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La escalada subversiva contra Cuba en los años 90
Una nueva Mangosta
El fracaso engendró la brutal represalia contra
los Cinco Héroes prisioneros cubanos. En los noventa se creó otro CORU.
WKSCARLET-3 fue el criptónico de Posada Carriles en los setenta
Manuel Hevia Frasquieri
Director del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del
Estado
La
década de los años noventa quedará en la memoria de nuestro pueblo
como un símbolo de resistencia y victoria. La caída del socialismo en
la URSS y en los países de la Europa del Este fortaleció en el
gobierno de los EE.UU. la convicción de que la ofensiva estratégica
que habían desarrollado en los años ochenta para subvertir la
estabilidad política y económica de aquellas naciones y acelerar su
desplome, tendría resultados favorables en Cuba.
Los
neoanexionistas IIeana Ros, Jorge Mas canosa y Tomás García Fusté,
junto al entonces presidente George Bush padre en la firma de la Ley
con la Enmienda Torricelli.
En 1991, nuestro país enfrentaba los embates de una compleja
situación económica. Entre los personeros de la mafia de Miami crecían
las expectativas sobre un inminente desplome de la Revolución Cubana.
Algunos prepararon sus maletas ante la proximidad de aquel evento. Sin
embargo, otros enemigos estaban persuadidos de que no sería tan fácil.
Durante varias décadas, las administraciones norteamericanas de
turno y sus servicios de espionaje y subversión habían experimentado
el fracaso de muchas operaciones encubiertas contra Cuba y tenían
sobradas experiencias para juzgar que aquí no ocurriría una
"Revolución de Terciopelo", al estilo de Europa Oriental.
Este desafío obligaba al gobierno de George Bush (padre), entonces
en la Casa Blanca, a introducir urgentes y nuevas estrategias de
subversión para impulsar el "cambio". El Sr. Bush y la CIA vaticinaron
en aquellos momentos la posible caída de la Revolución, pero
condicionaron este hecho a la ocurrencia de otros factores que aún no
habían madurado en Cuba, en un escenario distinto al de Europa del
Este, con un pueblo aguerrido y un dirigente excepcional como Fidel
Castro Ruz, al frente de una revolución autóctona.
Los años transcurridos y el estudio de algunos pocos documentos
desclasificados de entonces, nos permiten apreciar con mayor nitidez
el desarrollo de aquella escalada brutal.
El 10 de septiembre de 1991, el Directorio de Inteligencia (CIA)
valoraba dramáticamente en uno de sus documentos actualmente
desclasificado "El impacto del cambio soviético en Cuba".
Reproduzco algunos fragmentos: "¼ La
pérdida de los subsidios comerciales soviéticos y la ausencia para la
Habana de alternativas ventajosas similares, indica que las
importaciones se caerán de manera precipitada en los próximos meses,
impulsando una aguda contracción posterior de la economía cubana¼
" "¼ El colapso del control comunista en la
URSS señala el fin de la relación especial económica y militar de Cuba
con Moscú y acelera la crisis política y económica¼
"
El gobierno de George Bush padre, pocos meses después en 1992,
intentó acelerar aquella "crisis" con la promulgación de la Ley
Torricelli, que multiplicó el bloqueo y la guerra económica contra
Cuba, al prohibir el comercio con subsidiarias de EE.UU. en terceros
países y elevar el costo de nuestra transportación marítima de
mercancías a Cuba al impedir que los barcos tocaran puertos
norteamericanos. Aquella maniobra fue considerada por el propio
enemigo como el "golpe de gracia" a la Revolución Cubana.
Una gigantesca operación subversiva contra Cuba se había iniciado.
Aquel documento de la CIA más adelante vaticinaba: "¼
parece seguro el aumento de la represión política¼
Castro casi seguro que calificará a los disidentes políticos como
paniagudos de EE.UU. y los tratará con severidad¼
"
Resultaba cínico semejante pronóstico. Investigaciones históricas
nos revelan que en 1991 la CIA incrementó la capacidad operativa de su
centro ilegal en la Sección de Intereses Norteamericanos en la Habana
(SINA), utilizando el manto diplomático para fortalecer sus
posibilidades de espionaje, atención y preparación de los grupúsculos
contrarrevolucionarios internos. Lo anterior se convirtió en política
oficial del gobierno de Bush padre.
La
SINA ha sido el centro de la subversión y actos provocativos contra
cuba.
