Jazz Café como institución cultural

PEDRO DE LA HOZ

No estoy muy seguro de que en otras ocasiones se haya considerado el asunto, pero al menos en el caso del Jazz Café fue así: al recibir hace pocos días la Bandera XVI Congreso de la CTC —fuera de calendario, pero mejor tarde que nunca—, se tuvo muy en cuenta, a la par de los indicadores que dicta la norma emulativa, la función del centro como institución cultural.

Largo y azaroso ha sido el camino hacia la comprensión de la cultura cubana como un componente imprescindible para el desarrollo de nuestra industria turística. Tema planteado con urgencia y profundidad en los Congresos de la UNEAC y evaluado sistemáticamente en las comisiones de Cultura y Turismo que por más de una década han funcionado a escala nacional y en los territorios, los vínculos entre ambos sectores requieren de una articulación orgánica, que concilie y potencie la eficiencia en la gestión económica con la rigurosa promoción de los valores culturales.

De ahí que sea estimulante el hecho de que uno de los santuarios donde se muestra no solo al visitante, sino al propio público cubano la actualidad del movimiento jazzístico doméstico —ponderado a nivel internacional como uno de los que más aporta al desarrollo del género en su variante latina— sea asumido por su proyección artística.

El Jazz Café mantiene una programación rigurosa y diversa, con artistas de planta como César López y Habana Ensemble, Oscar Valdés y Diákara y la incorporación de ese fenómeno vocal que responde al nombre de Sexto Sentido. Sus colectivos de dirección y de trabajadores son los primeros interesados en situar el servicio a la altura de la excelencia artística de su agenda diaria. Ello contrasta con otras experiencias que no han tomado en consideración las exigencias de la caracterización artística de los espacios o han resbalado por el barranco de las concesiones populistas y mercantilistas.

Durante los próximos meses se desarrollará el proceso hacia el VII Congreso de la UNEAC, en el cual las relaciones entre cultura y turismo volverán a estar bajo escrutinio. De modo que vale la pena esta reflexión.

 

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