Cooperativa Niceto Pérez

La yunta entre lo mío y lo nuestro

Una CPA con elevados rendimientos en vegas finas de tabaco negro cultivado al sol

María Julia Mayoral y Jorge luis gonzález (Fotos)
ma.julia@granma.cip.cu

A la cooperativa Niceto Pérez, con sus vegas finas de tabaco negro cultivado al sol, casi nunca le ha ido mal. Constituida en 1979, tiene como aval del éxito el rendimiento histórico de 501 quintales por caballería. Sin embargo, para su actual presidente, las cosas comenzaron a ir mejor desde que resolvieron el conflicto entre lo mío y lo nuestro.

Cuestión de familia.

Ubicada en el occidental municipio de San Juan y Martínez, autotitulado la Meca del tabaco en Cuba, esta CPA (Cooperativa de Producción Agropecuaria) finalizó la campaña del 2005-2006 con 516 quintales de rendimiento promedio, el más alto entre sus similares en ese afamado territorio de Pinar del Río. Ahora, sus socios atraviesan las tensiones de otro final de cosecha, en medio de una situación climática poco favorable y con lotes que no escaparon a los dañinos efectos de una enfermedad llamada pata negra. No obstante, ya tienen a buen recaudo más de 94 000 cujes de tabaco principal (de alta calidad) y otros 10 000, cuyas hojas servirán para capadura.

Miguel Ángel Rivera Vena, al frente de la CPA desde 1990, asegura que esta vez terminarán con más de 1 470 quintales recolectados en 5,1 caballerías, para un rendimiento medio de casi 300 quintales.

ASUNTO DE FAMILIA

Continuidad de tradiciones.

Desde que vino al mundo María Cristina Torres Benítez no ha visto "otra cosa que no sea tabaco y ya cumplí los 58". Por mi padre, cuenta, aprendí a hacerlo todo en una vega, aunque desde niña mi preferido es el ensarte. Ella y su esposo están jubilados, "pero seguimos trabajando en la cooperativa porque así entra más dinero a la casa, y si me quedo trancada entre cuatro paredes, se me marchita la vida".

Al octogenario Leocadio Valle Díaz le ocurre igual. "No exagero¼ , en los últimos 20 años he ido al médico una sola vez porque me cayó mal la comida, y de medicinas, cuando más una aspirina, para aliviarme la circulación". Aunque va al campo "a ayudar, sin compromiso alguno", su vitalidad y rendimientos inspiran a los más jóvenes en el área número 6 de la finca La Yaya. De ello dan fe los hermanos Rodovaldo y Orlando Fernández, fundadores de la CPA.

Ambos aprecian el esfuerzo colectivo como un "asunto de familia", pues Leocadio es suegro de Orlando y junto a ellos trabaja uno de los sobrinos, Lisbel Fernández.

En la CPA, explica Rodovaldo, tenemos el compromiso de sembrar como mínimo 30 000 posturas por hombre. "Lo hacemos todo, desde el cuidado de los semilleros, las atenciones culturales en las vegas, hasta la cosecha y el ensarte de las hojas; por ahí nos miden, y se nos paga".

Para Rodovaldo, "ver que el trabajo da alegría y bienestar económico, es lo mejor que a uno le puede ocurrir en la vida". Si de agricultura saca cuentas, lo suyo empieza y termina con el tabaco; aunque respalda plenamente la insistencia del presidente de la cooperativa de aumentar las siembras de viandas, frijoles, arroz¼ , para asegurar la comida de la casa y entregar a Acopio.

Pero nada, advierte, puede ir contra el tabaco. "Entre una y otra cosecha, solo sembramos en esas tierras lo que no perjudica a la planta, y mejora los suelos". De ahí, el empleo de "pequeños pedazos en los lotes, y de otro más grande cerca de las lomas, donde nos unimos todos los cooperativistas para producir alimentos. Si no fuera así, no tendría guardados en mi casa el arroz y los frijoles para el año entero".

En el área 11 de la finca Las Delicias, Francisco Martín Márquez dirige formalmente a sus hermanos Luis Alberto y Domingo; mas dicen que allí "hay tres jefes", empeñados por igual en sacar adelante cada cosecha, en un sitio de tierras buenas donde habitualmente siembran 127 000 posturas.

