La indignación se revierte en nuevas energías

Pastor Batista Valdés

Foto: Reynldo López PeñaLas Tunas.— Al clamor de quienes laboran en la fábrica de tabacos Enrique Casals (uno de los primeros colectivos en condenar la infame decisión en torno al terrorista Luis Posada Carriles), siguen sumándose voces de obreros, campesinos, estudiantes, combatientes, artistas, intelectuales, amas de casa, jubilados y pueblo en general, como expresión de una postura que identifica a más de 530 000 habitantes asentados en esta oriental provincia.

Cada vez más personas coinciden con criterios como el expuesto por Digna Hidalgo, del sector tabacalero, al considerar el fallo de la jueza federal de El Paso "una falta de respeto hacia Cuba (víctima directa del terror organizado y ejecutado por Posada), una ofensa contra Venezuela (país con todo el derecho a pedir la extradición y enjuiciamiento de ese criminal) y una burla contra todas las naciones del mundo".

Con la habitual capacidad de revertir la indignación que generan hechos así en energías para fortalecer a la Revolución, los trabajadores del Hospital Guillermo Domínguez (en la norteña Villa Azul de Puerto Padre) han sellado una vez más su apego a la vida humana y a la salud del proyecto cubano, posición válida para el personal de los hospitales Ernesto Guevara y el Pediátrico Mártires de Las Tunas, el de la sede del Comité Provincial del Partido, empresas de confecciones textiles y de aceros inoxidables (en la ciudad cabecera) así como artistas y trabajadores sociales de Amancio Rodríguez, en el extremo sur del territorio, entre otros.

A la par de la viril condena, continúa el respaldo al artículo La brutal respuesta, publicado en nuestro diario y tratado ampliamente por toda la prensa nacional y los medios internacionales.

 

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