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“Canibaleo” en las torres
Hay que frenar el robo de angulares en las redes
eléctricas de alta tensión. Preciso contrarrestar también la
sustracción de conductores. Sufre el país importantes daños económicos
y sociales
María Julia Mayoral
ma.julia@granma.cip.cu
Con distintos fines, personas
inescrupulosas siguen robando angulares de las torres que sostienen
las redes de transmisión eléctrica de alta tensión ubicadas de un
extremo a otro del país. Causan notables estragos a la economía
nacional y arriesgan sus vidas, sin pensar tal vez ni en las letales
consecuencias.
A
esta torre le faltan los angulares en su parte inferior. Todos fueron
robados.
Medidas técnicas, administrativas y legales aplicadas hasta el
momento no han frenado el bandidaje, pero es preciso ponerle coto.
En términos populares, actos vandálicos de esa naturaleza suelen
compararse en Cuba con el proceder de los caníbales, así han surgido
frases que, si bien "atentan" contra el idioma español, ilustran con
brevedad la magnitud del pillaje: hablamos del "canibaleo" de las
torres.
Según datos de la Unión Eléctrica (UNE), los primeros robos fueron
detectados en la provincia de Pinar del Río en el año 1999.
Inicialmente no pasaban de ser casos aislados y de moderado efecto
económico, mas con el tiempo ganaron en envergadura.
En el 2004, un total de 1 648 angulares "desaparecieron" en la red
de 220 000 voltios y 545 en la de 110 000. Al año siguiente las cifras
fueron 532 y 544, respectivamente, de acuerdo con las estadísticas de
la UNE.
Pese a la vigilancia incrementada, a soluciones técnicas y
sanciones penales, durante el 2006 el conjunto de las sustracciones no
decreció: 267 y 1 827, siguiendo el mismo orden.
Visto el fenómeno por provincias, en el 2004 las mayores cantidades
de robos en las líneas de 220 000 voltios fueron registradas en La
Habana, Cienfuegos, Villa Clara, Holguín y Camagüey. En aquel momento
solo dos territorios, Ciudad de La Habana y Santiago de Cuba, eran
víctimas de operaciones vandálicas en las redes de 110 000.
En el 2005 el récord negativo recayó nuevamente en la capital para
el caso de las líneas de 110 000 voltios, y en las de mayor tensión,
La Habana y Holguín presentaron los comportamientos más alarmantes.
Lo ocurrido en el 2006 constata que Ciudad de La Habana continuó el
sendero desfavorable: 1 502 angulares robados en la red de 110 000 y
136 en la de 220 000. Si se compara con el resto del país, la vecina
provincia de La Habana también muestra un panorama nada halagüeño,
aunque no tan negativo como el de la capital.
De acuerdo con las opiniones de especialistas de la UNE, los hechos
delictivos en las redes de 220 000 voltios han disminuido, gracias,
entre otras medidas, a la decisión adoptada hace tres años de soldar,
hasta los seis metros de altura, todos los tornillos y las tuercas que
unen los angulares con la base principal de las torres. El trabajo,
hecho en más de 6 000 estructuras, conllevó a un gasto adicional
superior al cuarto de millón de dólares.
Atendiendo a las concepciones de diseño y a las exigencias técnicas
verificadas en la práctica, ninguno de esos tornillos y tuercas
precisaría soldadura, pero fue necesario para tratar de contener a los
delincuentes. Por tal razón, en el 2006 comenzó similar faena en la
red de 110 000 voltios. Ello incluirá más de 2 000 torres.
EL PILLAJE CONTINÚA

No obstante, algunos vándalos parecen estar dispuestos a correr
todo tipo de "aventuras". Ahora se arriesgan a escalar para sustraer
los angulares colocados por encima de los seis metros de altura, pues
a partir de ahí las piezas no están soldadas.
Si para ellos no fuera importante tener en cuenta que su actuación
perjudica el suministro de electricidad a la población y a vitales
centros productivos y de servicios como hospitales, frigoríficos,
fábricas de medicamentos, centros de investigación científica,
escuelas... , por lo menos deberían pensar en sus vidas. No solo
"juegan" con la posibilidad de morir por la caída desde la altura o de
quedar inválidos; sino también con el fallecimiento seguro si son
alcanzados, ellos o los angulares que manipulan, por el arco
eléctrico, pues se trata de conductores de muy alta tensión.
Las torres están reforzadas mediante cientos de elementos de acero
galvanizado, pues deben soportar el embate de los frecuentes ciclones
y huracanes. Sin embargo, al debilitarse por el robo de angulares
pueden ser derribadas hasta por eventos climatológicos de moderada
intensidad.
Aunque la UNE no dispone de reporte preciso sobre cuántas torres "canibaleadas"
han sucumbido en medio de los fuertes temporales, operarios y jefes de
experiencia aseguran que parte de las dañadas severamente eran
víctimas del saqueo de angulares.
El 24 de agosto del 2006, durante tres horas toda la capital, Pinar
del Río y parte de la provincia de La Habana permanecieron a oscuras.
