George
W. Bush quería desquitarse de una chifladura que cometió alcohólico
frente a la Reina cuando su padre era el Presidente y para ello ahora
desempolvó lecciones y manuales de protocolo antes de la llegada a la
Casa Blanca de la soberana de Inglaterra, Isabel II, y su esposo, el
príncipe Felipe, y ni así pudo evitar... la metedura de pata.
El texano que pone sus extremidades inferiores sobre la mesa, toma
agua directamente de la botella, habla con la boca llena, y que una
vez le dio a la canciller alemana Angela Merkel un improvisado masaje
en el hombro, se esforzó por salir ileso y al final no pudo.
Dicen los cercanos a la mansión presidencial que hasta el
Departamento de Estado circuló un pequeño cuadernillo con indicaciones
en las que se revelaba, por ejemplo, que había que dirigirse a la
Reina llamándola "Su Majestad" y que una vez esta terminara de comer
en la cena oficial, el resto de los comensales también debía imitarla.
"No es grave", apuntaron algunos asistentes de Bush: "Él es muy rápido
para comer".
Pero el presidente —probado está que no puede hilvanar un
pensamiento lógico sin cometer errores— cometió el yerro durante el
recibimiento de la pareja real.
Reseñó la AFP que el jefe de la Oficina Oval profirió que la
visita, la primera de su Alteza desde 1991, cuando era gobernante Bush
padre, rendía tributo a las "tradiciones e historia compartida" de las
dos naciones.
Sin embargo, en uno de sus ya usuales momentos de confusión
mencionó una visita de Isabel II para conmemorar el 200 aniversario de
la Declaración de Independencia de Estados Unidos de Gran Bretaña "en
17... en 1976".
La Soberana le echó una mirada fulminante, pero peor fue el
remedio, pues Bush quiso bromear ante un público que reía y puso el
puntillazo: "Me miró como solo una madre puede mirar a un hijo".