Con Pacheco, a la hora del triunfo

“Soy un mentor que respeta a sus atletas”

Santiago fue siempre un equipo grande

SIGFREDO BARROS
sigfredo.bs@granma.cip.cu

Foto: Ricardo lópez heviaSANTIAGO DE CUBA.— Si algún extranjero hubiera aterrizado a las 10:00 a.m. en el terreno número 1 de la Ciudad Deportiva el miércoles 25 se pondría las manos en la cabeza: ¡ponerse a correr y tirar una pelota bajo este sol! Pero este es Santiago, no nos asombréis de nada, dijo el poeta. Y, por eso, 30 hombres continúan su entrenamiento, chorreando sudor de la cabeza a los pies.

Al frente de ellos un hombre alto y corpulento, con pinta de atleta, imparte instrucciones. Antes me había dicho: "dame unos minutos para organizar el trabajo y enseguida estoy contigo".

Cumple con su palabra como todo un caballero y ya estoy al lado de él, afortunadamente, pues Antonio Pacheco Massó habla muy bajito, casi sin gesticulaciones, sin mover las manos, escuchando atentamente cada pregunta.

Santiago tuvo dos momentos muy difíciles durante la temporada, la baja definitiva de Danny Betancourt y el descenso de la ofensiva vs. Villa Clara. Coméntame sobre esto.

"Sí, tienes razón. La muy lamentable baja de Danny ocurrió a principio de la etapa clasificatoria y eso nos dio tiempo para reajustar nuestro pitcheo. Le dimos oportunidades a Yaumier Sánchez para abrir y Cintra también respondió, ganando once juegos. Al final se nos recuperó Ormary y entre todos suplieron lo que parecía muy difícil, pues Danny era nuestro primer lanzador en la rotación.

"Lo del descenso en el bateo no asombra a quien sabe de pelota. Un equipo que terminó promediando 302, liderando casi todos los departamentos, tiene que bajar en algún momento de la competencia. Salimos bien ante Camagüey, pero después el pitcheo de Villa Clara nos dominó en los cinco primeros partidos. Nos reunimos con los jugadores, hablamos con ellos, les explicamos que eso era normal y que saldrían del slump. Los resultados están a la vista y por eso te digo que Santiago es un equipo grande, que siempre supo crecerse en los momentos difíciles, sin perder nunca la fe."

Algunos dicen que eres un mentor pasivo.

"Sí, he escuchado eso y me alegro que me lo preguntes. Yo soy así, tengo un temperamento tranquilo y, además, una convicción: yo no puedo ofender a un atleta porque se le vaya un rolling o se ponche con las bases llenas. Fui jugador y eso me pasó a mí también, por tanto sé cómo uno se siente en ese momento. Más que un regaño, lo que se necesita a esa hora es un consejo y un brazo echado por encima del hombro. Lo que sí no permito son indisciplinas de ningún tipo. Nadie puede llegar tarde a un entrenamiento o a coger la guagua. Hace dos años tuve que sacar del equipo, con el dolor de mi alma, a Rey Isaac. En el último juego de la final ante Industriales, en abril pasado, no alineó Ronnier Mustelier por una falta. Muchos me criticaron, pero miren ahora como rindió Mustelier."

Eres un mentor ganador, sin duda. ¿Estás listo para dirigir el Cuba?

"Sí, lo estoy. Pienso que dirigir un equipo provincial es más difícil, hay mucha presión popular y tienes hombres distintos, algunos hechos, otros no. La mayoría de los que llegan al Cuba ya poseen una formación técnica, táctica y disciplinaria. Además —lo vimos en el Clásico Mundial—, salen al terreno como tigres.

"Si te digo que el Cuba representa una gran responsabilidad, un compromiso muy serio con todos los cubanos, con la patria, que yo sabré asumir como siempre he hecho cada vez que se me ha asignado una tarea. Y también pediría que me dejen escoger al colectivo. Por ejemplo, yo tengo uno ideal aquí, con Escaurido, Larduet, Kindelán, Alemán, Diez-Siré con el cual trabajo a las mil maravillas y en armonía."

Tu opinión sobre la Serie, los play off.

"Me han gustado los play off. Un tremendo colorido, los fanáticos de Industriales vestidos de azul, con gorras y pulóveres, al igual que los de Santiago de rojo. Es algo que se había perdido. La Serie estuvo bien, pero hay que revisar los terrenos, no solo los de los municipios, pues hay problemas que atentan especialmente contra la defensa. Sé también las dificultades que tiene el país, pero se necesitan más implementos, más bates, más pelotas, más guantes, más guantillas (no le puedes pedir a un hombre que haga 200-300 swines en un entrenamiento sin guantillas, se le destrozan las manos)."

El hipotético extranjero aterrizado nadie sabe cómo en el terreno debe haberse desmayado. ¡Todavía siguen corriendo los peloteros indómitos bajo el sol! Pacheco se despide con un apretón de manos, hablándome de sus tres hijos, dos varones de 17 y 7 años y una hembra de 10 (el más chiquito quiere ser pitcher, me dice con una media sonrisa) y trota hacia el terreno, para compartir el intenso calor con sus muchachos. Así también los respeta.

 

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