Jesús Ortega opina sobre la actualidad de la Escuela Cubana de Guitarra

Más de medio siglo de compromiso con la guitarra, desde la interpretación, la promoción y la docencia, otorgan a Jesús Orte-ga una autoridad inviolable a la hora de opinar sobre el decursar y la actualidad de ese instrumento entre nosotros. Titular del Instituto Superior de Arte y director-fundador de la orquesta Sonantas Habaneras, el maestro es uno de los más indicados para dilucidar una problemática expuesta por Aldo Rodríguez en una entrevista publicada en esta página el pasado 26 de abril, quien puso reparos a la formación de las nuevas hornadas de guitarristas, con lo que Orte-ga y otros 34 colegas están en desacuerdo. Ortega accedió a responder preguntas de nuestra Redacción Cultural.

¿Está en peligro de extinción la Escuela Cubana de Guitarra?

Al contrario, sigue su desarrollo normal, con muy buenos resultados, a pesar de serias carencias materiales y dificultades no siempre justificadas. Pongo un ejemplo. Desde que perdimos a Pablo Quintana hace cerca de veinte años no se ha articulado un sistema para la construcción de guitarras de buena clase, con la calidad requerida. Se han hecho tímidos intentos, en todos los casos sin resultados. El material con que se construyen es en su inmensa mayoría importado y costoso. No existe el medio para retribuir a los luthiers adecuadamente, al maestro Dioscórides Bor-ges, de Las Tunas, se le adeuda desde hace cinco años el costo de dos buenas guitarras por el Instituto Cubano de la Música porque, según me han informado, no se encuentra la forma de efectuar el pago. La producción de la Industria de Instrumentos Musicales Fernando Ortiz es solo de guitarras de estudio, muy elementales en su confección y materiales empleados, a pesar de los grandes esfuerzos de los trabajadores por mejorarlas, también es insuficiente la cantidad que produce. La importación estatal de guitarras de concierto no existe, realmente son demasiado caras y harían falta muchas. Desde 1982 hemos obtenido algunas guitarras a partir de donaciones, vinculadas siempre con el Concurso y Festival Internacional de Guitarra de La Habana, que desapareció y quizás no vuelva a renacer. Por esa vía habíamos conseguido, para muchos guitarristas profesionales y algunos estudiantes, instrumentos de muy buena calidad. Luthiers de Japón, España, Francia, Grecia, Italia, Suiza y otros países han donado sus instrumentos. No existe un suministro de cuerdas con la calidad suficiente para solistas, profesores y estudiantes de guitarra en el país. No disponemos de un proyecto viable para obtenerlas con la calidad, variedad y cantidad necesarias para cubrir las necesidades. Las que se importan son de baja calidad y en cantidad insuficiente.

Creo que se comprende que sin guitarras buenas y sin suministro estable de cuerdas adecuadas es casi milagroso que nuestros profesionales y estudiantes logren "un vigoroso y hermoso sonido". Afortunadamente casi lo obtienen, gracias al gran esfuerzo de nuestros profesores en todo el país y al amor con el que cumplen su trabajo. Una programación mejor diseñada hacia los medios de difusión permitiría al pueblo percatarse de los excelentes talentos de que disponemos en la guitarra, fuera de toda duda.

¿Cómo situarías en este momento el nivel pedagógico de la enseñanza de la guitarra en Cuba? ¿Cuáles son las luces, pero también las sombras?

En lo esencial en el Nivel Elemental se trabaja con el Método de Guitarra, de Isaac Nicola en cuatro tomos, tuvimos la suerte de que el propio maestro revisó su obra antes de su muerte, con la ayuda de numerosos alumnos suyos, muy particularmente de Martín Pedreira en su etapa final. En ese trabajo ya se incorporaron muchas de las nuevas ideas sobre la técnica guitarrística, la mayoría ya bien probadas en la práctica y mucha música nueva, cubana y universal. En general el Método¼ se aplica en todas las escuelas de música de ese nivel, sobre todo después que el Instituto Cubano de la Música donara a las escuelas la edición completa hecha por la Editora Atril, aunque el traslado de esos libros a todas las escuelas demoró demasiado.

En el Nivel Medio afecta bastante en algunas escuelas de provincia la falta de reciclaje de conocimientos, seminarios pedagógicos sobre el instrumento y también, en algunos casos, profesores sin el adecuado nivel. También carencias severas (guitarras adecuadas, cuerdas, partituras, banquitos para el pie o soportes, atriles y otros recursos). No obstante el talento se impone y muchos jóvenes muy bien dotados de todo el país acceden al ISA. Sin triunfalismo podemos afirmar que en el Nivel Superior se desarrollan aceptablemente los alumnos que acceden al mismo. Algunos de los mejores guitarristas de nuestro país integran el claustro de profesores y se trabaja muy fuerte en la investigación para perfeccionar las diversas materias de la especialidad que se imparten. Quisiera señalar también que la técnica de un instrumento no es algo estático, inamovible. Lo que hace 50 años era ideal, ahora puede resultar un freno en el desarrollo. De lo que preconizaban Sanz, Padre Basilio, Aguado, Sor, Tárrega, Llobet, Pujol y Segovia, muy importantes todos porque sentaron las bases del desarrollo posterior, quedan vestigios en la técnica actual, pero mucho han incorporado los maestros posteriores, entre ellos nuestro Nicola y algunos de sus discípulos. Resumiría, por tanto, que la Escuela Cubana de Guitarra, pese a las dificultades señaladas, goza de buena salud y se proyecta hacia el futuro.

 

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