En 1991 el Departamento de Estado norteamericano nombró a un nuevo
funcionario diplomático en La Habana para la atención exclusiva de
estos grupos que multiplicaron sus actos provocativos dentro del país
instigados por la SINA. Comenzaron las invitaciones a los "cocktail
party" auspiciados por el jefe de la Sección de Intereses, donde los
mercenarios conspiraban abiertamente alrededor de mesas colmadas de
bebidas y selectos manjares. En aquella conspiración diabólica, el
gobierno norteamericano asignó a esos mercenarios el papel de vitrina
de una oposición interna virtual, favorable a los intereses políticos
del lobby anticubano en EE.UU. y Europa. Las "denuncias" de estos
asalariados permitían a la SINA engrosar el voluminoso expediente de
falsedades ante la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra para crear
la imagen de una "Cuba intolerante y represiva violadora de los
derechos humanos". Estas maniobras formaban parte del complot.
La SINA potenció igualmente el trabajo de su oficina de Cultura y
Prensa. Esta oficina contaba en 1989 solo con un funcionario, pero ya
en 1995 dedicaban un primer y segundo secretarios y a varios empleados
sin rango diplomático para sus labores. Esto amplió su labor de
propaganda contrarrevolucionaria interna dentro del país, respaldada
por un voluminoso equipamiento de computación y reproducción, violando
regulaciones establecidas para la introducción, procesamiento y
distribución masiva de material bibliográfico. Miles de materiales
eran enviados de forma directa a quienes la SINA consideraba "genuinos
representantes de la sociedad civil cubana", los que eran
seleccionados sin que mediara en la mayoría de los casos ninguna
solicitud por el destinatario. Paralelamente estudiaba los niveles de
audiencia e "impacto" entre la población de la emisora subversiva y le
suministraba información falseada mediante reportes brindados por los
grupúsculos. Estos últimos eran asiduos participantes en las sesiones
de charlas, películas y noticiarios anticubanos dentro de aquella
instalación, de donde salían cargados de revistas y folletos
propagandísticos para ser distribuidos.
El personal diplomático acreditado y un grupo importante de
funcionarios en tránsito que arribaban a La Habana por cortos periodos
de tiempo brindaban una amplia cobertura para sus acciones
injerencistas y provocadoras. Estudios realizados estiman que solo
entre los años 1998 y 2000, visitaron el país más de 540 funcionarios
norteamericanos en tránsito, de los cuales cerca de un 30% fueron
identificados como posiciones comprobadas o sospechosas de los
servicios de inteligencia norteamericanos. ¿Cuál podría ser la misión
de estos "visitantes" como no fuera la de espiar, subvertir o reclutar
traidores?
La SINA se convirtió en los años noventa en el principal centro de
operaciones dentro de Cuba para apoyar aquel nuevo complot dirigido
desde la Casa Blanca. Todas estas acciones fueron denunciadas
públicamente ante el mundo por nuestro pueblo y gobierno.
En agosto de 1993 la CIA elaboró un estimado nacional sobre la
compleja situación económica en Cuba en uno de los momentos más
críticos del Periodo Especial. Su confianza y total convicción del
cercano desplome de la Revolución era tal, que llegaron a pronosticar
los desafíos que enfrentaría un presunto "gobierno sucesor" en la
llamada "Cuba post-Castro". Reproduzco algunos fragmentos de este
documento desclasificado por la agencia en junio del 2001.
En su primera hoja expresaba: "¼ Este
estimado nacional de inteligencia representa la opinión del Director
de la Central de Inteligencia con el consejo y la ayuda de la
Comunidad de Inteligencia de los EE.UU.¼ "
En el inciso "Perspectivas para la Cuba post-Castro",
terminaba afirmando después de algunas consideraciones: "¼
Existe una oportunidad mejor que nunca, para que el gobierno de Fidel
Castro caiga en los próximos pocos años¼ "
Según este estimado de inteligencia, el juicio anterior descansaba
sobre tres "premisas subyacentes": la negativa del Comandante en Jefe
de abandonar la dirección de la Revolución de forma voluntaria; la
afirmación de que la economía cubana no se beneficiaría de ninguna
bonanza económica interna; la existencia de una relación directa entre
las graves privaciones económicas que atravesaba el país y la
inestabilidad política.
Más adelante el documento agregaba: "¼
Al margen de cuándo o cómo dichos acontecimientos ocurran, los
intereses de EE.UU. será desafiados en formas complejas y posiblemente
sin precedentes¼ "
Al parecer, la CIA confiaba en que el desarrollo de estas tres
premisas podían ser capaces de desencadenar la crisis final.
