Martí y el amor

Fragmentos de la carta a su hermana Amelia, Nueva York, enero de 1880

¼ Empiezan las relaciones de amor en nuestra tierra por donde debieran terminar. —Una mujer de alma severa e inteligencia justa debe distinguir entre el placer íntimo y vivo que asemeja el amor sin serlo, sentido al ver a un hombre que es en apariencia digno de ser estimado, —y ese otro amor definitivo y grandioso, que como es el apegamiento inefable de un espíritu a otro, no puede nacer sino de la seguridad de que el espíritu al que el nuestro se une tiene derecho por su fidelidad, por su hermosura, por su delicadeza, a esta consagración tierna y valerosa que ha de durar toda la vida. – Ve que soy un excelente médico de almas, y te juro por la cabecita de mi hijo, que eso que te digo es un código de ventura, y quien se olvide de mi código no será venturoso. He visto mucho en lo hondo de los demás, y mucho en lo hondo de mí mismo. Aprovecha mis lecciones.

No creas mi hermosa Amelia, en los cariños que se pintan en las novelas vulgares, y apenas hay novela que no lo sea, por escritores que escriben novelas porque no son capaces de escribir cosas más altas —copian realmente la vida, ni son ley de ella. Una mujer joven que ve escrito que el amor de todas las heroínas de sus libros, o el de sus amigas que los han leído como ella, empieza a modo de relámpago, con un poder desvastador y eléctrico —supone, cuando siente la primera dulce simpatía amorosa, que le tocó a su vez en el juego humano, y que su afecto ha de tener las mismas formas, rapidez e intensidad que esos afectillos de librejos, escritos —créemelo Amelia— por gentes incapaces de poner remedio a las tremendas amarguras de que origina su modo convencional e irreflexivo de describir pasiones que no existen, o existen de una manera diferente de aquella con que las describen. ¿Tú ves un árbol? ¿Tú ves cuánto tarda en colgar la naranja dorada, o la roja granada, de la rama gruesa? Pues ahondando en la vida se ve que todo sigue el mismo proceso. El amor como el árbol, ha de pasar de semilla a arbolillo, a flor y a fruto...

 

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