Del asunto no se habló para nada en los medios de comunicación
hispanos de Miami: la preocupación entre lo más recalcitrante de la
extrema derecha cubanoamericana de esa ciudad del sur de Florida
acerca de los cambios, desde la Casa Blanca, en varios departamentos
tienen que ver ni más ni menos con el tema cubano.
Hace poco, dos altos oficiales del Departamento de Estado, Stephen
Mc Farland y Timothy Zúñiga Brown, quienes ocupaban los puestos número
uno y dos en el llamado Buró Cuba, fueron trasladados lejos, a Iraq,
para trabajar en la peligrosa Zona Verde de Bagdad; en su lugar quedó
provisionalmente el tercero en jerarquía, John Regan.
Se supo también que Adolfo Franco, administrador adjunto para
América Latina y el Caribe de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo
Internacional (USAID), renunció a su puesto para enrolarse en la
campaña presidencial del senador John McCain y fue reemplazado por
Paul Bonicelli, quien procede de una universidad privada de Virginia.
Otro que dijo adiós fue David Muchler, director de la USAID para
asuntos cubanos, léase a cargo del financiamiento de los mercenarios
dentro del país y la promoción de eventos de la contrarrevolución en
naciones europeas. Mientras, Norman Bailey, coordinador de cuestiones
de inteligencia vinculadas con la Isla y Venezuela, fue conminado a
dimitir al tomar posesión el almirante retirado Mike McConnell como
actual director de la Oficina Nacional de Inteligencia estadounidense.
Los rumores en Washington sobre estos cambios son diversos, pero al
parecer todo obedece a la necesidad de ponerle coto al ridículo,
porque tantos funcionarios ocupados en recopilar informaciones sobre
la supuesta inminente muerte de Fidel, demostraron, al final, que
ninguno dio en la diana y que sus conclusiones eran escandalosamente
falsas.
Tal es así que el ex jefe de inteligencia John Negroponte afirmó en
diciembre, durante una entrevista, que Fidel estaba cercano a morir y
apenas cuatro semanas después argumentó ante el Senado que el líder de
la Revolución tenía los días contados. Con tales informes hasta el
propio Bush aceleró los planes para una "Cuba post Castro".
Eso explica los quita y pon que se sucedieron.
La demencial obsesión procedente de la cúpula del poder en aquel
país no tiene parangón. Desde que en 1958 el agente del FBI, Allen
Robert Nye, fue capturado en la Sierra Maestra con un fusil calibre 30
y el claro objetivo de frustrar, con la muerte, el ideario del
entonces joven líder guerrillero, hasta el más reciente episodio
conocido, protagonizado por el terrorista Luis Posada Carriles,
durante la Cumbre Iberoamericana de Panamá, en el año 2000, se han
fraguado más de 630 intentos por eliminar físicamente al Comandante en
Jefe.
Ahora, sin duda, les duelen las más recientes imágenes de un Fidel
que continúa en la batalla.
Un despacho de la agencia Reuters fechado en Washington el 24 de
abril lo confirma: "Funcionarios de inteligencia de Estados Unidos,
que pocos meses atrás parecían atentos a un posible deceso del
presidente cubano, Fidel Castro, creen ahora que su salud se está
recuperando y no descartan su regreso total al poder".