La
noticia estremece. Reclusos del estado norteamericano de Carolina del
Sur pronto descubrirán que un riñón vale 180 días. Un proyecto de ley
en ciernes permitiría a los prisioneros conceder órganos o médula ósea
a cambio de rebajas de sus condenas.
La insólita proposición establecería un programa de voluntarios en
las prisiones para instruir a los reos sobre la necesidad de donantes.
Pero los legisladores, apunta un despacho de la AP, quieren
asesoramiento legal antes de proceder para, como expresara con duda el
senador republicano John Hawkins, "garantizar que nadie —de los
promotores de la idea— vaya a ir a la cárcel por sus buenas
intenciones".
¿Cuáles son las buenas intenciones, intentar salvar a un enfermo
extirpándole a un ser humano sano cualquiera de sus órganos solo
porque está privado de su libertad?, o porque algunos "están presos de
por vida. Saben que van a morir en la prisión", según manifestara uno
de los patrocinadores del tenebroso proyecto.
La ley federal norteamericana señala como ilegal darle una
"consideración de valor" a la donación de órganos; sin embargo, el
hecho de que algunos hayan pensado en semejante descalabro pone sobre
el tapete hasta dónde llega la deshumanización que promueven, incluso,
líderes de esa sociedad.