El asesinato en Guatemala de tres
diputados del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), además de causar
conmoción por el ensañamiento contra las víctimas, pone hoy en
evidencia el clima generalizado de inseguridad que vive este país.
La preocupación aumenta al conocerse que fueron policías
guatemaltecos los autores de la muerte e incineración de los
legisladores salvadoreños Eduardo D'aubuisson, William Pichinte y José
Ramón González, así como del chofer Gerardo Ramírez.
"Nos golpea" dijo enfáticamente el ministro de Gobernación Carlos
Vielmann, en alusión al impacto que este hecho tendrá en la
confiabilidad de los cuerpos de seguridad nacionales.
Los policías eran, precisamente, el jefe de la Unidad contra
Delitos del Crimen Organizado y tres investigadores y -de acuerdo con
Vielmann- el asesinato fue premeditado porque tenían un punto a donde
llevar a las víctimas y un sitio donde los ejecutarían.
Aunque los dos países han afirmado que este hecho no afectará las
relaciones bilaterales, el presidente salvadoreño, Antonio Saca,
afirmó que la participación de las fuerzas de seguridad en el crimen
"para los pelos de cualquiera".
Saca se reunió la víspera en México con su homólogo guatemalteco,
Oscar Berger, quien aseguró que el móvil del asesinato es el
narcotráfico y que los autores podrían ser grupos con nexos en ambos
países.
El director de la policía de El Salvador, Rodrigo Avila, quien
desde que tuvo noticias de lo acontecido se encuentra en Guatemala,
reconoció el trabajo de las autoridades locales, aunque -dijo- aún
falta por encontrar a los autores intelectuales.
Este tipo de hechos "colocan en la picota internacional el nombre y
la imagen del país", consideró el vicecanciller guatemalteco Luis
Fernando Andrade.
A raíz de la masacre, los diputados salvadoreños en el Parlamento
Centroamericano comenzaron a trabajar en un sistema de seguridad,
donde no utilizarán a la policía guatemalteca, y propusieron trasladar
la sede del PARLACEN hacia otro país.
"Estamos en una situación verdaderamente peligrosa que nos afecta a
todos los centroamericanos y pone en riesgo todo lo que hemos logrado
avanzar en cuanto a reconciliación y entendimiento", dijo el
presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.
Su homólogo de Honduras, Manuel Zelaya, coincidió en que estos
actos criminales no sólo enlutan a la familia salvadoreña, sino a toda
la región.
Aunque se dieron pasos inmediatos para esclarecer el caso, éste a
la larga no hace sino aumentar el desasosiego de la población tras
comprobar que precisamente aquellos encargados de velar por su
seguridad fueron los autores del múltiple asesinato.
El mismo vicepresidente Eduardo Stein reconoció la magnitud del
problema al expresar lo difícil que es luchar contra el crimen
organizado cuando está enquistado en la institucionalidad pública, e
insistió en la creación de una comisión contra la impunidad.
Los hechos ocurren justo en momentos en que Guatemala se prepara
para celebrar en marzo próximo la reunión de Gobernadores del Banco
Interamericano de Desarrollo, a la que se espera la asistencia de
varios presidentes de la región.