Semana de receso docente

Jornadas para el juego y la instrucción

 Pastor Batista Valdés Texto y fotos

Como cualquier niño, también a la pequeña Dora Eulalia le hubiera gustado visitar lugares, verse colmada de atenciones y cariño entre esos bien allegados familiares que viven en la ciudad de Las Tunas, en la capital o en cualquier rincón del país.

Expresiones así se multiplican, frente a artistas como el mago Amaury o la escritora Lesbia de la Fe.

Pero si el pasado lunes alguien la hubiese puesto a escoger, le habría dicho lo mismo que a mí: prefiero quedarme la semana de receso aquí, en San Antonio, en mi escuelita rural Otto Parellada.

Para decidirlo le sobraban motivaciones, no siempre comprendidas por algunos padres que ven en esa semana una oportunidad para enviar a los niños a la casa de abuelos, tíos u otros parientes, llevarlos al campismo o aplicar alternativas no precisamente vinculadas con el medio escolar.

El receso docente no se concibió para eso. Como insiste Gladys Vázquez, directora provincial de educación, es un breve alto en las clases, ejercicios, exámenes, tareas... pero no en el vínculo con la escuela que, por el contrario, se refuerza como epicentro cultural y recreativo de la comunidad, mediante opciones a la medida y al gusto de los niños.

Como Virgen y Tatiana (en primer plano) miles de niños se inclinan por el ajedrez en los días de asueto docente.

A MÍ ME GUSTARÍA...

El primer logro es que los propios niños se conviertan en "artesanos directos" de su programa, al sugerir qué juegos, experiencias y entretenimientos les gustaría realizar en la semana.

Fue algo maravilloso —afirma Daritza Ramírez Hidalgo, estudiante de la escuela José Ramírez López, en las Parras, Majibacoa— porque pedimos la palabra para decir: a mí me gustaría jugar pelota, yo quisiera ver las aventuras de Elpidio Valdés, pues a mí me encantaría competir en ajedrez, y a mí participar en una caminata hacia un lugar histórico...

Algunos prefieren una fresca
sombra donde bailar.

Sobre esa base fue más fácil hacer lo que explica Elizabeth Montoya Borrego, la directora: "Nos reunimos con los padres, explicamos los objetivos y características de la semana, las propuestas de los niños, escuchamos opiniones, pedimos su compresión e interactuamos con los factores del barrio y del Consejo Popular".

Por ello, mientras unos niños se sentían en ese momento "morenas o morenos del Caribe" en la cancha de voleibol, otros bailaban bajo la fresca sombra de un árbol, apreciaban un dibujo animado o se entretenían aprendiendo en la computadora, jugando dominó, armando un rompecabezas en forma de archipiélago o correteando de un lado para otro, sin decidir aún por cual optar entre tantas opciones.

Tatiana Rubio González (tercer grado) y Virgen Aguilera Pérez (de quinto) no estuvieron en esa disyuntiva. Desde el principio "se apoderaron" de un tablero, bajo un almendro, acaso inspiradas en la destacada trebejista cubana Yanet Marrero, oriunda precisamente de Majibacoa, o en Lázaro Bruzón y Leinier Domínguez, glorias de Cuba y del mundo.

"Este deporte es muy lindo —exclamóTatiana— porque nos entretiene, estamos tranquilas y desarrollamos la inteligencia."

¿QUIÉN CONVOCA A QUIÉN?

Al apreciar la dicha de esos pequeños, saber que por sus resultados Agner Lara y tres estudiantes más disfrutaron días imborrables en La isla de los niños (Holguín) o al ver convertidas en excelentes titiriteras a Yuleisis Pérez y Yeliannis Lores (alumnas de otra escuelita, ubicada en Río Ramírez) uno puede preguntarse: ¿quién convoca a quién?

Pareciera que cada centro llamó a sus estudiantes a participar en esa semana de asueto docente, no excluido de aprendizaje. O que Educación convocó a sectores como el de cultura, deportes, gastronomía, comunales, a los combatientes o a las estructuras de la comunidad, para que conformaran sus planes y se insertaran en el programa general...

Pero en verdad fueron los niños (nuestros hijos, sobrinos, nietos, vecinos...) quienes nos convocaron para que les regalásemos "una semana inmensa".

Solo que ante un empeño así, la escuela nunca puede estar aislada.

Para que el seminternado Rafael Martínez (en Las Tunas), la escuela especial Pelayo Paneque o la lejana escuelita asentada en Guayabal (litoral sur) se estremecieran de alegría, no bastaba la envidiable base material y tecnológica que tiene hoy todo centro docente: equipos de video, computadoras, literatura, implementos deportivos, así como talento artístico estudiantil, capacidad del claustro para organizar juegos, encuentros de conocimientos, excursiones...

Cuando las direcciones de educación en la provincia y municipios tuneros llamaron a otros organismos e instituciones, sabían que la esencia del proyecto cubano permitiría un alto grado de cooperación y que la inserción de magos, trabajadores del Guiñol, promotores culturales, técnicos deportivos, combatientes internacionalistas y líderes comunitarios, era vital para los propósitos recreativos y educativos del programa.

Pero no siempre, ni en todas partes, fue igual el concurso. Mientras en la provincia, las instituciones de cultura y el INDER (rector de la actividad deportiva) "se adueñaban" de las escuelas, en opinión de padres y maestros la palidez sombreaba el rostro de sectores como el gastronómico, el alimenticio o el de comunales, los que con un poco más de imaginación e iguales recursos, hubieran podido tener mayor presencia en las ofertas y en la transformación de parques infantiles y áreas recreativas, donde también concurren los niños durante esos días.

Aun así, Las Tunas, sus municipios y muchos consejos populares vibraron el lunes 16, ante el desfile "organizado por la realidad a la medida de la esperanza".

Y mientras alumnos de Vedado 6, en el norte tunero, realizaban su festival de poesía, o los de Manatí participaban en juegos para estimular el conocimiento, en las demás escuelas bullía un enjambre de niñas y niños, tan animados como otros miles que tal vez a esa misma hora jugaban, aprendían o situaban flores en tarjas y sitios históricos.

 

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