Según corroboró la investigación, la avería, ocurrida en las cercanías
del poblado de Güines, tuvo su origen en la partidura de un conductor,
empalmado meses atrás como consecuencia de la caída de dos torres que
no pudieron resistir vientos moderados, pues ambas tenían sus
armazones incompletas a causa del robo de un grupo de angulares, y en
su caída dañaron el cable. El hecho evidencia la gravedad de los daños
que ese delito puede provocar. Los ladrones no pudieron ser hallados.
Entre los múltiples incidentes merece mencionarse otro ocurrido el
año anterior durante el montaje de una línea de 110 000 voltios, que
va desde Jaruco, en La Habana, hasta el Diezmero, en la capital. El
ensamblaje in situ de las torres avanzó mucho más rápido que su
izamiento, por ello estructuras y atados de angulares nuevos
permanecieron en el suelo al alcance de los malhechores, quienes
hicieron de las suyas, aprovechando la insuficiente vigilancia en el
lugar.
Si no hubiese sido por el espíritu "goloso" de los delincuentes, el
reforzamiento de la guardia no hubiese servido para atraparlos en una
de sus incursiones. Todos fueron puestos a disposición de la Justicia,
pero ello no compensa el menoscabo a las torres ni el retraso de la
obra.
EL QUE LA HACE, LA PAGA
Pruebas presentadas durante un juicio en la provincia de Matanzas
demostraron que las averías sufridas por cuatro torres en ese
territorio, tras el paso de un temporal, tuvieron su origen en el robo
de angulares. La rotura dejó sin corriente eléctrica a aproximadamente
250 000 viviendas del occidente del país y las labores para
restablecer el servicio demoraron cuatro días.
Para solucionar el problema en el menor plazo posible, fue
necesario movilizar a operarios de otras provincias. Los gastos de
reparación ascendieron a más de 60 000 dólares y 150 000 pesos.
Dos de los participantes en la fechoría recibieron sanciones de
privación de libertad de ocho y seis años, respectivamente. Otro de
los implicados mereció pena de cuatro años de trabajo correccional con
internamiento. Fueron procesados por el delito de Estragos (Artículo
174 del Código Penal).
Al comprador de los angulares se le impuso un año de limitación de
libertad y multa de 300 cuotas de 20 pesos por el delito de
receptación.
SANCIONES MÁS SEVERAS Y VIGILANCIA
Jorge Luis Coterón, director de Seguridad e Inspección de la UNE,
es de quienes piensan que las sanciones legales aplicadas inicialmente
no actuaron como factor disuasivo, pues al considerarse solamente el
valor de los angulares sustraídos, los delincuentes apenas eran
castigados con multas, cuyo monto no rebasaba los cientos de pesos.
Con la tipificación de tales actos como Estragos, uno de los
Delitos contra la Seguridad Colectiva contemplado en el Código Penal,
ha sido posible aumentar las condenas, en concordancia con la gravedad
de los daños provocados. Sin embargo, todavía hoy el número de
malhechores procesados legalmente resulta ínfimo, pues muchas veces
los robos se detectan tiempo después de haberse cometido.
Si bien la legislación ofrece los instrumentos necesarios para
sancionar a quienes corresponda, lo más importante es prevenir; pues
ningún castigo legal remedia los elevados perjuicios materiales,
financieros y humanos provocados por el "canibaleo" de las torres,
sobre todo cuando la nación pone su mayor empeño en estabilizar el
servicio y revolucionar todo el Sistema Electroenergético Nacional,
con el gasto de sumas millonarias en moneda libremente convertible.
Solo la red de 220 000 voltios posee más de 6 000 torres metálicas
distribuidas a lo largo de 3 111 kilómetros, y la de 110 000 voltios
dispone de más de 2 000 estructuras similares. Tales características
dificultan la vigilancia constante, sobre todo porque la mayoría de
las instalaciones se halla en zonas intrincadas, distantes muchas
veces de los asentamientos poblacionales.
Las empresas eléctricas provinciales, precisa Coterón, tienen la
indicación de establecer vínculos con cooperativistas y otros sectores
para regularizar la custodia de las torres de alta tensión, mediante
contratos y el respectivo pago por el servicio. Sin embargo, reconoce,
la cooperación no ha avanzado suficientemente, aunque al respecto hay
indicaciones expresas de la máxima direccion de la Asociación Nacional
de Agricultores Pequeños (ANAP).
Tampoco, advierte el especialista, las empresas eléctricas
provinciales y la Constructora de la Industria Eléctrica, que tienen
ese tipo de torres, y están encargadas del montaje, reparación y
cuidado de las redes de transmisión, detectan con inmediatez los
hechos, mediante la custodia periódica.
En opinión de este representante de la UNE, también podría mejorar
la contribución prestada por las autoridades locales del Poder
Popular, así como por las organizaciones sociales y de masas. En el
2003, refiere, la UNE sostuvo encuentros en más de 100 municipios para
concertar esfuerzos territoriales, con la participación de
representantes de los Consejos de la Administración, Fiscalía,
Tribunales, Policía Nacional Revolucionaria, Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños, Federación de Mujeres Cubanas y Comités de
Defensa de la Revolución.