Aquel juicio de la CIA se correspondía con lo que en realidad
ocurrió a lo largo de aquella década, como parte de aquella operación
de desestabilización para liquidar la Revolución Cubana. Se
multiplicaron los planes para asesinar a Fidel en cada una de sus
salidas al exterior. Se desencadenó una escalada terrorista brutal
para sembrar el caos interno y desestimular la afluencia de turistas
extranjeros, e impedir con esto que la industria del turismo aportara
divisa fresca a la castigada economía cubana. Las leyes Torricelli y
Helms-Burton recrudecieron como nunca antes la guerra económica, para
estimular el descontento en la población. Todas estas acciones
constituían en sí mismo un importante instrumento para tratar de
desestabilizar políticamente el país.
Las limitaciones económicas impuestas por estas leyes no solo
perseguían provocar el hambre o la escasez de medicamentos, transporte
o electricidad, sino crear un escenario interno que propiciara el
disgusto y la insatisfacción del pueblo y estimulara en algunos
ciudadanos el deseo de emigrar hacia EE.UU. por cualquier vía. La
radio subversiva contribuyó día y noche al estímulo de actos ilegales,
incitando a elementos antisociales a penetrar violentamente en sedes
diplomáticas extranjeras, secuestrar naves aéreas o embarcaciones
marítimas. Estas últimas eran interceptadas por los guardacostas
norteamericanos y sus autores llevados a la Florida, donde eran
recibidos como héroes por la mafia anticubana.
Las provocaciones del grupo terrorista "Hermanos al Rescate", con
sus continuas violaciones del espacio aéreo desde avionetas
basificadas en la Florida y de las denominadas "Flotillas de la
libertad", con embarcaciones que partían directamente de Miami,
contribuían a un peligroso ambiente y tensaban al máximo el diferendo
entre ambos países. Nuestro pueblo enfrentó con decisión y valentía
aquellas maniobras provocativas.
El gobierno estadounidense entre 1987 y 1994 solo otorgó el 7% de
las 160 mil visas acordadas con Cuba, para las personas que deseaban
viajar a ese país legalmente. Esto constituía un evidente estímulo a
la salida ilegal. La asesina ley de Ajuste Cubano continuó cobrando
nuevas víctimas inocentes en el Estrecho de la Florida. Múltiples
compromisos contraídos por EE.UU. entre 1994 y 1995 en las mesas de
conversaciones, siguen aún sin cumplirse.
La Casa Blanca organizó también como parte de esta brutal ofensiva,
un grupo de trabajo Inter-Agencias, al estilo de las viejas
operaciones subversivas de los años sesenta, para dirigir al más alto
nivel del ejecutivo el financiamiento de los proyectos
contrarrevolucionarios. Entre esas agencias se encontraban los
Departamentos de Estado, Tesoro y Comercio, y otros mecanismos
gubernamentales como el Consejo Nacional de Seguridad y la SINA en la
Habana.
A mediados de esa década, la Agencia para el Desarrollo
Internacional de EE.UU., conocida por las siglas en inglés USAID,
inició un millonario apoyo financiero a los grupos
contrarrevolucionarios dentro y fuera del país. Según estudios
realizados, entre 1993 y 1999, se registraron más de 325 operaciones
de abastecimiento financiero material en Cuba a los grupúsculos
internos con un monto nada despreciable de dólares en efectivo. Estas
entregas eran realizadas directamente por emisarios que arribaban al
país procedentes de la Florida y por otras vías. Paralelamente, entre
1990 y 1998, la National Endowment for Democracy, con las siglas NED
en inglés, conocida mundialmente por sus importantes aportes
financieros a los grupos de renegados en la antigua URSS y Europa del
Este, sustentó económicamente más de sesenta proyectos subversivos
contra la Revolución Cubana. En la actualidad, EE.UU. ha multiplicado
el monto de dinero y recursos materiales que hace llegar a los
bolsillos de la contrarrevolución anticubana.
Decenas de miles de reportes y artículos pagados a los llamados
"periodistas independientes" aparecieron en aquella década en
revistas, folletos, y en las páginas en español en sitios de internet
para intentar falsear la imagen de la Revolución. El grupo Inter-agencias
comenzó a financiar supuestas Organizaciones No Gubernamentales (ONG)
en EE.UU. para estudiar cómo se produciría la inminente " transición"
en Cuba. Estos "estudios" engendraron años más tarde el denominado
"Plan Bush".
