Punto en el que se está dejando de ser niño, puerta hacia la
adolescencia, el muchacho está entonces más listo para continuar
estudios superiores y otras etapas de su vida que para los tiernos
"oficios" de esta sui géneris agrupación.
Basándose en leyes de la vida, de la docencia y del mejoramiento
humano, Carlos Alberto Cremata, ha concebido así esa suerte de
reglamento que conocen los niños y sus padres. Pero, ¿comprenderemos
todos la magnitud de ese adiós?
Esta nada común despedida, más que un "acto de jubilación" muy bien
organizado por la dirección de La Colmenita al cumplir sus integrantes
esa edad, es una suerte de "graduación espiritual".
Es una tarde de sábado cuando visitamos la sede de esta
institución, en 13 y G, donde, al celebrarse dos ceremonias en una, se
confunden las calidades de ambas, pues transcurren en una misma
fiesta: la despedida de ocho niños y la celebración de los quince años
de una de las "jubiladas", Susú Salim Zaldívar.
Ejemplos las dos actividades de cómo trabajar las celebraciones
para niños desplegando imaginación y arte, más que frivolidades y
derroches, allí también nos enteramos de cómo valora Cremata a cada
uno de sus egresados.
Se trata de una especie de "evaluación final" firmada por el "Tío
Tin" mediante semblanzas poetizadas con infinito amor y leídas en alta
voz por él, inscriptas en un afiche con marco de bambú (obra de uno de
los padres) y entregadas como trofeos a estos niños, quienes
ingresarán, a partir de aquí en diversas enseñanzas, no necesariamente
relacionadas con lo que hacían en La Colmenita.
Cierto que algunos como Anita Vega y Reinier Díaz, escogieron la
Escuela Nacional de Arte (ENA); pero otros prefirieron rumbos
distintos, como Leslie Hernández, Claudia León, y la propia Susú, las
tres en el Preuniversitario en el Campo Comandancia de la Plata, de
Güira de Melena, o como Marcel Fernández, en una escuela deportiva.
En torno a Susú, quien se incorporó a La Colmenita desde los cinco
años de edad y permaneció en ella junto a siete de sus condiscípulos
procedentes de la escuela Carlos J. Finlay, Cremata reveló su habitual
familiaridad:
"¡Tú sabes que siempre serás la chiquitica pícara que escribe a su
tío los versos más tiernos del mundo; y la más hermosa de las Raviolis
(personaje de Cinderella); y el más adorable de mis recuerdos
hermosos!"