del aporte del sector Cooperativo y
Campesino, o que el MINAZ incumpla sus entregas programadas en el
orden de los 900 litros cada día.
Las primeras medidas puestas en práctica en el territorio avileño
están encaminadas a la realización de contrataciones más objetivas, la
disminución de los volúmenes destinados al autoabastecimiento, los
insumos y las ventas a trabajadores, unido al proceso de mejoramiento
de la eficiencia industrial.
Si un sector está llamado a aplicar con agilidad el proceso de
perfeccionamiento empresarial es el ganadero, con la introducción de
nuevas formas de pago que estimulen una mayor calidad del producto y
mejoren el cuidado de la masa, incluido el ordeñador, que bien de
madrugada, llueva, truene o relampaguée, está en contacto directo con
los animales. Y es que en estos momentos se requiere ganar conciencia
de la importancia de un litro más.
Marcada aún por la secuela de los años duros, la ganadería lucha
por la eficiencia. Se observan atisbos de recuperación. No hay otra
alternativa. Por cada 10 000 litros de más que lleguen a la industria,
el país deja de importar una tonelada de leche en polvo.