QUITO — Despreciados por la mayoría de los ecuatorianos y con
escaso poder político en el Congreso nacional, los partidos de
oposición aparecen hoy disgregados y carentes de respaldo para frenar
los cambios propuestas por el Gobierno.
La consulta popular del 15 de abril próximo que pide la instalación
de una Asamblea Constituyente constituye un paso irrevocable en el
país, que facilitará la transformación de las estructuras estatales.
Desde la convocatoria al referendo realizada el 1 de marzo pasado
por el Tribunal Supremo Electoral (TSE, ese ente se convirtió en la
máxima autoridad nacional, lo cual impide que este proceso sea
interrumpido o paralizado.
El presidente del TSE, Jorge Acosta, ratificó este jueves que el
plebiscito se realizará el 15 de abril próximo y descartó cualquier
dictamen del Tribunal Constitucional que restituya a los 57 diputados
destituidos por ese organismo.
Los legisladores fueron despedidos por intentar frenar el proceso
electoral, y a pesar de los esfuerzos realizados por recuperar sus
puestos, ningún órgano de justicia se ha atrevido a enfrentarse el
ente electoral.
Acosta ratificó que durante el actual período de organización y
realización del plebiscito, ese organismo es por ley la máxima
autoridad del país.
Tal situación mantiene despejado el camino hacia la celebración de
la consulta, la cual en caso de ganar el sí se iniciaría otro periodo:
la presentación de candidatos a la Constituyente.
Tras el anuncio oficial de los resultados del referendo, se
otorgarán 150 días para conocer a los candidatos y realizar los
comicios con miras a elegir los 130 asambleístas.
Hasta el momento, el TSE capacita a los presidentes y vocales de
los tribunales provinciales, mientras que el Instituto Geográfico
Militar avanza en la impresión de las papeletas del referendo.
Analistas políticos reconocen que el camino por recorrer está lleno
de espinas, pero mientras el gobierno esté respaldado por la
ciudadanía no existirá obstáculo imposible de derribar.
En medio de este escenario, el Congreso retomó su labor con la
incorporación paulatina de los suplentes de los 57 cesados, que
anunciaron su independencia a las agrupaciones de derecha.
No se descarta, por ello, la formación de una nueva mayoría,
compuesta por los parlamentarios alternos integrados a un denominado
bloque de Dignidad, y la treintena de miembros del grupo de minoría.
Estos dos bandos son partidarios de reestructurar las 18 comisiones
permanentes legislativas, el Comité de Excusas, y que se nombre a dos
nuevos vicepresidentes.
De esta forma, las agrupaciones Renovadora Institucional (Prian),
Social Cristiana (PSC), Demócrata Cristiana (UDC), Sociedad Patriótica
(PSP, aparecen sin poder de decisión para inhibir las reformas
prometidas por el presidente del país, Rafael Correa.
Si antes el Prian era el bloque más numeroso del Parlamento con 28
diputados, ahora sólo dispone de 18; el PSP que contaba con 24 se
quedaría con 14 y; el PSC de 13 diputados bajó a 11.
Para el jefe de Estado, Ecuador requiere de una transformación
radical, profunda y rápida de la estructura vigente, para acabar
definitivamente con el poder de la partidocracia y liberar el país del
neoliberalismo.
"Estamos hablando de una revolución ciudadana, de un cambio
radical, profundo y rápido de la estructura vigente, porque Ecuador no
tiene más tiempo para perder", concluyó.