Polito Ibáñez

La eternidad será mañana

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Carlos "Polito" Ibáñez fue el guía natural de la canción lúcida en el cartel de los conciertos del último fin de semana. Lejos del coro de los que prefieren edulcorar la realidad y asumir el olvido de sus contextos sociales, aterrizó el sábado en el Karl Marx ante miles de almas que respondieron al llamado de la Nueva Trova.

Grupos de personas desafiando el aire frío de la noche, se reunieron para cumplir el ritual poético que fue, otra vez, documento de identidad de este contrafuerte de la canción cubana contemporánea.

La demora en el inicio fue detonante de la ansiedad que provocó una explosión de aplausos poco antes de las diez, cuando el músico con vestimenta y gafas negras, emergió de una telaraña de luces para dar inicio al recorrido por letras propias, ya clásicas para varias generaciones.

Acompañado del enérgico desempeño de los músicos Raúl Herrera (batería), Ramón Cabrera (piano), Yadiel (bajo) y los guitarristas Hansel Arocha y Rolando Morales, comenzó una sesión llena de canciones de poesía urbana, desgarramiento y belleza, invulnerables a las balas del tiempo, varias con nuevos y originales arreglos que provocaron un efecto estimulante en el auditorio.

Diagnóstico de siglo, Para no pensar y Somos números sirvieron de rampa de lanzamiento para un buen viaje hacia las raíces del popular cantante. Poco tardó Polito en demostrar que regresó a la carretera dotado de toda su coherencia artística. Contrario a otros que ante el mínimo destello de popularidad cambian de piel para seguir manteniendo un rincón en el estrellato.

En una relación interactiva con sus seguidores, extrajo otros temas conocidos: Recuento, Piercing de amor, Odettemanía y Cada día, una erupción de luz en estos tiempos en que alguna música se abarata y va al bolsillo.

En mitad del concierto Polito llamó al ex integrante de la banda Cuatro Gatos, Kelvis Ochoa, quien enseñó su chapa de sonero y de habitante de la comuna de Habana Abierta. Luego, otro invitado, el saxofonista, arreglista y compositor César López —soberbio en su interpretación— mostró las mejores esencias de la música cubana.

Así, dueño de la noche, Polito dio paso a Doble juego, de su tercer disco Axilas. Más allá de polémicas, este tema posibilitó que cientos de adolescentes se asomaran al universo reflexivo de este cantor, y pudieran alcanzar un pasaje para alejarse de la frivolidad mediática.

A estas alturas, parte de los jóvenes esperaban los riffs y el canto gótico del rock metálico de Kcho¼ (canción dedicada al pintor), pero quedó para el futuro.

En los finales del concierto, rematado por una interpretación a capella que demostró las virtudes del vocalista, muchos continuaban repitiendo las canciones. Otros, retornaban por la calle mojada dispuestos a soñar con la esperanza de que la eternidad¼ será mañana.

 

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