La
crisis inmobiliaria de Estados Unidos está preocupando seriamente a
otras zonas del mundo, en peligro de ser alcanzadas por un estallido
de las hipotecas sin pagar en la hasta ahora mayor economía del mundo,
con el consecuente estremecimiento de las bolsas.
Todos son presa del temor en estos momentos, y esa sensación de
aprensión produce nerviosismo, el componente más peligroso para el
sistema financiero capitalista, porque puede conllevar al pánico y
desatar la venta masiva de valores. Aparecería entonces la crisis.
El problema de la falta de pago sigue siendo una espada de
Damocles. La página digital de El Periódico de Catalunya, hace
hincapié en el derrumbe de New Century, la segunda entidad
norteamericana en el mercado de hipotecas de alto riesgo, y señala que
pocos días antes la californiana Accredited Homes Lenders, desencadenó
la alarma por una escalada de impagos.
Con todos los inconvenientes de la economía de Estados Unidos —déficits
fiscal y comercial, inestabilidad productiva, baja extrema del dólar y
gastos insoportables de guerra en Iraq y Afganistán— el caso es para
intranquilizar a los que manejan grandes sumas tanto en la esfera
inmobiliaria como en la bursátil.
Por supuesto, las figuras prominentes de los grandes bancos y los
gobiernos no van a reconocer el calentamiento de la burbuja
financiera. Para Matías Rodríguez, del Banco de Santander, España, la
crisis norteamericana, que hasta ahora se denomina desaceleración, es
un fenómeno limitado (que tiene que ver con los intermediarios) y que
los mercados reaccionaron excesivamente al anuncio del "gurú" Alan
Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, sobre la posibilidad
de una recesión en Estados Unidos a finales de año.
Otros analistas citados por EFE señalan que la crisis no tendrá
réplica en España por la calidad de las hipotecas, pero el periódico
ABC recordaba que las familias españolas tenían a finales del pasado
mes de enero hipotecas por un valor de 574 135 millones de euros, un
19,3% más respecto al año anterior.
Carmelo Suárez, secretario general del Partido Comunista de los
Pueblos de España, afirmaba hace unos días a Granma que "una
familia trabajadora entrega la mitad de su salario para el pago de la
cuota mensual de la hipoteca, por plazos superiores a 30 años, e
hipotecas incluso a 50 años que son hereditarias".
William Rhodes, vicepresidente del Citigroup, la mayor corporación
bancaria del mundo, dijo hace unos días en Guatemala, en la reunión
del Banco Interamericano de Desarrollo, que aún no estaba claro si el
tambaleo de las hipotecas se extendería a otros sectores¼
lo que sería muy grave.
El problema es que, en los últimos meses, un creciente número de
prestamistas hipotecarios a clientes de alto riesgo se ha enfrentado a
una ola de incumplimientos y pagos atrasados, para poner a temblar a
todo el ramo, pues las acciones de estas empresas, como las citadas
New Century y la Accredited Home, a la que se puede sumar NovaStar
Financial, cayeron en picada, y los directivos tuvieron que recurrir a
las cesantías en masa para capear un temporal aún atemorizante.
Ahora bien, los comentarios de Rhodes, como los de Greenspan,
siembran inseguridad, un contaminante venenoso en las finanzas. Por su
parte, Russel Read, jefe de inversiones del gigante de fondos de
pensiones Calpers, explicó que podrían aparecer ciertas turbulencias
mientras el contagio inmobiliario llega a otras ramas.
Y uno se pregunta, si, como afirma la Casa Blanca, el sistema
bancario norteamericano goza de buena salud, ¿por qué la incertidumbre
y por qué el presidente de la Comisión Bancaria del Senado ha citado a
los ejecutivos de las cinco mayores empresas del mercado hipotecario
para que comparezcan ante una audiencia el próximo jueves, cuando
serán interpelados?
Es para temblar cuando se conoce que People's Choice, un
prestamista sin cotización en bolsa, se unió a más de dos docenas de
compañías que financian la compra de casas que, desde el inicio de una
crisis sectorial a finales del 2006, han pedido la protección de la
ley de bancarrota. Para rematar, las ventas de casas nuevas en EE.UU.
declinaron considerablemente por segundo mes consecutivo en febrero
(3,9%), tocaron su nivel más bajo en casi siete años y agudizaron los
temores de que los problemas en el mercado de viviendas no han tocado
fondo.
Se podrá argüir cualquier razón, pero el nerviosismo tiene base y
hace caer más todavía al maltrecho dólar.