Una Valiente con misión de directora

Joven universitaria, graduada como Profesora General Integral, asume desde el inicio de este curso la compleja tarea de dirigir una escuela de adolescentes. Narra tensiones y conflictos. La lucha por no mutilar los sueños ¿De dónde saca fuerzas para seguir?

María Julia Mayoral y Yordanka Almaguer (fotos)
ma.julia@granma.cip.cu

Sentadas en una pequeña oficina de la Organización de Pioneros José Martí, en las cercanías de la Bahía de La Habana, hay varias muchachas enfrascadas en el trabajo, una de ellas aguarda por el equipo de reporteros de Granma. Ha dejado los deberes habituales para conversar con calma sobre su experiencia como Profesora General Integral (PGI) de Secundaria Básica.

No soy todavía la maestra que
quisiera ser, dice Yanet.

Todavía no nos hemos presentado cara a cara; pero al ver la cámara fotográfica, una de ellas ha pedido un cepillo para alisarse el cabello. Menuda, de mediana estatura, con rostro incapaz de delatar su edad y vestimenta informal, en nada me recuerda a las directoras de escuela que tuve en mis años de escolar.

Yanet Lourdes Hernández Arnau forma parte —como los llamó Fidel— de los Valientes.

Se trata del primer grupo de Profesores Generales Integrales preparado en el país, para emprender el camino de transformar radicalmente la enseñanza de nivel medio, a partir de un nuevo y revolucionario modelo educativo y formativo: el maestro debe ser capaz de educar a 15 alumnos, durante el tránsito junto a ellos desde séptimo a noveno grados, pues el objetivo es rebasar los limitados marcos de la instrucción.

Integrar conocimientos y valores humanos, servir de guía y consejero, atender de modo diferenciado a cada educando y a sus familias, es la encomienda dada a los PGI.

Yanet trae consigo una hoja con breves apuntes y un bolígrafo, cuyo mecanismo acciona sin cesar. Parece más una estudiante a punto de entrar en una prueba difícil que la directora de una escuela, con casi 300 adolescentes, donde gana prestigio por su dedicación, seriedad en el estudio, exigencia y resultados.

No está tranquila ni un minuto en el asiento. Así suele ocurrir en su Secundaria, la Jesús Menéndez, en el municipio de Playa. Allí por su laboriosidad la comparan con "una hormiguita", metida en las aulas chequeando las clases, dispuesta a enfrentar problemas materiales y desidias humanas, sin restarles importancia a la preparación metodológica del claustro y a los estados de ánimo, "porque las caras estiradas son mala señal".

Habla con pasión y soltura, mucho más cuando conoce que coincidimos en un criterio básico: ningún sueño revolucionario se realiza sin conflictos.

TRES MESES DECISIVOS

En la Tribuna Antimperialista José Martí le explicaron por primera vez el proyecto del Comandante en Jefe de transformar la enseñanza media. Acababa de recibir el título de bachiller y terminado el acto de graduación, "se reunieron con nosotros en el teatro del Ministerio de Educación Superior. No me sentí obligada a dar el paso, quería dedicarme a la docencia; me habían otorgado una plaza para ingresar en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, en la especialidad de Educación Artística".

No hay tema difícil de tratar con los jóvenes.

Ahí, cuenta, empezó la lucha de los 24 profesores encargados de preparar intensivamente al centenar de bachilleres que habíamos aceptado. "Estábamos ‘verdes’, nos faltaba disciplina, hábitos elementales de educación formal, y sobre todo conocimiento de las materias recibidas durante la Secundaria. ¡¿De los errores ortográficos?! Mejor ni hablar".

No tuvimos vacaciones; fueron, recuerda, tres meses duros de estudio hasta altas horas de la noche en la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, entre agosto y octubre del 2001. "Junto a las asignaturas correspondientes a la enseñanza media, recibíamos clases de ética, pedagogía, informática, metodología, con evaluaciones periódicas del aprendizaje y la conducta.

"Ninguno de nosotros había sido mal estudiante; sin embargo, muchos contenidos nos resultaban desconocidos, los habíamos olvidado; teníamos el título del Preuniversitario, pero las lagunas cognoscitivas eran evidentes, así empecé a entender por qué era preciso dar un vuelco a las concepciones de la Secundaria Básica; nosotros constituíamos la mejor muestra."

Al terminar en Cojímar, "un grupo fuimos a dar clases en la Secundaria Cosmonauta Yuri Gagarin, de Caimito, en la provincia de La Habana; así transcurrieron estos últimos cinco años de mi vida, compartiendo las responsabilidades como profesora con los deberes de estudiante universitaria, pues me gradué en el Varona el pasado mes de julio".

CON FIDEL

Todavía no había comenzado en la Yuri Gagarin. Luego de asistir a la graduación de los maestros de primaria en el Cine-Teatro Astral, "nos dijeron que Fidel quería conversar con nosotros aquella misma noche en la sede del Consejo de Estado. Al principio estaba sentado, pero no pasaron muchos minutos cuando se puso de pie y empezó a caminar por el salón, sin dejar de explicarnos qué necesitaba la Revolución de nosotros".

La preparación de los profesores resulta clave.

Allí, relata Yanet, estaban nuestros 24 tutores, profesionales muy calificados, de elevada maestría pedagógica. "Había que mirarles la cara, los ojos se les querían salir de las órbitas, para entender el esfuerzo solicitado por el Comandante: nosotros debíamos prepararnos como Profesores Generales Integrales. Hasta ese momento, la idea era que unos trabajaríamos en el área de humanidades y otros, en las ciencias exactas.

