En
los momentos en que la economía mundial tropieza inestable, el
director de una de sus máximas instituciones acaba de ser atrapado en
un acto de corrupción, una de las acusaciones que los desarrollados
hacen constantemente al Tercer Mundo.
Paul Wolfowitz, promotor de la guerra contra Iraq cuando estaba en
el Pentágono, y que recibió de premio el manejo del Banco Mundial (BM)
de manos de su socio Bush después que el mundo clamara contra él y su
belicismo, cayó fácilmente en la trampa de meter la mano donde había
una ratonera.
El nuevo jefe logró un buen puesto en el Departamento de Estado
para su compañera sentimental Shaha Ali Riza, pero manteniéndola en la
nómina del Banco (algo usual), con el rasgo de que le agregó un
aumento de sueldo que llegó a 193 000 dólares al año, 7 000 más que la
secretaria de Estado Condoleezza Rice.
El neoconservador ha armado en el organismo financiero una especie
de "piña" que ha provocado la protesta de los funcionarios.
Wolfowitz ha sido causante en el Banco de una serie de
enfrentamientos con la Asociación de Empleados, que comenzó poco
tiempo después de su llegada a la institución acompañado de un círculo
íntimo de consejeros, quienes previamente trabajaron para el Pentágono
y la Casa Blanca.
Paul Wolfowitz, por más señas, armó en el BM una cruzada contra la
corrupción de gobiernos de países pobres, a los cuales se negaba a
conceder préstamos. Él, claro, no es pobre.
¿Y pueden ustedes creer que Bush lo apoya? El presidente de Estados
Unidos, con sus manipulaciones de Iraq, donde hasta un tío suyo
capturó una lasca jugosa, no considera que en los manejos nepóticos y
corruptos haya nada malo. Así son ellos.