Los planificadores de aquella operación subversiva global contra
Cuba habían tenido en cuenta todos los ingredientes necesarios,
incluida la escalada terrorista.
Un nuevo
CORU
Aquel brutal complot en la década de los noventa contra la
Revolución Cubana, reeditó también las viejas tácticas utilizadas por
los grupos especiales de la estación de la CIA en Miami JM-Wave, para
intentar sembrar el caos y la desestabilización interna.
En 1992 se organizó dentro de la Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA) una estructura clandestina de corte terrorista
denominada "Comisión de Seguridad" o grupo paramilitar, para
dirigir y organizar este tipo de acciones. El grupo paramilitar sería
presidido en diferentes etapas por directivos de esa organización anti-cubana,
casi todos ex agentes de la CIA, mercenarios de Playa Girón, graduados
en la base militar norteamericana de Fort Benning o mercenarios en las
aventuras contrainsurgentes desarrolladas por EE.UU. en la región. No
faltaban en ese grupo antiguos batistianos corruptos vinculados a la
política local norteamericana.
Un viejo integrante de esa agrupación terrorista declaró a la
prensa años después que contaban con un arsenal que incluía
embarcaciones, pequeños aviones teledirigidos y abundante material
explosivo para implantar el terror en Cuba.
En 1993 el grupo adoptó el nombre de "Frente Nacional Cubano"
y comenzó el reclutamiento de miembros de otras organizaciones
contrarrevolucionarias asentadas en la Florida, el financiamiento de
algunas de sus acciones terroristas y la organización en Centroamérica
de una potente base de apoyo para sus planes terroristas dentro y
fuera de Cuba. Se reclutaron nuevos mercenarios en algunos de estos
países.
El grupo paramilitar de la FNCA entraba a escena como un nuevo "CORU"
(Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas) con algunas
similitudes a la agrupación terrorista creada en 1976, encabezada por
el terrorista Orlando Bosch, en momentos de que George Bush padre
fungía como jefe de la CIA. El antiguo CORU había intentado integrar
el "esfuerzo" de los grupos terroristas anticubanos más activos de
Miami en esos momentos, elevar su eficiencia criminal, lograr una
mayor coherencia en su accionar terrorista contra Cuba y tratar de
lograr, o al menos aparentar, que aquellos actos de horror se
realizaban o planeaban fuera del territorio de EE.UU.
Aquella filosofía convenía también políticamente al Clan Bush y a
la mafia terrorista de Miami en los años noventa, cuando intentaban
dar el último empujón a la Revolución Cubana. Eran los mismos
personajes que en los setenta, solo que había cambiado el momento
histórico.
¿Podrían la CIA o el FBI negar hoy el conocimiento en aquellos
momentos de una estructura terrorista de tal magnitud en plena ciudad
de Miami? En caso afirmativo, ¿qué hicieron para controlarla y evitar
sus actos ilegales, que violaban las leyes de neutralidad de ese país?
WKSCARLET-3
en Centroamérica
Después de facilitar su fuga de Venezuela, donde era enjuiciado por
su participación en el abominable crimen de Barbados, George Bush
padre y la CIA utilizaron al terrorista Luis Posada Carriles entre
1985 y 1986 en lo que fue denominada como la Operación Irán-Contras.
Posada dirigió allí una compleja misión que corroboraba la confianza
puesta en sus hombros: el suministro aéreo a la contra nicaragüense;
la organización logística de aquellos recursos de guerra y la atención
al personal involucrado en la operación. Posada asumió también
acciones operativas al tripular muchos vuelos de suministro de armas y
explosivos. No actuaba por valentía, sino por el pago extra que
Washington entregaba a las tripulaciones por sus vuelos ilegales. Al
conocerse públicamente aquellas actividades que comprometían
directamente al gobierno de Ronald Reagan y a su vicepresidente George
Bush padre, estalló el escándalo Irangate.
Según el volúmen IV de su ficha personal desclasificada por la
agencia, Luis Posada Carriles tuvo para la CIA el criptónico (clave
secreta) de WKSCARLET-3.
