En 1876 la familia Martí-Pérez decide residir en México al ver que
su hijo no puede regresar a Cuba por su condición de deportado; pero
el clima de la capital azteca, marcado por la altura de la meseta no
favorece la salud de las hermanas del Apóstol.
Mariana Matilde, a la que todos llaman cariñosamente Ana, muere
recién llegada a la ciudad, y Antonia, con 12 años, se encuentra
gravemente enferma. Debido a la precaria economía de la familia solo
puede viajar a La Habana doña Leonor con la pequeña Antonia, y tienen
que permanecer en México don Mariano y otras dos hijas, Carmen y
Amelia.
Martí no soporta ver a su familia separada y decide como única
alternativa viajar a La Habana a recaudar 200 pesos oro para
reunificar a los suyos. A este viaje se oponen sus familiares y
amigos; incluso el padre de su novia, Francisco Zayas Bazán, quien le
ofrece el dinero necesario para embarcar al resto de la familia para
Cuba. Con dignidad y delicadeza rechaza Martí el ofrecimiento, para
evitar las deudas de gratitud con un hombre que no lo valora digno de
su hija y que se ha opuesto al compromiso de ambos, dada la situación
económica del novio.
En la madrugada del 2 de enero sale rumbo a Cuba en el vapor Ebro,
horas antes escribe a Manuel Mercado:
"Está la suerte desafiada, y pronto estará probablemente
vencida:-voy al fin a La Habana, con documentos correctamente legales,
y nombre de Julián Pérez, segundos nombres míos, con lo que me parece
que me hago a mi mismo una menor traición (... )"
Más adelante explica los objetivos de su viaje:
"(... ) Es necesario darle ropa que las cubra, y buena vida que
vivir; preparar su salida, colocar a mi padre, emprender este risueño
y favorecido viaje a Guatemala: si todo eso logro, bien venido sean
los riesgos graves de una prisión probable (... )
"(... ) Podría ser que yo cayese preso, pero no estaría
constantemente incomunicado, y el viaje de ellas, comprado con mi
libertad, ya que tanto han sufrido por mi culpa; siempre se haría (...
)"
El 6 de enero llega a Cuba, lo esperan en el muelle, su madre, su
hermana Antonia y su cuñado Manuel García, esposo de Leonor (La
Chata), en cuya casa se alojó.
A Mercado le cuenta:
"Llegué a La Habana, y corrí riesgo; pero el bien que en una parte
se siembra, es semilla que en todas partes fructifica; uno de mis
viejos y paternales amigos de España ocupa aquí una alta situación y
su afecto me ha salvado de un peligro que de otro modo hubiera sido
grave (... )"
Se refleja en esta y en otras dos cartas que envía al amigo desde
su ciudad natal, la gran dificultad que afronta para reunir el dinero
necesario para el viaje de su padre y hermanas, así como para
alquilarles una casa propia y arreglar de alguna forma el destino de
su familia.
En La Habana tenía un solo lugar al que acudir, un lugar donde fue
siempre un hijo y hermano, y en el que siempre encontró las puertas
abiertas: el hogar de la familia Domínguez. Allí, en Industria y San
Miguel, vive el noble José Mariano Domínguez Salvajauregui con sus
hijos adoptivos, Eusebio y Fermín Valdés Domínguez, médico uno y
abogado el otro.
Sabemos de su presencia entre los Domínguez, durante aquellos días
habaneros en los que les cuenta sus planes de ir a Guatemala, sus
sueños de casarse con Carmen, el dolor de ver a su familia dispersa,
pobre y enferma, la necesidad de traer sosiego a esos dignos ancianos
y a sus jóvenes hermanas; aquellos días en los que leyó el borrador de
su drama "Adúltera" a los presentes en la casona de Industria y San
Miguel.
Si a alguien podía acudir con confianza para obtener la necesaria
ayuda monetaria, era a estos amigos.
El 8 de febrero de 1877 José Mariano Domínguez, con 80 años, firma
su testamento, en él fungen como testigos Romualdo Belmontes, José
Miguel Pérez, Andrés Masón y José Martí.
Este documento, hasta donde sabemos inédito, constituye una
importante pieza para el estudio de la figura de Fermín Valdés
Domínguez, por los datos que aporta para esclarecer su origen y
desarrollo familiar. El manuscrito consta de 14 páginas y se encuentra
en el Archivo Nacional de Cuba.
Pero si importante de por sí ya era, su valor se acrecienta ante la
certidumbre de la firma de José Martí avalando como testigo, las
palabras del padre de su mejor amigo.
(Agradecimiento a Ramón Guerra Díaz, historiador de la Casa Natal
de José Martí).