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El Ejército estadounidense abandonó a su suerte a un soldado
puertorriqueño herido en Iraq, que hoy debe asumir por sus propios
medios la atención de las lesiones contraídas en la guerra.
Elmer J. Rivera, sargento de 24 años de edad, recibió la baja
militar en enero pasado, cuando aún permanecía bajo tratamiento médico
en el centro hospitalario Walter Reed, instalación que mostró al país
las deficiencias del sistema sanitario castrense.
A causa de un ataque con mortero, Rivera sufrió daños en el colon,
el diafragma y los vasos sanguíneos, por lo que fue sometido a 16
intervenciones quirúrgicas.
Esta semana, el sargento debió suspender una consulta que tenía
programada para el día 19, pues carece de los fondos necesarios para
costearla.
Desde el momento en que lo desmovilizaron, el Pentágono dejó de
financiar su transportación hacia el Walter Reed y la estancia en la
clínica, pese a que deben extirparle una hernia abdominal.
Además, los ingresos de Rivera disminuyeron en un 60 por ciento
desde que dejó el uniforme y no puede trabajar todavía debido a su
estado.
"Nadie en la Reserva del Ejército se acuerda de mí", indicó el
sargento mediante una denuncia formal, similar a otras realizadas por
veteranos insatisfechos con la atención que les brindan los gobiernos
de Puerto Rico y Estados Unidos.
Por ello, desea volver a la clínica, aún después de conocer por el
diario The Washington Post que los pacientes como él vivieron allí en
pésimas condiciones higiénicas, acompañados por ratas y cucarachas.
"No tengo la culpa de haber sido herido. Lo menos que pueden hacer
es pagarme el pasaje y brindarme los servicios médicos", precisó el
militar.
Aunque en el hospital de Veteranos de San Juan me brindan atención,
debería ser examinado por el mismo cirujano del Walter Reed que me
hizo todas las operaciones anteriores, agregó.
Rivera, después de servir en las fuerzas armadas hasta octubre de
2004, recibió para las navidades de ese año la visita de George Bush y
la señora Laura, quienes pronto olvidaron al sargento entre tantos
soldados que llegan muertos o heridos de Iraq.
No obstante su corta carrera en el Ejército, el oficial puede decir
que conoce de cerca varios de los escándalos de la actual
administración estadounidense.
En el Medio Oriente sirvió como gendarme de la cárcel de Abu Ghraib,
incluso después de que el mundo conociera las torturas aplicadas allí
por los soldados norteamericanos contra los detenidos árabes.
Poco después vivió la precaria asistencia sanitaria a que son
sometidos los soldados en Estados Unidos, denunciada por medios
nacionales a raíz del escándalo del Walter Reed..¿
Ahora permanece en el olvido. "Si llego a estar bien, quizás me
hubieran enviado de nuevo a la guerra. Pero como ya no les sirvo, no
se preocupan por mí", señala.