Posada tuvo la "honrosa" misión de borrar todo vestigio
comprometedor para la Casa Blanca en el campamento de Ilopango, en El
Salvador, en momentos en que es derribado en Nicaragua uno de aquellos
vuelos clandestinos y producirse el escándalo internacional. Años
después, el propio Posada reconoció haber ocultado una caja con mapas
y otros documentos presuntamente comprometedores, los que ocultó y
trasladó posteriormente hacia Miami. La protección e inmunidad que hoy
recibe este terrorista de la Casa Blanca está relacionada con sus
importantes servicios al Clan Bush y a la CIA en su actuar contra Cuba
por varias décadas. Uno de estos destacados servicios fue precisamente
su participación en aquella operación centroamericana y la posterior
conducta asumida después del escándalo.
Posada Carriles mantuvo total silencio sobre aquellos hechos que
implicaban a la más alta jerarquía de la Casa Blanca. Cuando fue
entrevistado años después por el FBI en febrero de 1992, en una
habitación de la embajada de EE.UU. en Honduras sobre su participación
en el Irán-Contras, trató de encubrir el conocimiento del propio
vicepresidente Bush y de algunos de sus principales colaboradores
sobre aquellas operaciones ilegales. A pesar de reconocer su papel en
la guerra sucia contra Nicaragua, encontrarse prófugo de Venezuela por
el crimen de Barbados y su condición de terrorista activo en
Centroamérica en esos momentos, no fue molestado por el FBI.
En momentos en que tenía lugar la brutal escalada subversiva dentro
de Cuba en los años noventa, Posada Carriles se desplazaba entre
Honduras, El Salvador, Guatemala y Panamá participando en disímiles
actos de terror, muchos de ellos financiados por el grupo paramilitar
de la FNCA. Se involucró en planes de asesinato contra el presidente
Fidel Castro Ruz durante su participación en Cumbres Iberoamericanas u
otras visitas al extranjero. Organizó y ejecutó atentados terroristas
contra intereses cubanos en el exterior. Participó en el contrabando
de armas en la región, brindando entrenamiento a terroristas de origen
cubano, suministrándoles armas y explosivos, que posteriormente fueron
utilizados como parte de la escalada terrorista contra Cuba.
El fracaso de la escalada
terrorista contra Cuba
La operación subversiva iniciada en los años noventa poseía un
componente importante: el magnicidio y otros actos de terror.
Entre 1990 y 1993 tuvieron lugar otras acciones terroristas contra
nuestro territorio por grupos asentados en Miami como Comandos L,
Ejército Libertador Cubano y Ejército Armado Secreto. Estas
actividades consistieron en 3 infiltraciones armadas por las costas de
la Habana, Matanzas y Sancti Spíritus, cuyos integrantes fueron
detenidos y juzgados. Lanchas piratas tripuladas por mercenarios
armados realizaron 3 ataques contra instalaciones turísticas en
Varadero y un buque petrolero de cabotaje que realizaba operaciones
entre puertos cubanos. A finales de ese año, el grupo paramilitar de
la FNCA reclutó en Miami a un ciudadano guatemalteco para realizar
actos terroristas dentro de Cuba, el que fue entrenado y abastecido de
explosivos en un país centroamericano poco después por los criminales
Luis Posada Carriles y Gaspar Jiménez Escobedo. El supuesto terrorista
resultó ser el agente Fraile, de los órganos de la seguridad cubanos.
Entre 1994 y 1996 se recrudeció la escalada terrorista,
participando directamente el grupo paramilitar de la FNCA en algunos
casos o financiando otros: el grupo Alfa-66 realizó 3 ataques piratas
contra el Hotel Guitart en cayo Coco, mientras que el PUND (Partido
Unidad Nacional Democrática) ejecutó otro acto similar contra el Hotel
Meliá Las Américas en Varadero. Este comando, integrado por 3
terroristas armados, fue capturado cuando intentaba escapar en su
lancha rápida que había zarpado horas antes desde territorio
norteamericano. En esas acciones criminales se realizaron disparos de
armas automáticas contra las instalaciones hoteleras repletas de
turistas, con el propósito de crear el caos y el terror y afectar la
entrada de divisas al país por esta vía. En esos años tuvieron lugar
otras infiltraciones armadas en las provincias de Matanzas y Villa
clara de los grupos terroristas Patria y Libertad, Gobierno
Provisional en el Exilio y el PUND. Este último desembarcó cerca de
Caibarién y alevosamente asesinó al trabajador Arcelio Rodríguez
García. Todos los comandos terroristas fueron detenidos y juzgados por
los tribunales cubanos.
