Desde que vino al mundo María Cristina Torres Benítez no ha visto
"otra cosa que no sea tabaco y ya cumplí los 58". Por mi padre,
cuenta, aprendí a hacerlo todo en una vega, aunque desde niña mi
preferido es el ensarte. Ella y su esposo están jubilados, "pero
seguimos trabajando en la cooperativa porque así entra más dinero a la
casa, y si me quedo trancada entre cuatro paredes, se me marchita la
vida".
Al octogenario Leocadio Valle Díaz le ocurre igual. "No exagero¼ ,
en los últimos 20 años he ido al médico una sola vez porque me cayó
mal la comida, y de medicinas, cuando más una aspirina, para aliviarme
la circulación". Aunque va al campo "a ayudar, sin compromiso alguno",
su vitalidad y rendimientos inspiran a los más jóvenes en el área
número 6 de la finca La Yaya. De ello dan fe los hermanos Rodovaldo y
Orlando Fernández, fundadores de la CPA.
Ambos aprecian el esfuerzo colectivo como un "asunto de familia",
pues Leocadio es suegro de Orlando y junto a ellos trabaja uno de los
sobrinos, Lisbel Fernández.
En la CPA, explica Rodovaldo, tenemos el compromiso de sembrar como
mínimo 30 000 posturas por hombre. "Lo hacemos todo, desde el cuidado
de los semilleros, las atenciones culturales en las vegas, hasta la
cosecha y el ensarte de las hojas; por ahí nos miden, y se nos paga".
Para Rodovaldo, "ver que el trabajo da alegría y bienestar
económico, es lo mejor que a uno le puede ocurrir en la vida". Si de
agricultura saca cuentas, lo suyo empieza y termina con el tabaco;
aunque respalda plenamente la insistencia del presidente de la
cooperativa de aumentar las siembras de viandas, frijoles, arroz¼ ,
para asegurar la comida de la casa y entregar a Acopio.
Pero nada, advierte, puede ir contra el tabaco. "Entre una y otra
cosecha, solo sembramos en esas tierras lo que no perjudica a la
planta, y mejora los suelos". De ahí, el empleo de "pequeños pedazos
en los lotes, y de otro más grande cerca de las lomas, donde nos
unimos todos los cooperativistas para producir alimentos. Si no fuera
así, no tendría guardados en mi casa el arroz y los frijoles para el
año entero".
En el área 11 de la finca Las Delicias, Francisco Martín Márquez
dirige formalmente a sus hermanos Luis Alberto y Domingo; mas dicen
que allí "hay tres jefes", empeñados por igual en sacar adelante cada
cosecha, en un sitio de tierras buenas donde habitualmente siembran
127 000 posturas.
Dentro de la familia, todo el mundo ayuda, explica Domingo, al
referirse a la participación de Nieves Luisa (esposa de Francisco) y
de la suya (Berta Morejón), quienes en calidad de cooperativistas se
ocupan fundamentalmente del ensarte. También cuentan con Caridad, Cruz
y Reinaldo, otros tres hermanos, dueños de una vega cercana, "pues
nosotros hacemos lo mismo por ellos".
De la cosecha a punto de terminar esperan positivos dividendos. "el
tabaco se nos dio bien, pese a los vaivenes del clima", asevera
Francisco. De la anterior, precisa, tampoco pudimos quejarnos, al
final de año repartimos entre los cinco socios 18 000 pesos de
utilidades y 2 075 pesos convertibles (CUC), por la calidad de las
hojas.
Gracias a esos ingresos, ejemplifica Domingo, no tenemos deudas con
el Banco: cuando nos dieron el refrigerador, la cocina, la olla de
presión eléctrica, y los demás equipos nuevos que está entregando el
Estado, pudimos pagarlos al contado.
En el 2006, la CPA Niceto Pérez, repartió entre sus integrantes 361
322 pesos por utilidades y 41 262 CUC, precisan el económico Juan
Vicente Llamazares Gil y la ingeniera agrónoma Marisol Lezcano
Domínguez, miembros de la Junta Directiva de la cooperativa.
Divididas en 36 parcelas, las tierras tabacaleras de la CPA tienen
desde hace varios años "mejores posibilidades para ser explotadas con
eficiencia", opina la ingeniera; pues "con la división aplicamos el
concepto de vinculación de los hombres al área". Significa, entre
otras cosas, que registramos por separado los contratos productivos,
los anticipos, la entrega de fertilizantes¼ , los resultados de las
cosechas y los ingresos de cada área; ello sirve de base a la
emulación interna y ayuda a que cada socio tenga presente una idea
fundamental: ganará cuanto sea capaz de producir, sostiene Marisol.
Nunca nos han faltado amor al tabaco, cultura familiar en su
cultivo, agua y tierras buenas, advierte el presidente de la CPA. "Sin
embargo, hubo una época en que la cooperativa empezó a ir para atrás,
pues se veían los resultados de manera global. Lo mismo daba que unos
fueran más eficientes que otros, porque todo el mundo ganaba lo mismo,
independientemente de los resultados personales".
Cuando a finales de 1994 y principios de 1995, comenzaron los
primeros cambios en la organización del trabajo, "apenas llegábamos a
209 quintales por caballería. El costo por peso de producción había
subido a 80 centavos —hoy lo tenemos en 38, dentro de la actividad
directa en el tabaco, y a 47, el costo total—; no podíamos prescindir
de unos 80 movilizados permanentes y recibíamos cerca de 120
estudiantes como fuerza laboral de apoyo en la época de Escuela al
Campo", compara Miguel Ángel Rivera.
"A mí, como presidente de la CPA, se me iba casi todo el tiempo
‘enredado’ en procurar comida, albergue y transporte para los obreros
movilizados y los alumnos."
Nuestra gente, afirma, es la misma: personas nobles, trabajadoras,
acostumbradas a la faena difícil. "¡¿Lo diferente¼ ?! Rescatamos el
sentimiento de pertenencia".
Actualmente, sopesa, contamos con menos tractores; tengo uno solo
funcionando y sin condiciones técnicas para roturar. "Preparamos las
tierras con 36 yuntas de bueyes, patrimonio de la CPA; disponemos de
11 caballerías usadas en el pastoreo, y de 3,5 sembradas de pinos y
eucaliptos. Por esa vía, también vamos aumentando la producción de
madera y de cujes para nuestras 36 casas de tabaco".
Al decir de Rivera, los éxitos de su cooperativa, Vanguardia
Nacional desde 1995 hasta la fecha, responden a una premisa
fundamental: Buscan en el trabajo diario que el concepto de lo mío no
esté divorciado del de lo nuestro; porque han de halar parejo al
estilo de una buena yunta de bueyes.