"La petición de Fidel causó gran impacto en nuestro grupo; convertirnos en maestros ya era una tarea inmensa y como si no fuera suficiente, nos estaba convocando a ensanchar los sueños."

Sentimos miedo, confiesa. "Yo misma, aunque me gustan las Matemáticas, me había imaginado solamente al frente de un aula para dar clases de Historia, Español... Poco a poco el propio Comandante nos fue dando confianza: no aspiraba a profesores superdotados; debíamos simplemente dominar los contenidos por impartir y ocuparnos de la formación integral de nuestros alumnos, requeridos de atención especial, pues la adolescencia es una etapa decisiva e irreversible en nuestras vidas, cuando empezamos a madurar rasgos de la personalidad y convicciones que nos marcarán para el futuro".

ESTRENO

Con 19 años de edad (los 24 los cumplió el pasado 11 de febrero), Yanet se inició como profesora en la Secundaria Cosmonauta Yuri Gagarin. "Sin salir del sobresalto, pero con la decisión de dar la talla. Si no me sabía algo o tenía dudas ese era mi problema no el de otros, tenía que estudiar más, prepararme por los libros de texto, resolver los ejercicios difíciles; todo antes de llegar al aula".

También, agrega, aprendí a perderles el miedo a las preguntas difíciles de los muchachos, a quienes apenas superaba en unos años de edad. "Durante la adolescencia solemos cuestionarnos ‘lo humano y lo divino’, pensando que tenemos la razón y son los otros los equivocados, los incapaces. Entonces, quien se para frente al alumnado está en el deber de ser una persona informada, con cultura, y capacidad para dialogar". No soy todavía, reconoce, la maestra que quisiera ser; ello dependerá de la constancia y el rigor en mi superación profesional y en general como ser humano. "¡De eso estoy convencida!"

CONFLICTOS

Graduada de la universidad pedagógica en julio último, Yanet cumple desde inicios del presente curso escolar su Servicio Social como directora, al igual que otros 13 Valientes en la capital.

En la localidad de Buena Vista está enclavado el plantel bajo su conducción; allí, junto a las disímiles ocupaciones diarias para asegurar el buen funcionamiento del centro y la calidad del proceso docente-educativo, debe dedicar tiempo "a otros muchos conflictos asociados al entorno".

"Nada se consigue sin esfuerzos"; repite para sí la joven directora al recabar la cooperación de padres, vecinos y entidades estatales.

Desde septiembre, ilustra, estamos en la batalla por establecer círculos de interés sabatinos con la participación de centros productivos y de servicios de la zona, teniendo en cuenta el valor educativo del contacto con un ámbito laboral y porque queremos ampliar las opciones de entretenimiento sano de nuestros estudiantes; sin embargo, hasta ahora una sola institución ha aceptado colaborar.

"Lidiar con los escolares puede resultar embarazoso; no lo niego. Hasta los padres vienen a decirme: ‘Directora, haga algo; ya no puedo más con este muchacho, tal vez a usted le haga caso’. Sin embargo, nadie debería permanecer indiferente ante el conflicto."

Llegar a tener "la escuela deseada", significa constancia, recorrer un camino difícil; "todavía en la mía debemos mejorar la preparación y el ejemplo personal del claustro, del cual forman parte 20 Profesores Generales Integrales; eliminar indisciplinas de los alumnos, conseguir un poco más de cooperación por parte de algunos padres, y solucionar cuestiones materiales como el estado constructivo de la edificación".

Ocupar la responsabilidad de directora significa “más trabajo y esfuerzo, sin desanimarme por los tropiezos”.

Al principio, recuerda, nos vimos obligados a discutir diariamente con todo el claustro las cosas mal hechas. "Ya las aguas han ido cogiendo su nivel, tenemos la escuela más organizada y aumenta la calidad de la docencia, pero aún varios profesores no han comprendido cabalmente que están en la obligación de superarse, de prepararse bien, pues aunque emplean las video-clases, ellos cumplen un papel insustituible."

Sigue siendo una lid lograr que algunos entiendan la importancia de sus modales, del porte y aspecto en la escuela, y del estudio sistemático de la realidad cubana e internacional, pues el ejemplo personal del maestro constituye base esencial de la educación, subraya.

De los padres, "también espero más". Su cooperación, asegura, resulta decisiva. "En el poco tiempo que llevo de directora he sentido el valor de esa ayuda, pues ofrecen opiniones valiosas de cómo enfrentar los problemas".

Pero no todos, dice, asumen una buena postura; algunos ven a la Escuela como la responsable casi exclusiva de la educación de sus hijos; no dedican tiempo ni a preguntarles si hicieron la tarea.

"Empeños elementales, como el debate diario de los principales acontecimientos del país y de otras partes del mundo, a veces se nos dificultan, porque hay muchachos que en sus casas no ven ni el Noticiero Nacional de Televisión".

ARTE PARA DIRIGIR

Conseguir el justo equilibrio entre exigencia y flexibilidad parece ser lo más engorroso en el arte de dirigir, piensa Yanet. "Cómo llegar a los objetivos, uniendo al colectivo, reconociendo ante todo mis propios errores, y sin ser injusta con los demás, pues no puedo olvidarme de las características y conflictos personales de cada cual; eso es un verdadero dolor de cabezas".

A veces, señala, el hábito resulta muy fuerte: te topas con un buen compañero, pero acostumbrado a dejar correr los errores. "Te hierve la sangre al ver la indiferencia; sin embargo, de nada vale ofuscarse, debo aprender a buscar soluciones".

"¿Directora...? Significa más trabajo y esfuerzo, sin desanimarme por los tropiezos. Ahora comprendo mejor por qué Fidel nos exhortó a ser valientes."

 

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