La utilización de granos básicos
para producir combustibles genera hoy debates en Guatemala, donde
expertos avizoran los efectos devastadores de esta política sobre la
soberanía y la seguridad alimentarias.
"Nos parece un error y una aberración que, siguiendo los dictados
norteamericanos, se pretenda lanzar un proyecto que atentaría aún más
contra la ya precaria nutrición de nuestra población", dijo el
dirigente campesino Helmer Velásquez.
El director de la Coordinación de Organizaciones No Gubernamentales
y Cooperativas ve con preocupación que muchas tierras sean compradas
con presión de terratenientes con el argumento de la necesidad de
sembrar caña y palma africana.
"Eso, a nuestro juicio, tiene dos graves efectos: uno que los
pequeños productores, al ser desplazados de sus tierras, están dejando
de producir sus granos básicos, fundamentalmente el maíz", declaró
Velásquez a Prensa Latina.
En segundo lugar -dijo- ratifica y reitera la injusticia en cuanto
a la tenencia y uso de la tierra en el país, porque de nuevo la
oligarquía se impone en función de sus intereses y de los de Estados
Unidos, y expropia impunemente sus bienes a los campesinos.
En algunas zonas, fundamentalmente en los norteños departamentos de
Cobán y Petén, ha comenzado a manifestarse la sustitución de pequeñas
parcelas y bosques por monocultivos de oleaginosas para producir
etanol y biodiesel.
Los efectos negativos sobre el ecosistema de la región, la
deforestación y el uso de semillas transgénicas han sido motivo de dos
análisis realizados ya por la Coordinación de ONGs y Cooperativas.
Byron Garoz, miembro de la organización y experto en el tema,
alerta sobre el hecho de dar prioridad a las siembras para
energéticos, en detrimento de la producción de alimentos.
Cita como ejemplo el caso de México, donde la principal
comercializadora de granos del mundo, la norteamericana Cargill,
prefiere vender a futuro el maíz a las compañías energéticas
estadounidenses antes que a las tortillerías mexicanas.
Alerta Garoz que en Europa no hay suficientes tierras para la
producción de biocombustibles y Estados Unidos, pese a la extensión
territorial, tiene un consumo de energía tan alto que sin dudas va a
utilizar para ese fin a América Latina, Asia y África.
"Así -advirtió- la soberanía alimentaria del sur se enfrenta hoy al
voraz consumo energético del norte".