Carlos
"Polito" Ibáñez fue el guía natural de la canción lúcida en el cartel
de los conciertos del último fin de semana. Lejos del coro de los que
prefieren edulcorar la realidad y asumir el olvido de sus contextos
sociales, aterrizó el sábado en el Karl Marx ante miles de almas que
respondieron al llamado de la Nueva Trova.
Grupos de personas desafiando el aire frío de la noche, se
reunieron para cumplir el ritual poético que fue, otra vez, documento
de identidad de este contrafuerte de la canción cubana contemporánea.
La demora en el inicio fue detonante de la ansiedad que provocó una
explosión de aplausos poco antes de las diez, cuando el músico con
vestimenta y gafas negras, emergió de una telaraña de luces para dar
inicio al recorrido por letras propias, ya clásicas para varias
generaciones.
Acompañado del enérgico desempeño de los músicos Raúl Herrera
(batería), Ramón Cabrera (piano), Yadiel (bajo) y los guitarristas
Hansel Arocha y Rolando Morales, comenzó una sesión llena de canciones
de poesía urbana, desgarramiento y belleza, invulnerables a las balas
del tiempo, varias con nuevos y originales arreglos que provocaron un
efecto estimulante en el auditorio.
Diagnóstico de siglo, Para no pensar y Somos números
sirvieron de rampa de lanzamiento para un buen viaje hacia las raíces
del popular cantante. Poco tardó Polito en demostrar que regresó a la
carretera dotado de toda su coherencia artística. Contrario a otros
que ante el mínimo destello de popularidad cambian de piel para seguir
manteniendo un rincón en el estrellato.
En una relación interactiva con sus seguidores, extrajo otros temas
conocidos: Recuento, Piercing de amor, Odettemanía
y Cada día, una erupción de luz en estos tiempos en que alguna
música se abarata y va al bolsillo.
En mitad del concierto Polito llamó al ex integrante de la banda
Cuatro Gatos, Kelvis Ochoa, quien enseñó su chapa de sonero y de
habitante de la comuna de Habana Abierta. Luego, otro invitado, el
saxofonista, arreglista y compositor César López —soberbio en su
interpretación— mostró las mejores esencias de la música cubana.
Así, dueño de la noche, Polito dio paso a Doble juego, de su
tercer disco Axilas. Más allá de polémicas, este tema
posibilitó que cientos de adolescentes se asomaran al universo
reflexivo de este cantor, y pudieran alcanzar un pasaje para alejarse
de la frivolidad mediática.
A estas alturas, parte de los jóvenes esperaban los riffs y
el canto gótico del rock metálico de Kcho¼
(canción dedicada al pintor), pero quedó para el futuro.
En los finales del concierto, rematado por una interpretación a
capella que demostró las virtudes del vocalista, muchos continuaban
repitiendo las canciones. Otros, retornaban por la calle mojada
dispuestos a soñar con la esperanza de que la eternidad¼
será mañana.