Todavía está en el ambiente toda la conmoción que causó la noticia
del golpe, la pesadumbre de la falsa noticia de la renuncia y la
tremenda alegría del regreso triunfante de Hugo Chávez al Palacio de
Miraflores.
Se recuerda la matanza del puente Llaguno, el día de fascismo
descarnado ejercido por el golpista fugaz de Pedro Carmona Estanga y
la huida de sus compinches a velocidad cósmica en todas direcciones
cuando aparecieron la marea de pueblo que bajó de los cerros y las
armas leales.
Cinco años es poco tiempo y la memoria no requiere de un ejercicio
fuerte para recordar. Todo está ahí como si presenciáramos un filme.
Mas en ese lustro ha sido un tiempo inmenso en el trabajo de
consolidación del proceso bolivariano, en el fortalecimiento de la
soberanía venezolana sobre sus riquezas principales, en la ejecución
de misiones sociales para el alza de la dignidad de las grandes masas,
en los pasos de cada día que hacen ya irreversible la revolución que
merecen los descendientes de las ideas de Bolívar, que hoy florecen en
cada casa humilde y honesta repartidas entre los Andes, los llanos y
el Orinoco.