Consumadas realidades artísticas

LEONARDO GELL FERNÁNDEZ-CUETO

Este último sábado el Teatro Amadeo Roldán presentó un especial concierto de bienvenida a la primavera. Mucho antes de la hora acordada, el público esperaba ansioso para agasajar a los directores Guido López-Gavilán y Daiana García, quienes estarían al frente de la Orquesta de Cámara Música Eterna, la Joven Filarmónica y la Orquesta de Cámara Amadeo Roldán; así como al laureado pianista cubano Marcos Madrigal.

Los primeros sonidos fueron del Concerto Grosso Op. 6 # 4, de George Friedrich Häendel, donde esta última agrupación abordó exquisitamente el fraseo en los movimientos lentos con una singular contención del sonido, ayudándole a construir inagotables frases. Muy acertada fue también su interpretación de las Melodías elegíacas Op. 34, de Edvard Grieg, aunque pudiera haberse fundido más el timbre de los instrumentos graves con las restantes líneas musicales para dar mayor sensación de profundidad, especialmente en Heridas del corazón.

Por su parte, Música Eterna dejó escuchar la compleja versión para orquesta de cuerdas que realizara su director del Movimiento perpetuo, de Niccolo Paganini, para luego deleitarnos, a través de ¡Qué rico é!, con esa mezcla de gracia humorística, fuerza rítmica y riqueza armónica que caracteriza la obra del maestro Guido López-Gavilán.

Así quedaba abierto el camino para la Joven Filarmónica Amadeo Roldán con un repertorio que, más allá de lo osado, convenció evidenciando una prematura madurez de sus integrantes, los cuales prodigaron destreza y profesionalidad a la usanza de los consagrados. Esta formación, guiada en los últimos lustros por el mencionado director de orquesta, ha desarrollado un loable trabajo que la convierte en organismo decano del movimiento sinfónico juvenil de nuestro país.

Compartido el podio, tras la selección de la suite El pájaro de fuego, de Igor Stravinsky, y la Obertura Festiva, de Dimitri Shostakovich, la batuta de Daiana García reveló a un gran músico que actúa inteligentemente con el talento de sus atriles. Minucioso trabajo y buen olfato para descifrar el mensaje que le sugieren los compositores son los argumentos que justifican los resultados de esta directora, devenida uno de los valores de las jóvenes generaciones de músicos cubanos.

Como colofón al concierto intervino el pianista Marcos Madrigal, discípulo de la prestigiosa pedagoga Teresita Junco, en la Rapsodia sobre un tema de Paganini, compuesta por Serguei Rachmaninov. El arte de Madrigal combina pasión, poesía y fuerza sobre el teclado, alejándose de los arquetipos interpretativos que en la actualidad se han estandarizado. Posee tal capacidad de comunicación que subyuga y se entrega con absoluta sinceridad, recreando fielmente cada partitura en perfecta armonía con su autenticidad creativa.

El maestro López-Gavilán, visiblemente emocionado al compartir con el joven músico, recibe la mayor alabanza de este cronista al exhibir una trayectoria artística y pedagógica de excelencia, constituyendo este concierto una muestra fehaciente de ello.

Así quedamos admirados al constatar que la mayoría de sus protagonistas demostraron nuevamente que no deben ser llamados como "prometedores talentos" porque son consumadas realidades artísticas.

 

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