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Un nuevo saldo de las víctimas mortales de dos atentados dinamiteros
hoy aquí elevó a 23 los muertos y a 162 los heridos, dijeron fuentes
oficiales las cuales previnieron que podría aumentar aún más.
La sede del gobierno, donde están las oficinas del primer ministro
y otras dependencias oficiales, y una comisaría policial fueron los
objetivos de las bombas de alto poder explosivo colocadas por
desconocidos, tres de ellas en automóviles.
Reportes iniciales precisaron que la mayor cantidad de muertos
ocurrieron en las proximidades de las oficinas gubernamentales, 12, y
118 heridos; la deflagración ante la comisaría de Bab Ezzuar dejó 11 y
44 lesionados.
El jefe del gobierno, Abdelaziz Belkhamid, calificó las acciones de
criminales y reiteró su exhortación a la reconciliación nacional.
Los atentados retrotraen el país a la situación de años atrás
cuando movimientos integristas islámicos desataron una ola de acciones
dinamiteras para desestabilizar al gobierno.
Las autoridades lograron frenar los atentados con medidas drásticas
de seguridad, pero los opositores parecen haberse reagrupado en zonas
del interior del país, donde el ejército y la policía efectúan
redadas.
Hace menos de una semana medios informativos dieron cuenta de
choques armados entre miembros de organizaciones musulmanas
integristas y fuerzas del ejército en localidades del occidente de
este país del norte de África.
En la siempre levantisca Babilia, asimismo, se han registrado
combates entre el ejército y miembros de los Grupos de Legítima
Defensa, una organización paramilitar creada por el gobierno de una
parte y hombres armados integrados en una entidad islámica, de la
otra.
Los opositores son vinculados al Grupo Salafista de Predicación y
Combate, una agrupación que días atrás se autoproclamó brazo armado de
Al Qaeda en el Maghreb (poniente, árabe, nombre con el cual se
identifica al norte de África).
Miembros de esa entidad también han sido ligados a acciones de
violencia política en Marruecos, la más reciente el martes último.