En todos los actos de terror mencionados, los autores, sus
embarcaciones y otros armamentos y explosivos, habían salido de
territorio norteamericano. Algunas de aquellas operaciones
paramilitares requirieron de una alta preparación logística, como la
de los terroristas de origen cubano Santos Armando Martínez Rueda y
José Enrique Ramírez Oro, que dirigidos por el terrorista Guillermo
Novo Sampol, a nombre del grupo terrorista de la FNCA, se infiltraron
clandestinamente por la costa norte de Las Tunas, enterraron una
tanqueta plástica que contenía más de 50 libras de explosivo plástico,
abandonaron el país esa misma madrugada y pocos días después arribaron
a Cuba nuevamente como turistas con documentación falsa, resultando
detenidos posteriormente.
¿Cómo era posible que el FBI no hubiera detectado una operación de
tal magnitud? ¿Podía el grupo paramilitar de la FNCA ejecutar
operaciones subversivas tan complejas sin el apoyo de la CIA?
En 1997 detonaron mecanismos explosivos en dos empresas turísticas
cubanas en México y Nassau. En ese mismo año, estallaron algunas
bombas en varios hoteles de La Habana y Varadero, mientras fracasaba
el complot de asesinato contra Fidel en la Cumbre Iberoamericana de
Isla Margarita, Venezuela, a manos de la FNCA. Hasta 1998 se
introdujeron al país 16 explosivos plásticos de alto poder. Sus
autores fueron mercenarios centroamericanos dirigidos por Luis Posada
Carriles, actuando desde esos países, pero financiados desde Miami por
la FNCA. Uno de estos actos monstruosos cegó la vida del joven
italiano Fabio Di Celmo. El asesino Posada Carriles reconoció
posteriormente ante un periodista su relación con aquellos actos de
terror.
Pero nuestro pueblo demostró ante los tribunales con todas las
evidencias legales la responsabilidad criminal de los terroristas
capturados que aprovecharon su condición de turistas para ejecutar
tales crímenes. Sus declaraciones pusieron al descubierto la
responsabilidad de Posada Carriles y la FNCA. Todas las armas
introducidas en las infiltraciones marítimas fueron requisadas.
Nuestras autoridades ocuparon decenas de libras de explosivos de alto
poder, los que hubieran provocado la muerte de muchas personas
inocentes y la destrucción de innumerables objetivos económicos. El
comando de Posada Carriles fue neutralizado y sus acciones y las de la
FNCA fueron denunciadas públicamente.
Los actos de terror en los hoteles se correspondieron con los
objetivos y blancos definidos por la FNCA para tratar de brindar una
imagen de desestabilización interna en Cuba, afectar la industria
turística y agravar aún más nuestra economía.
Después del fracaso de aquella escalada de terror, surgieron nuevos
planes criminales. Posada y sus más cercanos sicarios intentaron una
vez más el magnicidio en la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado
en Panamá en el año 2000, pero sus intentos fueron frustrados gracias
a la denuncia de nuestro Comandante en Jefe.
A pesar del bloqueo y la guerra económica, los actos de subversión
política y la brutal escalada terrorista durante los años noventa, la
Revolución enfrentó victoriosamente las adversidades. Junto a su
pueblo, con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz al frente,
garantizó el nivel de salud y educación alcanzado hasta ese momento y
los recursos esenciales para recuperarnos y salir del Periodo
Especial.
La brutal operación subversiva de los años noventa había fracasado.
Nuestro gobierno denunció sistemáticamente aquellos actos de terror y
trasladó a las autoridades norteamericanas evidencias de los mismos,
datos de los ejecutores directos detenidos en Cuba, así como de sus
cómplices y autores intelectuales en EE.UU. Sin embargo, estos últimos
continuaron elucubrando nuevos proyectos terroristas contra Cuba.
Ninguno fue siquiera molestado.
Pero el clan fascista de Bush y sus aliados en la mafia de Miami no
podían aceptar semejante derrota. Los heroicos combatientes
antiterroristas cubanos luchaban contra esos crímenes en la propia
guarida de Miami, para proteger no solo al pueblo cubano, sino también
al norteamericano, pero fueron objeto de una represalia sin límites.
La larga e injusta prisión de nuestros Cinco Héroes y la brutal
represión a la que son sometidos junto a sus familiares, casi nueve
años después de su detención, son expresión de ese sentimiento de
frustración y venganza del enemigo por su fracaso. Sin embargo,
protegen al terrorista mayor de este continente, Luis Posada Carriles
El pueblo cubano seguirá luchando por la liberación de sus Cinco
Héroes y para que el asesino Luis Posada Carriles sea finalmente
condenado por sus crímenes contra la humanidad. |