Actualmente, comenta, estamos repitiendo un análisis semejante en
los municipios donde se registran los índices más elevados de robos en
las torres o cuentan en sus territorios con estas sujetas al
vandalismo. La ronda de intercambios ya tuvo lugar en 18 demarcaciones
y debe concluir en marzo.
A LOS CONDUCTORES
Los pillos aprovechan cualquier descuido o negligencia; esa es una
realidad que jefes y trabajadores del sector eléctrico deberían tener
más en cuenta a la hora de redoblar el control y la vigilancia dentro
y fuera de sus entidades.
Durante el
2004, precisa Coterón, fueron robados 34,4 kilómetros de conductores;
en el 2005, unos 24, y el año pasado la cantidad ascendió a 36. Los
mayores incidentes han tenido lugar en Matanzas, Cienfuegos, Camagüey
y Holguín.
En el caso de los cables resultan excepcionales los robos en las
líneas eléctricas, aunque hay sucesos de ese tipo y se reportan
accidentes fatales por los intentos de pillaje en tendidos
energizados. La mayoría de las veces ese delito se produce por falta
de inmediatez en la recogida de los conductores, tanto de los caídos
por efecto de los huracanes como de los sustituidos en el proceso
habitual de rehabilitación de las redes, reconoce el dirigente.
Entre los destinos dados por los delincuentes a su botín estaba la
venta como materia prima del aluminio y el cobre contenidos en los
cables. Según argumenta este dirigente de la UNE, ya se encontraron
soluciones para no dar pie a ese negocio ilegal, mediante los acuerdos
suscritos entre las uniones de Recuperación de Materias Primas y
Eléctrica.
Muchas veces, insiste, detectamos insuficiente control y previsión
de riesgos, falta de esclarecimiento oportuno de los hechos, y poca
vigilancia en nuestras organizaciones.
En septiembre del 2004, ilustra, hubo un intento de robo de
conductores durante los trabajos en una línea de 110 000 voltios
—entre el Mariel y la subestación capitalina de San Agustín—, que
había sido afectada por un huracán. Los ladrones cortaron el cable
colocado en la retenida; es decir, en la parte por donde avanza el
montaje y se sujeta momentáneamente el nuevo tendido eléctrico.
Al desaparecer la sujeción, 14 kilómetros de línea fueron a parar
al piso y con ello 65 torres de hormigón armado ubicadas en el tramo
en cuestión. Los participantes en el hecho fueron apresados, pero el
daño que causaron sobrepasó el millón de dólares.
Auque no se ha dejado de trabajar en el reforzamiento de la
protección de los recursos, lo más usual es el hurto a la hora del
montaje o la sustitución de los conductores, pues los malhechores
aprovechan hasta el más mínimo descuido de nuestros hombres, recalca
Coterón. De ahí, agrega, nuestras indicaciones de protegerlo todo, aun
en los momentos difíciles como los posteriores al azote de un huracán.
Difícilmente pueda medirse con exactitud los estragos materiales,
económicos y financieros provocados por la sustracción ilícita de
angulares y conductores eléctricos, pues a los daños directos a la UNE
deberían sumarse los ocasionados a otras actividades productivas y de
servicios en el país, así como a las familias.
Si antes de la Revolución Energética las interrupciones del
servicio eléctrico tenían negativo impacto en la sociedad, hoy el
efecto resulta muy superior, pues no podemos olvidar que parte
importante de los hogares cuenta con el módulo de cocción eléctrica
como única vía para preparar los alimentos; en tanto, servicios
básicos, entre ellos los de Salud y Educación, dependen cada día más
de la electricidad por los numerosos equipos puestos a su disposición.
Los principales responsables de impedir la actividad delictiva que
afecta al sector eléctrico son sus cuadros y trabajadores; están
conscientes del compromiso y redoblan esfuerzos. No obstante, resulta
esencial la contribución del pueblo. Compete a los revolucionarios
enfrentar con valentía a los delincuentes, mediante la vigilancia y la
denuncia oportuna de las presuntas ilegalidades.
Sobraría cualquier cálculo exhaustivo de los perjuicios para
percatarnos de la gravedad del asunto expuesto y de la imperiosa
necesidad de ponerles freno y sanciones ejemplarizantes a ladrones y
cómplices.
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(Del Código Penal)
TÍTULO III
DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD COLECTIVA
CAPÍTULO I
ESTRAGOS
ARTÍCULO 174.1. El que, mediante incendio, inundación,
derrumbe, explosión u otra forma igualmente capaz de producir
grandes estragos, ponga en peligro la vida de las personas o la
existencia de bienes de considerable valor, incurre en sanción de
privación de libertad de dos a cinco años.
2. En igual sanción incurre el que, de cualquier modo, aumente
el peligro común o entorpezca su prevención o la disminución de
sus efectos.
3. Si, como consecuencia de los hechos previstos en los
apartados anteriores, resultan daños considerables para los
bienes, la sanción es de privación de libertad de tres a ocho
años.
4. Si, como consecuencia de los hechos previstos en los
apartados 1 y 2, resultan lesiones graves o la muerte de alguna
persona, la sanción es de privación de libertad de cinco a doce
años. |
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