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La Cumbre de la Liga Árabe que culmina hoy aquí hizo oídos sordos a la
reticencia de Israel y llamó a ese país a aceptar el plan de paz
saudita.
La propuesta, presentada por Arabia Saudita hace un lustro,
propugna el reconocimiento de Israel por los países árabes a cambio
del restablecimiento de las fronteras anteriores a la guerra de 1967.
Israel debe aceptar la proposición, afirmó el presidente palestino,
Mahmud Abbas, en respuesta tácita a las demandas israelíes de negociar
los temas del derecho al retorno de los refugiados y el estatuto de
Jerusalén, que los árabes llaman Al Quds.
El mandatario advirtió sobre una erupción bélica en el volátil
Levante si Tel Aviv desestima la oportunidad y propuso la convocatoria
de una conferencia internacional de paz, acorde con precisiones
obtenidas en esta capital.
Israel no rechazó de plano el esquema árabe, pero insistió en
revisar los puntos referidos al regreso de los desplazados y el
estatuto de Jerusalén, sagrada para las tres religiones monoteístas:
cristianismo, Islam y judaísmo.
La postura árabe es presentar el programa, que Israel acepte sus
premisas y, después, negociar los detalles en una conferencia
internacional convocada bajo la advocación del cuarteto mediador,
integrado por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU.
El cónclave panárabe es escenario asimismo de contactos sobre temas
extrarregionales, en específico el diferendo entre Irán y Gran Bretaña
tras la captura de 15 marinos del reino en aguas territoriales persas.
El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, se entrevistó con el
canciller iraní, Manuchehr Motaki, al margen de las sesiones de la
reunión cimera justo en momentos en que la pugna entre Londres y
Teherán se hace más ríspida.
Sin embargo, las delegaciones se abstuvieron de difundir los
resultados del encuentro, que se extendió más de una hora, según
precisiones.