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Muchas molestias, algunas promesas y escasos resultados concretos es
el balance hecho hoy en Guatemala tras la visita del presidente de
Estados Unidos, George Bush.
Una de las mayores aspiraciones de la población era lograr un
compromiso para frenar las deportaciones masivas de indocumentados y,
de hecho, fue el tema que primó en las conversaciones bilaterales,
pero sin efectos positivos.
El mensaje de Bush fue claro y tajante al respecto: "Yo entiendo
perfectamente que esto preocupe a los guatemaltecos, pero ustedes
tienen que entender que somos un país de ley".
Al defender la reciente redada en Massachussets, donde 240 niños
guatemaltecos quedaron desamparados tras la captura de sus padres,
Bush insistió en que esa medida se tomó porque hay que hacer cumplir
la legislación.
El mismo presidente Oscar Berger debió admitir durante la
conferencia de prensa ofrecida en el Palacio de Gobierno "que los
guatemaltecos hubieran preferido una respuesta más clara: No más
deportaciones".
Más aún, el jefe de la Casa Blanca no dejó espacios para
ilusionarse con los beneficios de una eventual reforma migratoria en
Estados Unidos, donde viven un millón y medio de guatemaltecos, más de
la mitad de ellos sin documentos.
"No va a haber una amnistía, no va a haber una ciudadanía
instantánea, eso no va a ocurrir" dijo Bush.
La cuestión migratoria fue el eje fundamental de las marchas
realizadas en esta capital y en el interior del país para repudiar el
viaje del presidente estadounidense.
Las remesas enviadas desde Estados Unidos se convirtieron en uno de
los principales motores de la economía guatemalteca, donde un tercio
de sus 13 millones de habitantes escapan a la extrema pobreza gracias
a estos ingresos.
En los últimos tiempos, sin embargo, las autoridades norteñas
recrudecieron la represión, captura y deportación de indocumentados,
al grado de que en 2006 unas 18 mil personas fueron devueltas, y se
espera que este año la cifra se eleve a dos mil por mes.
En otros asuntos el presidente Bush se limitó a generalizar ofertas
de ayuda en el combate al narcotráfico, la seguridad ciudadana y las
elecciones de septiembre próximo, pero sin mencionar nada concreto.
Durante la conferencia de prensa habló de la idea de un plan
regional antinarcóticos, pero este carece de sentido si al mismo
tiempo no se lanza una campaña contra el consumo de drogas en Estados
Unidos, el mercado más grande de estupefacientes.
Al marcharse dejó tras de sí un país conmocionado por un
impresionante dispositivo de seguridad, que incluyó el cierre de
amplios sectores de la capital y del departamento de Chimaltenango,
que también fue objeto de su visita.
Días antes de su arribo, esta urbe tomó el aspecto de una ciudad
sitiada, con sobrevuelos de cazabombarderos y helicópteros
norteamericanos, y de manera paulatina la seguridad fue pasando de
manos de autoridades locales al servicio secreto de aquel país.
El acordonamiento policial de unas 20 cuadras alrededor del Palacio
Nacional de la Cultura y del sector donde se hospedó la comitiva
visitante, causó grandes congestionamientos de tránsito la víspera y
muchos negocios debieron cerrar sus puertas.
Las drásticas medidas, sin embargo, no impidieron que cientos de
manifestantes llegaran hasta unos 100 metros de la sede del gobierno
en momentos en que Bush era recibido oficialmente por el presidente
Oscar Berger.
Entre consignas, rechiflas y la quema de banderas estadounidenses
la población guatemalteca demostró el descontento por un viaje
considerado ofensivo para la nación.
Como colofón de la visita, hoy en la ciudad sagrada de Iximché
guías espirituales mayas realizarán una ceremonia de purificación para
expulsar los malos espíritus guerreristas del presidente Bush y
devolver el equilibrio a los lugares donde estuvo.