SANTIAGO
DE CUBA.— Si algún extranjero hubiera aterrizado a las 10:00 a.m. en
el terreno número 1 de la Ciudad Deportiva el miércoles 25 se
pondría las manos en la cabeza: ¡ponerse a correr y tirar una pelota
bajo este sol! Pero este es Santiago, no nos asombréis de nada, dijo
el poeta. Y, por eso, 30 hombres continúan su entrenamiento,
chorreando sudor de la cabeza a los pies.
Al frente de ellos un hombre alto y corpulento, con pinta de
atleta, imparte instrucciones. Antes me había dicho: "dame unos
minutos para organizar el trabajo y enseguida estoy contigo".
Cumple
con su palabra como todo un caballero y ya estoy al lado de él,
afortunadamente, pues Antonio Pacheco Massó habla muy bajito, casi
sin gesticulaciones, sin mover las manos, escuchando atentamente
cada pregunta.
Santiago tuvo dos momentos muy difíciles durante la temporada, la
baja definitiva de Danny Betancourt y el descenso de la ofensiva vs.
Villa Clara. Coméntame sobre esto.
"Sí, tienes razón. La muy lamentable baja de Danny ocurrió a
principio de la etapa clasificatoria y eso nos dio tiempo para
reajustar nuestro pitcheo. Le dimos oportunidades a Yaumier Sánchez
para abrir y Cintra también respondió, ganando once juegos. Al final
se nos recuperó Ormary y entre todos suplieron lo que parecía muy
difícil, pues Danny era nuestro primer lanzador en la rotación.
"Lo
del descenso en el bateo no asombra a quien sabe de pelota. Un
equipo que terminó promediando 302, liderando casi todos los
departamentos, tiene que bajar en algún momento de la competencia.
Salimos bien ante Camagüey, pero después el pitcheo de Villa Clara
nos dominó en los cinco primeros partidos. Nos reunimos con los
jugadores, hablamos con ellos, les explicamos que eso era normal y
que saldrían del slump. Los resultados están a la vista y por eso te
digo que Santiago es un equipo grande, que siempre supo crecerse en
los momentos difíciles, sin perder nunca la fe."
Algunos dicen que eres un mentor pasivo.
"Sí, he escuchado eso y me alegro que me lo preguntes. Yo soy
así, tengo un temperamento tranquilo y, además, una convicción: yo
no puedo ofender a un atleta porque se le vaya un rolling o se
ponche con las bases llenas. Fui jugador y eso me pasó a mí también,
por tanto sé cómo uno se siente en ese momento. Más que un regaño,
lo que se necesita a esa hora es un consejo y un brazo echado por
encima del hombro. Lo que sí no permito son indisciplinas de ningún
tipo. Nadie puede llegar tarde a un entrenamiento o a coger la
guagua. Hace dos años tuve que sacar del equipo, con el dolor de mi
alma, a Rey Isaac. En el último juego de la final ante Industriales,
en abril pasado, no alineó Ronnier Mustelier por una falta. Muchos
me criticaron, pero miren ahora como rindió Mustelier."
Eres un mentor ganador, sin duda. ¿Estás listo para dirigir el
Cuba?
"Sí, lo estoy. Pienso que dirigir un equipo provincial es más
difícil, hay mucha presión popular y tienes hombres distintos,
algunos hechos, otros no. La mayoría de los que llegan al Cuba ya
poseen una formación técnica, táctica y disciplinaria. Además —lo
vimos en el Clásico Mundial—, salen al terreno como tigres.
"Si te digo que el Cuba representa una gran responsabilidad, un
compromiso muy serio con todos los cubanos, con la patria, que yo
sabré asumir como siempre he hecho cada vez que se me ha asignado
una tarea. Y también pediría que me dejen escoger al colectivo. Por
ejemplo, yo tengo uno ideal aquí, con Escaurido, Larduet, Kindelán,
Alemán, Diez-Siré con el cual trabajo a las mil maravillas y en
armonía."
Tu opinión sobre la Serie, los play off.
"Me han gustado los play off. Un tremendo colorido, los fanáticos
de Industriales vestidos de azul, con gorras y pulóveres, al igual
que los de Santiago de rojo. Es algo que se había perdido. La Serie
estuvo bien, pero hay que revisar los terrenos, no solo los de los
municipios, pues hay problemas que atentan especialmente contra la
defensa. Sé también las dificultades que tiene el país, pero se
necesitan más implementos, más bates, más pelotas, más guantes, más
guantillas (no le puedes pedir a un hombre que haga 200-300 swines
en un entrenamiento sin guantillas, se le destrozan las manos)."
El hipotético extranjero aterrizado nadie sabe cómo en el terreno
debe haberse desmayado. ¡Todavía siguen corriendo los peloteros
indómitos bajo el sol! Pacheco se despide con un apretón de manos,
hablándome de sus tres hijos, dos varones de 17 y 7 años y una
hembra de 10 (el más chiquito quiere ser pitcher, me dice con
una media sonrisa) y trota hacia el terreno, para compartir el
intenso calor con sus muchachos. Así también los respeta.