Cambios climáticos y su carga negativa en la zafra

El exceso de lluvia en el periodo óptimo de la cosecha es responsable, directa o indirectamente, de más del 44% del azúcar dejada de producir

Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu

Una valoración sobre el estado actual de la zafra en el país, no ajeno a los inobjetables cambios climáticos que sufre el mundo, refleja que más del 44% del azúcar dejada de producir tiene a la lluvia y su secuela como causa directa o indirecta.

Eliseo Domingo González, administrador de Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) en el central Panchito Gómez Toro, en Villa Clara, ratifica que la mayor disponibilidad de caña debe estar acompañada por un tiempo de cosecha favorable.

El exceso de precipitaciones, solo en marzo fue el 25% más de lo normal, ocasiona un tiempo perdido muy elevado en el desarrollo de la molienda y sensible baja en el rendimiento industrial por la influencia negativa de la humedad y las elevadas temperaturas en la maduración de la caña.

Marzo que ha sido por historia y antecedentes el mes grande de Cuba en el rendimiento en azúcar y en la producción, no se pudo aprovechar como en otros años.

Los estimados para esta zafra anticipaban mejoría en el rendimiento agrícola favorecido por un régimen lluvioso adecuado en el 2006 y buen año azucarero.

Sin tener en cuenta los atrasos provocados en la arrancada o las consecuencias sobre la eficiencia, los ingenios en operaciones pierden por lluvia el 11,43% del tiempo total con énfasis en Holguin (32,97) y Las Tunas (29,84). Por esa razón ninguna de las dos llega siquiera a la mitad del azúcar que deben fabricar.

Los daños mayores originados por la lluvia en el orden productivo se localizan en centrales de Holguín (826 mm), Guantánamo (531), Las Tunas (356), Camagüey (307), Granma (288) y Villa Clara (267mm).

Si el actual mes no se comporta seco, esas provincias que responden por el 55,1% del plan nacional, estarán al finalizar abril por encima de los 300 mm.

Característica de este régimen de precipitaciones ha sido la frecuencia: en marzo llovió 18 veces en la costa norte de Las Tunas y 19 en el sur, mientras en las empresas holguineras López-Peña y Fernando de Dios, en 18 y 16 ocasiones, respectivamente.

Otro elemento significativo es que 25 unidades cañeras de Holguín —29,6 % de las que participan en la cosecha (granjas, UBPC, CCS...)— no han podido iniciar zafra. Los centrales López-Peña y Fernando de Dios aparecen por esa razón con pobres niveles de molienda acumulada.

Cuando los cosecheros se aprestan a normalizar el abasto de caña a los centrales, retornan los aguaceros y se complica aún más la situación al extremo que la molida potencial, promedio nacional, es solo del 62%.

Estudios realizados por el ingeniero Pedro Pablo Acosta, que abarcaron un periodo de 25 años (1975-2000), demuestran que en el occidente y centro del país el clima tiene con frecuencia un comportamiento más favorable para el desarrollo de la zafra.

Las diferencias en los registros de la lluvia por regiones son muchos más apreciables entre noviembre del 2006 y marzo del 2007, lo cual se refleja en los valores del rendimiento en azúcar hasta el cierre de marzo: 11,00 en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Cienfuegos; 10,37 en Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Camagüey, y 9,35 en las cinco provincias orientales que, entre los años 2000 y 2005 padecieron, con mayor intensidad, la más larga sequía del siglo.

Es de vital importancia conocer, además, la frecuencia de la lluvia por mes y obrar en consecuencia a partir de ejemplos como este: de noviembre al cierre de marzo en el central René Fraga, de Matanzas, cayeron 76 mm. y la frecuencia fue de seis veces. En cambio en el Antonio Guiteras, de Las Tunas, el máximo productor cubano recibió, en un periodo similar, 747 mm de agua al llover en 65 ocasiones.

El peso de la humedad en los resultados de la zafra y en la eficiencia lo ratifica esta investigación de Pedro Pablo: Cuando la lluvia es superior a los 100 mm entre noviembre y diciembre, la maduración se puede atrasar hasta un mes. Lo beneficioso sería que las precipitaciones en ese periodo fluctúen entre 80 y 100 mm. Y si de noviembre a abril superan los 300 mm, afectarían la eficiencia industrial como sucede hoy sobre todo en las provincias orientales.

Con niveles de mecanización sobre el 90% se estima satisfactorio que llueva, como promedio, una vez a la decena. Lejos de interferir la cosecha evita el fogueo de las plantaciones. Pero dos o más cada 10 días complica el corte, alza y tiro y retrasa la maduración de la caña.

Expertos coinciden en que la planta se encuentra apta para la cosecha si tiene hasta siete hojas activas (verdes). Actualmente en el oriente e incluso en zonas del centro, la mayoría de los cañaverales superan ese nivel, lo cual le quita posibilidades al rendimiento industrial.

Ante la tensa y difícil situación de hoy y después de un febrero y marzo con un grado más de temperatura sobre el año anterior, el Ministerio del Azúcar no se cruza de brazos, reorganiza sus fuerzas en un abril todavía favorable y aplica las variantes aconsejadas para enfrentar condiciones climáticas adversas.

El compromiso es uno entre los trabajadores del sector: fabricar todo el azúcar que se pueda bajo los principios económicos que rigen hoy el desarrollo de la zafra.

 

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