Dentro de la familia, todo el mundo ayuda, explica Domingo, al referirse a la participación de Nieves Luisa (esposa de Francisco) y de la suya (Berta Morejón), quienes en calidad de cooperativistas se ocupan fundamentalmente del ensarte. También cuentan con Caridad, Cruz y Reinaldo, otros tres hermanos, dueños de una vega cercana, "pues nosotros hacemos lo mismo por ellos".

De la cosecha a punto de terminar esperan positivos dividendos. "el tabaco se nos dio bien, pese a los vaivenes del clima", asevera Francisco. De la anterior, precisa, tampoco pudimos quejarnos, al final de año repartimos entre los cinco socios 18 000 pesos de utilidades y 2 075 pesos convertibles (CUC), por la calidad de las hojas.

Gracias a esos ingresos, ejemplifica Domingo, no tenemos deudas con el Banco: cuando nos dieron el refrigerador, la cocina, la olla de presión eléctrica, y los demás equipos nuevos que está entregando el Estado, pudimos pagarlos al contado.

En el 2006, la CPA Niceto Pérez, repartió entre sus integrantes 361 322 pesos por utilidades y 41 262 CUC, precisan el económico Juan Vicente Llamazares Gil y la ingeniera agrónoma Marisol Lezcano Domínguez, miembros de la Junta Directiva de la cooperativa.

Divididas en 36 parcelas, las tierras tabacaleras de la CPA tienen desde hace varios años "mejores posibilidades para ser explotadas con eficiencia", opina la ingeniera; pues "con la división aplicamos el concepto de vinculación de los hombres al área". Significa, entre otras cosas, que registramos por separado los contratos productivos, los anticipos, la entrega de fertilizantes¼ , los resultados de las cosechas y los ingresos de cada área; ello sirve de base a la emulación interna y ayuda a que cada socio tenga presente una idea fundamental: ganará cuanto sea capaz de producir, sostiene Marisol.

LA YUNTA

Nunca nos han faltado amor al tabaco, cultura familiar en su cultivo, agua y tierras buenas, advierte el presidente de la CPA. "Sin embargo, hubo una época en que la cooperativa empezó a ir para atrás, pues se veían los resultados de manera global. Lo mismo daba que unos fueran más eficientes que otros, porque todo el mundo ganaba lo mismo, independientemente de los resultados personales".

Cuando a finales de 1994 y principios de 1995, comenzaron los primeros cambios en la organización del trabajo, "apenas llegábamos a 209 quintales por caballería. El costo por peso de producción había subido a 80 centavos —hoy lo tenemos en 38, dentro de la actividad directa en el tabaco, y a 47, el costo total—; no podíamos prescindir de unos 80 movilizados permanentes y recibíamos cerca de 120 estudiantes como fuerza laboral de apoyo en la época de Escuela al Campo", compara Miguel Ángel Rivera.

"A mí, como presidente de la CPA, se me iba casi todo el tiempo ‘enredado’ en procurar comida, albergue y transporte para los obreros movilizados y los alumnos."

Nuestra gente, afirma, es la misma: personas nobles, trabajadoras, acostumbradas a la faena difícil. "¡¿Lo diferente¼ ?! Rescatamos el sentimiento de pertenencia".

Actualmente, sopesa, contamos con menos tractores; tengo uno solo funcionando y sin condiciones técnicas para roturar. "Preparamos las tierras con 36 yuntas de bueyes, patrimonio de la CPA; disponemos de 11 caballerías usadas en el pastoreo, y de 3,5 sembradas de pinos y eucaliptos. Por esa vía, también vamos aumentando la producción de madera y de cujes para nuestras 36 casas de tabaco".

Al decir de Rivera, los éxitos de su cooperativa, Vanguardia Nacional desde 1995 hasta la fecha, responden a una premisa fundamental: Buscan en el trabajo diario que el concepto de lo mío no esté divorciado del de lo nuestro; porque han de halar parejo al estilo de una buena yunta de bueyes.

 

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