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Muchas molestias y pocos resultados dejó
Bush en Guatemala

CARMEN ESQUIVEL

GUATEMALA, 13 de marzo (PL).— Muchas molestias, algunas promesas y escasos resultados concretos es el balance hecho hoy en Guatemala tras la visita del presidente de Estados Unidos, George Bush.

Una de las mayores aspiraciones de la población era lograr un compromiso para frenar las deportaciones masivas de indocumentados y, de hecho, fue el tema que primó en las conversaciones bilaterales, pero sin efectos positivos.

El mensaje de Bush fue claro y tajante al respecto: "Yo entiendo perfectamente que esto preocupe a los guatemaltecos, pero ustedes tienen que entender que somos un país de ley".

Al defender la reciente redada en Massachussets, donde 240 niños guatemaltecos quedaron desamparados tras la captura de sus padres, Bush insistió en que esa medida se tomó porque hay que hacer cumplir la legislación.

El mismo presidente Oscar Berger debió admitir durante la conferencia de prensa ofrecida en el Palacio de Gobierno "que los guatemaltecos hubieran preferido una respuesta más clara: No más deportaciones".

Más aún, el jefe de la Casa Blanca no dejó espacios para ilusionarse con los beneficios de una eventual reforma migratoria en Estados Unidos, donde viven un millón y medio de guatemaltecos, más de la mitad de ellos sin documentos.

"No va a haber una amnistía, no va a haber una ciudadanía instantánea, eso no va a ocurrir" dijo Bush.

La cuestión migratoria fue el eje fundamental de las marchas realizadas en esta capital y en el interior del país para repudiar el viaje del presidente estadounidense.

Las remesas enviadas desde Estados Unidos se convirtieron en uno de los principales motores de la economía guatemalteca, donde un tercio de sus 13 millones de habitantes escapan a la extrema pobreza gracias a estos ingresos.

En los últimos tiempos, sin embargo, las autoridades norteñas recrudecieron la represión, captura y deportación de indocumentados, al grado de que en 2006 unas 18 mil personas fueron devueltas, y se espera que este año la cifra se eleve a dos mil por mes.

En otros asuntos el presidente Bush se limitó a generalizar ofertas de ayuda en el combate al narcotráfico, la seguridad ciudadana y las elecciones de septiembre próximo, pero sin mencionar nada concreto.

Durante la conferencia de prensa habló de la idea de un plan regional antinarcóticos, pero este carece de sentido si al mismo tiempo no se lanza una campaña contra el consumo de drogas en Estados Unidos, el mercado más grande de estupefacientes.

Al marcharse dejó tras de sí un país conmocionado por un impresionante dispositivo de seguridad, que incluyó el cierre de amplios sectores de la capital y del departamento de Chimaltenango, que también fue objeto de su visita.

Días antes de su arribo, esta urbe tomó el aspecto de una ciudad sitiada, con sobrevuelos de cazabombarderos y helicópteros norteamericanos, y de manera paulatina la seguridad fue pasando de manos de autoridades locales al servicio secreto de aquel país.

El acordonamiento policial de unas 20 cuadras alrededor del Palacio Nacional de la Cultura y del sector donde se hospedó la comitiva visitante, causó grandes congestionamientos de tránsito la víspera y muchos negocios debieron cerrar sus puertas.

Las drásticas medidas, sin embargo, no impidieron que cientos de manifestantes llegaran hasta unos 100 metros de la sede del gobierno en momentos en que Bush era recibido oficialmente por el presidente Oscar Berger.

Entre consignas, rechiflas y la quema de banderas estadounidenses la población guatemalteca demostró el descontento por un viaje considerado ofensivo para la nación.

Como colofón de la visita, hoy en la ciudad sagrada de Iximché guías espirituales mayas realizarán una ceremonia de purificación para expulsar los malos espíritus guerreristas del presidente Bush y devolver el equilibrio a los lugares donde estuvo.

 

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